No se actualizó información sobre condición de niños tras sismos de 2017: Unicef

Jojutla. Niños recolectan fierro entre los escombros de las casas demolidas. Foto: Margarito Pérez Jojutla. Niños recolectan fierro entre los escombros de las casas demolidas. Foto: Margarito Pérez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), Christian Skoog, criticó que a dos años de los sismos que afectaron a la Ciudad de México, Chiapas, Morelos, Oaxaca y Puebla, no se conoce en qué condiciones viven los niños y adolescentes afectados por los movimientos telúricos del 17 y 19 de septiembre de 2017.

Aunque reconoció que el gobierno y la sociedad civil han hecho esfuerzos importantes por apoyar y reconstruir, “no hay información armonizada ni datos actualizados que muestren el estado de la infancia y adolescencia luego de los desastres naturales”.

Añadió que sin datos no es posible crear una ruta estratégica de acción y existe la posibilidad que niñas y niños queden invisibilizados o en negligencia.

“Posterior al registro inicial de al menos 32 decesos de menores de 18 años y del daño a viviendas, escuelas, hospitales y centros de salud, no ha habido una actualización de la información oficial sobre problemas de salud asociados u otros fallecimientos, daños psicoemocionales, número de desplazados y sin techo o número de niños que quedaron fuera de la escuela por los sismos”, agregó.

Carecer de datos adecuados para determinar el estado de la infancia, en términos de bienestar, salud, educación y nutrición luego de un desastre natural, obstaculiza la generación de condiciones de vida que cumplan con sus derechos, agregó.

Puso como ejemplo el desconocimiento del estado de las escuelas, lo cual dificulta el proceso de reparación de las mismas, en caso necesario, y vulnera, por ende, el derecho a la educación.

“Esto significa que puede que haya niñas y niños que o no tienen una escuela segura o simplemente no asisten a ella, lo cual reduce el aprendizaje y desarrollo de habilidades socioemocionales, que a su vez se traduce en menos oportunidades a futuro”, añadió.

Los desastres y situaciones de emergencia afectan desproporcionadamente a la niñez y adolescencia porque pueden obligar a las familias a tomar decisiones como retirarlos de la escuela, reducir gastos vinculados a salud y alimentación o involucrarlos en trabajo infantil, entre otras, consideró.

“Es importante garantizar la protección de la infancia y adolescencia desde múltiples dimensiones, tanto en la preparación ante posibles emergencias humanitarias como en respuesta a las mismas. Por ello, Unicef recomienda poner en marcha programas de protección social que reconozcan la vulnerabilidad de la infancia y adolescencia ante desastres y garantizar su bienestar y el de sus familias”, insistió Skoog.

“Un país comprometido con los derechos de la infancia, y los derechos humanos en general, no puede esperar a que ocurra un desastre natural u otro tipo de emergencia para preparar su respuesta”, dijo.

Por ello, Unicef hizo un llamado para continuar los esfuerzos de fortalecimiento del Programa para el Bienestar de las Personas en Emergencia Social o Natural, para que esté listo a operar en caso necesario y ofrecer un apoyo adecuado a cualquier familia afectada.

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