El “Hamlet” de la Compañía Nacional de Teatro

Primera parte. Foto: Sergio Carreón Ireta Primera parte. Foto: Sergio Carreón Ireta

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Hamlet es un personaje contemporáneo por excelencia, que desde el Renacimiento nos habla en presente. Un ser que constantemente se pregunta, que reflexiona sobre sí mismo y modela su comportamiento a partir de la locura; la locura como una manera de ser libre, de ser sin las ataduras que el buen comportamiento exige; una libertad que finalmente es vencida por el destino trágico que impone el autor.

En el Hamlet de Shakespeare la locura es utilizada por la conciencia de este personaje para armar un plan y cobrar venganza por el asesinato de su padre. Si nos remontamos al Ahmet escrito en 1200 por el historiador danés Saxo Grammaticus y traducido en 1500 por Belleforest, en el cual se basó Shakespeare, el objetivo de fingir locura es una estrategia para salvarse de una venganza familiar, ya que si estaba loco la venganza no podía cumplirse.

La locura fingida y la inteligencia, así como el sarcasmo y la profundidad de los cuestionamientos que caracterizan a este personaje, es abordado por Julieta Egurrola con gran presencia escénica. En la puesta en escena dirigida por José Caballero, se rompen las convenciones de edad y de género para investigar los niveles de complejidad que este personaje puede alcanzar y nos permite, con fortuna, ser testigos de un personaje que vive solo su dolor, entremezclado con furia, ambición y reflexión existencial, y el cual se enfrenta a todo un reino que representa el poder y los intereses creados.

La puesta en escena de la Compañía Nacional de Teatro presenta la primera parte de Hamlet, con el objetivo de que pueda verse completa aunque sea en dos partes, ya que dada su extensión la obra casi nunca se ha representado en su totalidad. La primera parte de este Hamlet coproducido por la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, de casi tres horas de duración, deja para después los desenlaces trágicos: la muerte de Polonio y Ofelia, y la matazón final. Siendo así, la primera parte queda un tanto desprotegida en cuanto al amarre de los conflictos que el autor había hilvanado hábilmente a lo largo de la obra. Aún así, es decisiva la representación final hecha por los cómicos en las que se evidencia el crimen cometido por su madre y su tío para usurpar el trono. Sorprende cómo el autor expone los principios básicos del arte de la actuación a través de estos cómicos y demuestra cómo el teatro puede ser un detonante poderosísimo para sacar a la luz la verdad.

La puesta en escena de Caballero juega con el eclecticismo en donde no hay una convención clara en cuanto al género o la edad de los personajes, y mezcla vestuario y música contemporánea y de época. Julieta Egurrola hace mancuerna con Zaide Silvia Gutiérrez, que interpreta a su amigo Horacio y se convierte en el testigo de la tragedia que vive Hamlet, permaneciendo gran parte de la obra en un extremo del proscenio. Con 20 actores en escena, maravilla la creación de imágenes en la escenografía e iluminación diseñada por Philippe Amand: es un espacio vacío con módulos que se mueven, iluminado tanto con colores fríos como cálidos, que nos da una sensación de abstracción e irrealidad, inspirados en el artista visual James Turrel (del cual vimos hace años su exposición La persistencia de la geometría en el MUAC). Una escultura móvil, entre el humo y los módulos dinámicos que se vacía o se completa con los personajes que bailan y se mueven con la coreografía de Ruby Tagle y la música de Alberto Rosas.

Hamlet, gran espectáculo que se presenta en el Julio Castillo hasta el 22 de septiembre. A principios del próximo año se podrá presenciar el desenlace de esta tragedia llena de inteligencia e ironía.

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