“Visita a la Biblioteca de México”

La Biblioteca de México se inauguró el 27 de noviembre de 1946. Foto: David Deolarte La Biblioteca de México se inauguró el 27 de noviembre de 1946. Foto: David Deolarte

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Siempre va ser significativo visitar la Biblioteca de México, ubicada en la histórica Plaza de la Ciudadela (donde comenzó la llamada Decena Trágica) de esta ciudad. Conocerá los servicios que ofrece, disfrutará de las instalaciones y de las cinco Bibliotecas Personales que resguardan colecciones sorprendentes.

Inaugurada el 27 de noviembre de 1946, fue dirigida hasta su muerte por José Vasconcelos en 1959. Después, bajo la dirección de María Teresa Chávez Campomanes, pionera de la biblioteconomía, se instauró el servicio de estantería abierta que sigue funcionando hasta la fecha. Hubo un periodo de cierre debido a la restructuración arquitectónica de ampliación realizada por Abraham Zabludovsky. Se reinauguró en 1988 paya ser dirigida por el escritor Jaime García Tererés, quien estuvo a cargo hasta 1996. Desde esa fecha tomó el mando el poeta Eduardo Lizalde, quien a los 90 años se desempeña en el Centro Cultural y de Lectura, donde se han introducido las nuevas tecnologías y la organización documental. A partir de marzo de 2019 la dirección está a cargo de escritor e investigador José Mariano Leyva Pérez Gay.

En este siglo se incorporaron las Bibliotecas Personales de los autores José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero, el propio García Terrés y Carlos Monsiváis.

La sala general cuenta con 155 mil volúmenes, clasificados por el sistema Dewey, que abarca obras generales: Filosofía y psicología. Religión y teología. Ciencias sociales y ciencias políticas. Lenguaje y Lingüística. Ciencias puras (matemática, biología, etc.)- Ciencias aplicadas: medicina, tecnología. Bellas Artes, juegos, deportes. Literatura, Geografía e Historia.

También se encuentra la Sala Infantil, equipada excelentemente. Además, la Sala para Personas con Discapacidad Visual con instalaciones de vanguardia.

Las cinco Bibliotecas Personales fueron construidas por diversos arquitectos y cuenta cada una con obra artística.

La Biblioteca José Luis Martínez está integrada por más de 94 mil 867 materiales bibliográficos y hemerográficos, sobre Literatura mexicana y universal, historia, arte y obras de consulta. La proyectó el arquitecto Alejandro Sánchez. La obra corresponde a la artista Betsabé Romero, titulada A vuelo de tinta.

La Biblioteca Antonio Castro Real, diseñada por el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta con intervención artística de Alejandro Zermeño (Los tres métodos de la creación), cuenta con 50 mil 000 materiales, colecciones sobre historia del arte, historia de la música, e historia de México de los siglos XIX y XX, además de obras en latín. Destaca poesía mexicana, literatura española, más de 8 mil volúmenes escritos en francés, y una colección espléndida de lengua inglesa.

La Biblioteca Jaime García Terrés la integran 20 mil 735 materiales y cuenta con una de las más importantes colecciones de poesía, tiene una sección que corresponde a literatura alemana, española, inglesa, italiana, mexicana, portuguesa… así como diccionarios y revistas literarias. Fue construida por José Castillo Oléa y Saidee Springall, y la intervención artística de Perla Krause se llama Tiempo sostenido.

La Biblioteca de Alí Chumacero fue construida por Jorge Calvillo y la obra es del ceramista Gustavo Pérez, Mural de cerámica integrado con anclajes al muro. Tiene 46 mil 54 materiales, entre libros, folletos y publicaciones, también volúmenes de literatura, historia, antropología, ciencias sociales y algunos facsímiles de códices…

Finalmente, la Biblioteca Carlos Monsiváis se debe a Javier Sánchez Corral y el piso fue realizado por Francisco Toledo, Piso de mármol; la componen 49 mil 842 materiales. Aquí se encuentra literatura (cuento, novela, teatro, poesía) así como un importante acervo de cine, fotografía artística y ciencias sociales, y una amplia colección de revistas de historietas.

Las cinco retratan a sus propietarios, y han sido equipadas de tal manera que los usuarios puedan consultarlas in situ, con servicio de internet para realizar trabajos de investigación.

La visita a la Biblioteca Nacional confirma las palabras de Jorge Luis Borges: “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

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