“Las voces de Dios”, de Ivette Estrada

La portada de la publicación de Ivette Estrada. Foto: Cortesía La portada de la publicación de Ivette Estrada. Foto: Cortesía

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El próximo jueves 3 de octubre en la Librería Porrúa Chapultepec, la escritora y periodista Ivette Estrada presentará su nuevo volumen Las voces de Dios: Sin intermediarios, códigos ni rituales, a las 17:00 horas.

La contraportada de esta edición (comercializada a través de amazon.com.mx como otras publicaciones de la autora), apunta:

Las voces de Dios es una historia que permite descubrir el profundo sentido de la vida, develar nuestro potencial divino y acceder a la realidad

sutil de la intuición y de los seres amados que ya trascendieron. Es un relato que logra decodificar los mensajes de todos los mundos, una historia para darle el significado preciso a los milagros y catapultar los aciertos y aprendizajes de nuestras vidas pasadas.

“Más que una narrativa surrealista, Las voces de Dios es un libro de magia: una llave para acceder al cuerpo de las emociones, recordar nuestra misión sagrada y obtener la sabiduría que enriquecerá nuestras horas tanto en la Tierra como en el Cielo.”

Ivette Estrada ha escrito, asimismo: Remembranza de lunas, Siete senderos, El heredero de la Luz: Despierta tu linaje divino; Lo que guarda el corazón, Bendiciones de la luna, y Legado dracónico: Autoengaño, autocompasión, autosabotaje (Vergara, Ediciones B).

A continuación, un fragmento de Las voces de Dios. Sin intermediarios, código ni rituales (que consta de los capítulos: Prólogo. Desde la dimensión obscura. Misivas al Mago. Fragmentos de vida. En el vientre de la luna. Soledad. Mi testamento. Canción de otoño. Dentelladas de la tierra. Sueños que se vuelven piel. Vestigios. El color del cielo. La morada de luz, y Lo que guarda el corazón).

Un libro de magia

Me llamo Milagros. Mis padres aseguraban que fue una premonición. Según ellos, en mi vida siempre habría sucesos inusitados y felices. Creo que se debió más al deseo de que así fuera que a una adivinanza del porvenir. De cualquier manera, desafiaron la tradición familiar y me impusieron un nombre diferente al de mis abuelas.

Nací en México, el centro de la luna, hace más de medio siglo. En mi país eso significa ser viejo. Es decir, formar parte de un grupo cada vez más grande que paradójicamente cuenta menos. Así, las oportunidades laborales se extinguen, la voz en la sociedad e incluso en la familia se vuelve cada vez más exigua y también esta cofradía de pseudo ancianos se enfrenta, invariablemente, a la soledad y al silencio. En cierta manera, tener más de 50 años implica volverse invisible paulatinamente, mimetizarse en la nada. Esto se recrudece si enfermas: te vuelves parte de lo que no debe existir. No en una sociedad superficial y anodina donde imperan estereotipos e infinidad de prejuicios.

Ante esto, los demás esperan que te resignes y aceptes ser nulo, pero también puedes enloquecer o ir al inframundo. Yo opté por ambas cosas: Comencé a dialogar con mis muertos y los objetos inanimados, inventé seres fantásticos para que me acompañaran y, por si fuera poco, me enamoré de un Mago al que no vi nunca. También fui y vine dos veces del infierno.

Esta es mi historia, un racimo de noches y días que me llevó a redescubrirme, encontrar lecciones de vida y desmitificar la enfermedad, los demonios y lo viejo. De este periplo de dolor, locura y amor, quedaron breves mensajes al Mago, escritos a la luz de una vela escuálida y las lunas de octubre. Es un conjuro para exorcizar pesadillas, soñar ángeles de enormes alas negras y poder, para finalmente, mirarme al espejo sin recriminaciones ni críticas. De todo lo vivido emerge entonces una convicción: En otoño también se debe vivir.

***

No se va el amor con los años ni la pasión se transforma en leño, ni la carne duerme. No se apagan los sentidos, ni las expectativas de truncan, ni el hedonismo desaparece. No hay un antes ni un después, ni niebla, ni obscuridad…tampoco olvido.

Con el tiempo se paladea más despacio la fruta, se intensifican colores, se perciben más luces y sombras y cada toque de las manos se llena de sentido. No hay besos apresurados ni palabras superficiales. Cambia la cadencia y los significados del “te quiero” que se vuelve pan y no instantáneo cumplido.

El amor con los años no se limita al goce sensorial, sino que se extiende y guarnece en el cuerpo de las estaciones. Deja de ser momento para convertirse en un siempre. El amor nunca desaparece.

Por ello llevo en la piel amaneceres, promesas que incipientemente germinan, sombra de otras manos que se hacen mías, misión que se decanta con el paso de los días. Llevo en la piel agua nueva y la fragancia de los caminos recorridos, la brisa del tiempo, el fuego incipiente y la pasión que se gesta en el barro de la vida.

De los rescoldos de la lumbre antigua aún hay palabras que vivifican y vibran, aún existe pasión que no se marchita, canto no apagado. En la fragilidad de la carne, en la vulnerabilidad de los huesos y el vientre desamparado del ocaso, existe una chispa que no se eclipsa, amanecer ambarino que engendra ideas, vida que se tambalea entre las cenizas. El fulgor tiene también sombras, pero prosigue. Es vaivén que no cesa. Poema que no muere.

Dicen que la vida inicia a los cincuenta años. Lo creo. Las compuertas de la percepción se abren de par en par mientras más pasa el tiempo. El corazón o subconsciente se vacía de rencillas y comienza a llenarse de personas hermosas y momentos significativos. Los brazos se cansan de luchas inútiles y comienzan, ahora sí, a abrazar la vida.  Los pies dejan de trepar egos para volver a la mansedumbre de caminos sencillos que conducen a un puñado de flores o a la majestuosidad de la luz. Comienzas a vivir al fin. Eso te dejan los años…también la imaginación escapa de tiempos y escenas acotadas o convencionales. Se vuelve realidad.

Entonces es posible que se desprenda la noche y se intensifiquen los sonidos de la vida. Surgen así las portentosas voces de la luz mientras caminan reminiscencias al encuentro de soles nuevos. En imaginarios espejos de agua emerge la textura irrenunciable de tus manos en el corazón de la piel. Resucito en la mente un reencuentro…aún antes de una primera cita.

(© Ivette Estrada, [2019] ASIN B07WD63T54 Todos los derechos reservados. 03-2019-080212061600-01)

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