Italia le dice adiós a la ultraderecha… y se realinea con Bruselas

El exprimer ministro de Italia, Matteo Salvini. Foto: Claudio Peri/ANSA vía AP El exprimer ministro de Italia, Matteo Salvini. Foto: Claudio Peri/ANSA vía AP

ROMA (apro).– Hace apenas un mes Italia tenía una coalición gubernamental integrada por una formación populista y un partido de ultraderecha que, en los 14 meses que estuvo a cargo del gobierno, estuvo en perenne bronca con las instituciones de la Unión Europea (UE).

Así, disputa tras disputa, Italia, un miembro fundador en 1993 de ese club poderoso que es la UE y tercera economía de la Eurozona, se estaba quedando cada día más aislada de sus aliados más cercanos e influyentes.

Pero luego sucedió lo que ningún analista había previsto. El 8 de agosto, el ultraderechista Matteo Salvini, líder de la Liga, anunció –en pleno verano, cuando el Parlamento estaba a punto de cerrar– la ruptura del gobierno con sus socios populistas del Movimiento 5 Estrellas (M5S), en el intento de convocar elecciones y tomar el poder en solitario.

Borracho de éxito por su triunfo en las elecciones europeas de mayo –que convirtieron a la Liga en el primer partido italiano, con 34% de los votos–, y aupado por unos sondeos inequívocamente favorables, fue entonces que Salvini, desde la ciudad costera de Pescara, llegó incluso a pedir “plenos poderes” para gobernar el país.

Sin embargo, el plan falló desde el principio.

En una jugada inesperada, el M5S y los socialdemócratas del Partido Democrático (PD), enemigos hasta ese momento, empezaron a negociar a contrarreloj para formar un gobierno alternativo y evitar que Salvini se saliera con la suya.

El 20 de agosto, el hasta entonces primer ministro del gobierno de M5S y la Liga, Giuseppe Conte –un profesor universitario, con ninguna experiencia política previa cuando había asumido el cargo el año anterior– dimitió antes de que se votara una moción de censura en su contra presentada por Salvini, con un discurso en el Parlamento en el que arremetió duramente contra el ultraderechista.

El comportamiento de Salvini revela “una carencia de sentido institucional” y una falta de “respeto por las reglas”, pues en las democracias son “necesarios los pesos y los contrapesos”, llegó a decir aquel día Conte, cercano desde siempre al M5S. Días después, el presidente italiano, Sergio Mattarella, le entregó el mandato para intentar formar una nueva mayoría parlamentaria.

Y el contrataque funcionó. Tras una negociación relámpago en pleno agosto y sin pasar por las urnas, la política italiana logró esta semana conseguir un nuevo gobierno; esta vez, integrado por el M5S y el PD, las dos fuerzas que acabaron primera y segunda en las elecciones de marzo de 2018. Conte fue nombrado nuevamente primer ministro y, el jueves 5, él y los 21 ministros de su nuevo gobierno, el número 66 desde que el país es República, tomaron posesión.

Así se concretó el extraordinario viraje político de Italia, ahora en las manos de un Ejecutivo girado hacia la centroizquierda y, sobre todo, que se presenta con un talante mayormente europeísta que el anterior. Prueba de ello está en el nombre del profesor Roberto Gualtieri, quien fue elegido por Conte (con el aval de Mattarella) como nuevo responsable del delicado ministerio de Economía.

Gualtieri, perteneciente al PD, es una figura muy conocida en Bruselas. Entre otros, fue portavoz del grupo socialista en el Parlamento europeo para las negociaciones sobre el Brexit y presidente del Comité para los Problemas Económicos y Financieros del Parlamento Europeo. Con este bagaje favorable para la relación entre Italia y Bruselas, Gualtieri deberá enfrentar el próximo gran reto del país europeo: la elaboración de la ley de Presupuestos de 2020, el principal terreno de conflicto del anterior gobierno con las autoridades europeas.

Otro es el caso de la nueva ministra de Interior. Este cargo, que anteriormente ocupaba el ultraderechista Salvini –y que éste usó para implementar sus polémicas medidas antiinmigratorias– pasó a las manos de Luciana Lamorgese, la única de todos los miembros del gabinete no adscrita a un partido y quien ha sido delegada de gobierno en Milán, lo que indica que su perfil es técnico.

Lamorgese, de 66 años, no posee además siquiera cuentas en redes sociales, a diferencia de su predecesor.

 

La misteriosa negociación

Los analistas y observadores italianos han dado muchas versiones sobre los hechos que llevaron a que “la crisis más loca del mundo”, como la bautizaron los diarios italianos, acabara con este desenlace.

Algunos lo han atribuido al creciente poder que se supo cultivar Conte quien, de mero ejecutor del programa de la Liga y el M5S, pasó, primero, a ser un mediador clave entre las exigencias de Bruselas y las pretensiones de esos dos partidos y, luego, se convirtió en una figura reconocida también fuera de las fronteras europeas.

Prueba fue lo acontecido el 27 de agosto cuando el presidente estadunidense Donald Trump, lo tildó de “muy respetado”, añadiendo que se esperaba que fuera confirmado en el cargo. De igual manera, el 30 de agosto, en un encuentro inusual, fue recibido por el papa Francisco, al que Conte encontró interrumpiendo las consultas con los partidos políticos italianos que estaba manteniendo.

“(El presidente francés, Emmanuel) Macron le pidió (a Trump), junto con los alemanes y todos los europeos, el apoyo de Estados Unidos para la formación de un nuevo gobierno en tiempos rápidos”, llegó a comentar entonces el economista y politólogo estadunidense Edward Luttwark.

Según esta versión, la razón del apoyo de Trump a Conte se fundamentó en que éste le habría prometido el apoyo de Italia al regreso de Rusia al G7 (que era G8, antes que Moscú fuera sacada de este grupo).

Otros indicaron que el Estado italiano, cual laboratorio político que es, reaccionó con sus anticuerpos ante las excesivas manifestaciones de poder de Salvini, quien tras su victoria en las elecciones europeas, incluso llegó a discutir con la cúpula de los militares italianos, la entonces ministra de Defensa, Elisabetta Trenta.

Lo cierto fue que el PD, una formación heredera del antiguo Partido Comunista Italiano (PCI) y de parte de la que fuera la influyente Democracia Cristiana (DC), puso en campo a algunos de sus más longevos representantes. Entre ellos, el democristiano Dario Franceschini, un político de profesión que ahora ocupa la cartera de Cultura del gobierno Conte II.

No hay que olvidar que el 16 de julio, el gobierno del M5S y la Liga “se dividió sobre el voto a favor de Ursula von der Leyen (como nueva presidenta de la Comisión Europea), y que ni una semana después (el 22 de julio), el socialdemócrata Franceschini dijo, en una entrevista, que el M5S era distinto de la Liga, y pidió ‘defender juntos ciertos valores’”, subrayó, en esta línea, Francesco Verderami, en las páginas de Il Corriere della Sera.

Pactar con el M5S no estaba, sin embargo, en los planes del líder del PD, Nicola Zingaretti, quien finalmente se convenció, luego de que los barones del partido le alertaran del peligro de que Salvini tomara el poder en solitario, añadió el observador. “La crisis más loca del mundo fue, en realidad, una crisis más bien pilotada”, concluyó Verderami.

El resultado de aquello no decepcionó, al menos de momento, a la UE. El programa de gobierno pactado entre los dos nuevos socios es un reflejo de ello. Carece de esa actitud provocadora y agresiva que mantenía el anterior Ejecutivo hacia Bruselas. Eso sí, se indica que Italia quiere recuperar el papel central que ha tenido en la UE.

“Con la formación de la nueva Comisión Europea (…) será un objetivo prioritario del gobierno participar en la definición de las nuevas líneas de intervención para relanzar las inversiones y aumentar los márgenes de flexibilidad para mejorar la cohesión social”, se lee en el mencionado programa político, de 29 puntos.

“Italia debe ser una protagonista en esta fase de renovación de la Unión Europea, para que se reduzcan las desigualdades y se gane el desafío de la sustentabilidad medioambiental”, añadieron. “El país (se debe encaminar) hacia una perspectiva de crecimiento y de desarrollo sin poner en riesgo las finanzas públicas”, concluyeron, al referirse a la mayor preocupación de Bruselas con el anterior Ejecutivo.

En cuanto a la migración, sobre el que las posiciones de M5S y PD han sido distantes en estos años, también se llegó a una propuesta común. “Es indispensable promover una fuerte respuesta europea, sobre todo modificando el reglamento de Dublín, al problema de la gestión de los flujos migratorios”, dijeron.

Una cuestión sobre la que, con toda probabilidad, PD y M5S encontrarán también el favor de otros países, entre ellos España y Grecia.

En contrapartida, el PD aceptó llevar adelante algunas de las medidas estrella del M5S, como la reducción del número de parlamentarios, que será discutida en “primera sesión útil del Congreso”, según lo acordado. Y también se ha aceptado realizar una nueva ley sobre el conflicto de intereses, para que también el sistema público de radiotelevisión italiano emita informaciones “independientes y plurales”.

 

Salvini

Ante el triunfo de sus opositores, Salvini puso en marcha toda su artillería retórica contra ellos. Pero, ahora, ya no logra suscitar el ruido de antes.

Además, su ambición se convirtió en un bumerán para él. En los últimos días Salvini ha recibido críticas no sólo de algunos de sus antiguos aliados, como Renato Brunetta, influyente directivo del partido centroderechista Forza Italia de Silvio Berlusconi. También fue reprendido por la vieja guardia de su propio partido, entre ellos por Roberto Maroni, quien varias veces ha sido ministro y todavía es una voz influyente dentro de la formación ultraderechista.

“Salvini se equivocó, lo admitió él mismo”, dijo Maroni. “Salvini se hizo un autogolpe y todo se volvió contra él”, recalcó Brunetta, al decirse ahora más tranquilo con el nuevo gobierno. “La prima de riesgo –el diferencial con el bono alemán– ha bajado más de 100 puntos básicos. Eso significa que había algo que no funcionaba con el precedente gobierno”, añadió.

Ya el martes sufrió un nuevo revés: nuevas revelaciones sobre el caso Rusiagate, la presunta trama de financiación rusa a la Liga. Y el jueves otro: el anuncio de que ha sido imputado ante la justicia italiana por difamación de Carola Rackete, la capitana de un barco humanitario de la ONG Sea Watch, una de las que rescatan migrantes en el mar.

Rackete denunció que Salvini la tildó de manera repetida y pública como “chulita, fuera de la ley, cómplice de traficantes, potencial asesina, criminal, delincuente, pirata”, entre otros insultos, lo que puso en peligro su seguridad y fomentó el odio en las redes sociales.

También los sondeos empezaron a pasarle factura. De acuerdo con una reciente encuesta divulgada por el diario económico italiano Il Sole 24 Ore y la consultora WinPoll, la Liga perdió 5% de los apoyos entre julio y agosto, al bajar de 38.9% a 33.7 por ciento.

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