“Atrapados”: catástrofe submarina

“Atrapados”: catástrofe submarina. Foto: Twitter @gussicinema “Atrapados”: catástrofe submarina. Foto: Twitter @gussicinema

MONTERREY, N.L. (apro).- La historia ya conocida indica que en agosto de 2000 el submarino ruso Kursk, con capacidad nuclear, explotó en altamar y se hundió mientras hacía ejercicios de guerra. Murieron sus 118 tripulantes. Sin embargo, se sospecha que una veintena sobrevivió a lo largo de una semana, antes de sucumbir a la falta de oxígeno.

Atrapados: una historia verdadera (Kursk, 2019) condensa las horas terribles de angustia que pasaron los marinos encapsulados en un compartimento de la nave, en espera de ser rescatados. La misión para recuperarlos con vida fracasó, principalmente, por motivos políticos y por negligencia burocrática de los más altos funcionarios de Rusia.

Apadrinado por Luc Besson como productor, el director Thomas Vinterberg hace su propia lectura de la catástrofe en las frías aguas del mar de Barents, con una muy bien informada descripción de los procedimientos, usos y costumbres de los ocupantes de una nave con capacidad nuclear, que se prepara a hacer ensayos balísticos. La precisión del relato y su excelente documentación crean un universo que gana en verosimilitud y credibilidad.

Las descripciones del guión de Robert Rodat, que muestra la estremecedora indefensión de los damnificados, hacen suponer que así ocurrió la tragedia monumental.

Es asfixiante el ambiente en el que viven los hombres que viajan en los estrechos aparatos bélicos que patrullan, sin ventanas, las aguas del mundo. La tecnología con la que son desarrollados los letales armatostes, es la más avanzada del mundo. Rusia es líder en esa industria. Por eso, luego del accidente, el gobierno se niega a recibir ayuda del extranjero.

La vida de los hombres atrapados en el Kursk depende de la rapidez con la que sean rescatados. Allá abajo, entre todos, hacen esfuerzos denodados por superar la desesperación, el cansancio y el frío terrible que se vive sin calefacción. Mientras, en la superficie, sus tontos superiores deliberan y se niegan a aceptar ayuda del extranjero. No pueden someter a semejante humillación al pueblo ruso. No pueden dejar que los aliados del Atlántico Norte intervengan para solucionar lo que el poderoso oso soviético no puede hacer.

El sueco Max von Sydow, a sus 90 años de edad, vuelve a dar cátedra frente a la cámara. Interpreta, con tremenda elocuencia, al insensible y soberbio almirante Petrenko, de quien depende la decisión de permitir que la ayuda extranjera llegue. Es tan odioso, en su papel, que al final termina generando desprecio y repulsión.

Bajo el agua, los marinos luchan por sus vidas, y en tierra firma sus mujeres y demás familiares agonizan en la desesperación de observar la lentitud con la que se mueven las autoridades y la forma tan cínica con la que pretenden engañarlos y convencerlos de que los muchachos pronto serán regresados sus hogares.

“Atrapados” deja una dura lección sobre los nefastos resultados de la combinación de la política en los esfuerzos humanitarios. Los valerosos marinos hicieron su mayor esfuerzo, pero los tontos funcionarios bloquearon la generosidad de los países de occidente, que tenía una tecnología mejor y más efectiva y que pudo haber dado más esperanza a los sobrevivientes.

Los sobrevivientes pudieron haber sido rescatados, aunque, como se ve, la fatalidad y un poco de mala suerte los persiguieron hasta el final.

Comentarios

Load More