Multiculturalidad, cultura comunitaria y cultura a secas

López Obrador, en Palacio Nacional durante su discurso del primer informe de gobierno. Foto: Miguel Dimayuga López Obrador, en Palacio Nacional durante su discurso del primer informe de gobierno. Foto: Miguel Dimayuga

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– En su mensaje del pasado 1 de septiembre en Palacio Nacional, con motivo del Primer Informe de Gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró que su concepto de cultura va más allá de las bellas artes y de los programas de la Secretaría de Cultura y sus dependencias, al hablar de los temas de fortalecimiento a la economía popular y desarrollo rural.

Dijo que “el campo es mucho más que tierras para la producción agropecuaria y forestal”, pues abarca diversos patrimonios interrelacionados, entre ellos, biodiversidad, recursos genéticos, conocimientos tradicionales, bellezas naturales, activos históricos y culturales.

“Son recursos en extremo valiosos si pensamos no sólo en lo material. En el campo aún existe una forma de vida sana, llena de valores morales y espirituales. Regresar al campo significa fortalecer una identidad cultural de la más alta calidad humana.”

No está equivocado en su concepto antropológico. Hace 12 años, cuando el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura) impulsaba la inscripción de la gastronomía mexicana como patrimonio intangible ante la UNESCO, y justo se disparó el precio de la tortilla al tiempo que se debatía sobre el maíz transgénico, surgió el movimiento “Sin maíz, no hay país” para defender la soberanía alimentaria y la defensa de la identidad cultural. En suma, todo lo que representa para la cultura mexicana el maíz.

Entrevistada por esta reportera para la revista Proceso, en febrero de 2007, la maestra en literatura moderna e investigadora independiente, especialista en cocina y gastronomía mexicana, Cristina Barros, señaló:

“Hay que recordar que la ceremonia indígena del Día de Muertos, proclamada por la UNESCO como patrimonio oral intangible de la humanidad, no es otra cosa que la celebración de la cosecha. Sin el maíz todas estas celebraciones, estas festividades, la danza, la música, las máscaras, el papel picado, las representaciones de índole teatral en las comunidades, la unión de todas estas comunidades que profundiza el tejido social y hace que tengamos una identidad que nos da la fuerza y nos da el ser como mexicanos, se rompería.”

 

Respeto a la diversidad

AMLO reconoció en su discurso a la biodiversidad, los conocimientos tradicionales, y los activos históricos y culturales, como un patrimonio. Algo que antropólogos, investigadores y comunidades, defensores de esos patrimonios ante la construcción de un gasoducto en Morelos, el Tren Maya, el Transístmico y otros megaproyectos, le han demandado hace tiempo en los hechos.

De visita en México para presentar su más reciente libro Izquierdas del mundo, ¡Uníos!, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 1940), señala en entrevista que es fundamental que López Obrador “mantenga un diálogo vivo con el movimiento indígena que tiene una identidad cultural muy fuerte, que tiene una trayectoria de autonomía y debe ser respetada”. Pero igual con movimientos campesinos y otras organizaciones sociales.

En su libro, el intelectual indica que uno de los problemas de las izquierdas es su eurocentrismo: la falta de atención a las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Se le comenta que AMLO las está considerando, por lo menos discursivamente, y en materia cultural sus acciones se están enfocando en la “cultura comunitaria”.

Recientemente, incluso, fue criticado por considerar que llevar programas sociales (como las becas y las tarjetas) es dar atención a la cultura, “en mi concepción de cultura”. El poeta David Huerta (recién galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2019) calificó de limitada esa concepción, “acotada por sus prejuicios”, con lo cual expresa su desdén a la cultura “entendida en un sentido amplio… no demagógico, no ideológico”, dijo a los medios, hace unas semanas.

Se le pregunta al intelectual portugués, ganador del Premio México de Ciencia y Tecnología 2010, su opinión sobre esa noción de la cultura:

“Pienso que hay un problema el separar la cultura de la economía política y de la interculturalidad. O sea, reconocer la interculturalidad es reconocer que una cultura exige también respeto por otro tipo de economía, no es simplemente la cultura y no son los bienes”.

Abunda que no hay sólo una economía indígena sino toda una manera de vivir indígena. Pone como ejemplo a la comunidad michoacana de Cherán, que tiene su propia forma de gobierno elegida por usos y costumbres. Y explica entonces que no basta pretender “resolver” los problemas de “pobreza”:

“Hay la confusión de que los indígenas son pobres y claro que hay pobreza, pero no acepto ese concepto de pobreza, no hay pobres, hay gente empobrecida porque hay gente enriquecida… En los pueblos indígenas no hay pobres individualmente, cuando hay una sequía o algún problema, si una familia no tiene qué comer, la gente le da.

“La comunidad puede estar pobre, pero individualmente no hay pobres, porque la comunidad ayuda. Es otra cultura. Entonces no es simplemente resolver la pobreza; se resuelve protegiendo, defendiendo y celebrando la interculturalidad, las culturas distintas, que tienen otra cultura política y para las cuáles un megaproyecto es una invasión en sus territorios, que va a destruir su manera de vivir. Lo están sufriendo desde hace más de 500 años”.

Añade que la interculturalidad “convoca a otra forma de vivir la vida, la madre tierra”. Y considera que AMLO sabe muy bien que la gran riqueza de un estado como Guerrero, donde se explota la minería para extraer oro, no beneficia a las comunidades:

“¿Cuánto se queda de la riqueza que sale de las minas? 3%, es el cálculo que los científicos mexicanos han dado, el resto se va. Entonces no se pueden destruir comunidades de esa manera”.

 

Brevísimo informe

En su discurso del 1 de septiembre, López Obrador ya no sólo se refirió a la “ayuda a las comunidades”. Mencionó brevemente como parte de sus acciones culturales, la apertura de 100 universidades públicas; la edición de 23 libros de bajo costo por el Fondo de Cultura Económica; el rescate de la memoria histórica (aunque no mencionó a la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México, que preside de manera honoraria su esposa Beatriz Gutiérrez Müller); y la repartición de la Cartilla Moral.

En el Primer Informe de Gobierno insiste en que “por primera vez” se ha dado prioridad a los grupos “históricamente excluidos” y menciona la creación del Programa Cultura Comunitaria (aunque hay que recordar que no es una novedad, ya fue aplicado por la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, cuando estuvo al frente de la Dirección de Culturas Populares, del Conaculta); y habló de la apertura del ahora Complejo Cultural Los Pinos.

A la Secretaría de Cultura sólo se menciona en un par de ocasiones en el documento. La primera, como responsable de dicho complejo en Los Pinos y la segunda, al referirse a la situación patrimonial de los funcionarios. No más.

Habrá que esperar a que en la glosa del informe se presente nuevamente ante los diputados su titular Frausto para conocer lo que ha desarrollado de diciembre de 2018 a agosto de 2019.

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