Dientes Chimuelos Desdentados

Sin título. Francisco Toledo, 2016 Sin título. Francisco Toledo, 2016

Cumplí 79 años y, como se entenderá, algunos de mis mejores dientes ya desertaron, por ese motivo reuní estos textos.

Speculum oris

Algunas veces era necesario forzar a los esclavos a comer, para impedir que se mataran de hambre. Barbot, que decía que era “de natural compasivo”, habíase visto, sin embargo, “en la necesidad de ordenar que rompieran los dientes de esos desgraciados porque no querían abrir la boca”. Wilberforce dio el ejemplo de un capitán que ordenó a su segundo que con una mano ofreciera un pedazo de batata a un esclavo y “un pedazo de fuego” con la otra. A bordo llevaban para estos recalcitrantes unas tijeras especiales o speculum oris, cuyas hojas se introducían a la fuerza entre los dientes de los rebeldes y luego se daba vuelta a un tornillo que las separaba y así abrían las mandíbulas.
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Del libro La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1870, de Hugh Thomas.

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Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra

-¡Sin ventura yo! -dijo don Quijote, oyendo las tristes nuevas que su escudero le daba-, que más quisiera que me hubieran derribado un brazo, como no fuera el de la espada. Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante; mas a todo esto estamos sujetos los que profesamos la estrecha orden de la caballería. Sube, amigo, y guía, que yo te seguiré al paso que quisieres.
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Del libro Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

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Vi brillar unos dientes arrojados

Al cumplir diez años me llevaron por primera vez a la ópera. Se presentaba El trovador, y me llamó la atención cuánto sufrían estas personas y que nunca tuviesen el ánimo equilibrado y rara vez estuviesen alegres. Pronto me adapté al estilo patético. La alborotada Leonor comenzaba a gustarme, y cuando con grandes aspavientos se llevó las manos a la boca, creí ver en ello un desesperado lance hacia la dentadura, y hasta vi brillar algunos dientes arrojados. En la Biblia, las gentes se desgarraban las ropas; ¿por qué no habría de ser hermoso y expresivo el arrancarse los dientes en la desesperación?.
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Del libro Diarios de Paul Klee.

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El molino encantado

Cura del dolor de dientes o muelas.
Para el dolor de dientes o muelas usan de ordinario del copal solo, precediendo como precursor el piziete o tenexcu que en estos casos es lo mismo, y entra el conjuro dirigido primero al dicho piciete:
Ven en mi favor, piciete nueve veces golpeado, nueve veces estregado; y tu pardo dolor de muelas, que haces.
Ven acá, la de mi sexo, la blanca mujer (siendo mujer la que habla con el copal), éntrate en seguimiento del verde dolor, mira no caigas en afrenta, no hagas cosa que no sea a propósito, lo que has de hacer es sacar y quitar al verde dolor que ya quiere destruir a mi encomendado cuatro cañuelas (aquí con las encías hablando), hiere, saca sangre y prosigue con los dedos.
Acudid vosotros también, los de cinco Hados; que hemos de quitar el verde dolor, porque razón echa ya a perder mi molino encantado (los dientes o muelas, porque con ellos se muele la comida) en su ministerio, o porque hace blandear la pared hecha para la guerra o defensa.

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Tla xihualauh yetzintli, chicnauhtlatetzotzonali, chicnauhtlamatelolli; tla xihualhuia, yayauhque tlacualoliztli. Tla xihualauh nocihuapo iztaccilluatl: tla xitocaticalaqui xoxoqui coacihuiztli. Ma timopinauhtiti, ma zan tlen ticchiuh: ticquixtiz in xoxoqui coacihuiztli in ye quixpoloznequi in nomaechual.
Tla xillualhuian macuiltonolleque: ticquixtizque in xoxoqui coacihuiztli; tlen ye quixpoloa in nonahualmetl ynetlayecolayan (vel) nontalyecoltzayan, hual yaotepanmitl quihuehueloa.

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Con esto queman la muela y el diente que duele con una gota ardiendo del dicho copal, que de suyo con la actividad del fuego basta para amortiguar el dolor, y ellos lo atribuyen a las palabras.
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Del libro Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que hoy viven entre los indios naturales de esta Nueva España, de Hernando Ruiz de Alarcón.

El dentista come con fuerza, Francisco Toledo, 2013
El dentista come con fuerza, Francisco Toledo, 2013

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Diente mío de mi alma

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!

Yo sé de una buena vieja
Que fue un tiempo rubia y zarca,
Y que al presente le cuesta
Harto caro el ver su cara,
Porque su bruñida frente
Y sus mejillas se hallan
Más que roquete de obispo
Encogidas y arrugadas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!

Yo sé de otra buena vieja,
que un diente que le quedaba
se lo dejó este otro día
sepultado en unas natas,
y con lágrimas le dice:
“Diente mío de mi alma,
yo sé cuando fuistes perla,
aunque ahora no sois nada.”

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
que se nos va la Pascua!

Por eso, mozuelas locas,
antes que la edad avara
el rubio cabello de oro
convierta en luciente plata,
quered cuando sois queridas,
amad cuando sois amadas,
mirad, bobas, que detrás
se pinta la ocasión calva.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
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Extracto del poema “¡Que se nos va la Pascua, mozas, Que se nos va la Pascua!”, del libro Obra Poética, de Luis de Góngora.

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Cuídalos con esmero
Tus dientes

Tus dientes son el pulcro y nimio litoral
por donde acompasadas navegan las sonrisas,
graduándose en los tumbos de un parco festival.

Sonríes gradualmente, como sonríe el agua
del mar, en la rizada fila de la marea,
y totalmente, como la tentativa de un
Fiat Lux para la noche del mortal que te vea.
Tus dientes son así la más cara presea.

Cuídalos con esmero, porque en ese cuidado
hay una trascendencia igual a la de un Papa
que retoca su encíclica y pule su cayado.

Cuida tus dientes, cónclave de granizos, cortejo
de espumas, sempiterna bonanza de una mina,
senado de cumplidas minucias astronómicas,
y maná con que sacia su hambre y su retina
la docena de Tribus que en tu voz se fascina.

Tus dientes lograrían, en una rebelión,
servir de proyectiles zodiacales al déspota
y hacer de los discordes gritos, un orfeón;
del motín y la ira, inofensivos juegos,
y de los sublevados, una turba de ciegos.
Bajo las sigilosas arcadas de tu encía,
como en un acueducto infinitesimal,
pudiera dignamente el más digno mortal
apacentar sus crespas ansias… hasta que truene
la trompeta del Ángel en el Juicio Final.

Porque la tierra traga todo pulcro amuleto
y tus dientes de ídolo han de quedarse mondos
en la mueca erizada del hostil esqueleto,
yo los recojo aquí, por su dibujo neto
y su numen patricio, para el pasmo y la gloria
de la humanidad giratoria.
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Del libro Poesías completas y el minutero,
de Ramón López Velarde.

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Ahí sembró sus bigotes

El ndeaj era hijo de una virgen vieja, no tenía padre. Cuando nació a veces aparecía solamente como una bola de carne, a ratos desaparece. De ahí, la mujer pensó que no era gente su hijo. No es un niño como los demás; se ve luego luego que es muy inteligente, que no tiene miedo; nadie lo quería, porque era el niño más feo y más triste. Todos se burlaban de él, andaba andrajoso, sucio, casi desnudo. La gente möl mandó llamar a un niño, todos tuvieron miedo y mandaron al huérfano. Dijo que antes de irse iba a dejarles sus recuerdos; la laguna de San Mateo era el charquito donde jugaba, el montecito de piedritas se hizo el cerro de Huazontlán; dejó también la Mar Tileme, la Barra de San Francisco y el Cerro Cristo en medio del mar. Todo eso es recuerdo del huérfano. En San Francisco les dejó el Cerro de las Flores también allí lo rechazaron; de muina, se arrancó dos bigotes y los echó al mar y de allí nacieron los camarones, por eso es que los camarones son bigotones; sembró un diente y de allí salió la sal.
Mejor se fue hasta Tenochtitlán donde vivía la gente möl.
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* Del libro El fin de los Montioc, Tradición oral de los huaves de San Mateo (Alias, 2018), de Elisa Ramírez Castañeda.

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Allí los riegan como si fueran semillas

Los huaves de San Mateo del Mar, en Oaxaca, siembran los dientes que se les caen a los niños en un botecito o una macetita. Allí los riegan -como si fueran semillas-para que el diente nuevo brote bien.
Los mixtecos de Guerrero los entierran todos en el mismo lugar: los que se les caen de niños y los que se les caen cuando viejos. Tienen que estar bajo tierra porque cuando la persona muere, creen que los va a llamar, para que vaya completa de todo a todo.
Los coras los echan a un río para que al confundirse con las piedras, los que salen se hagan duros. Los tzotziles los echan a los techos de tejas, para que salgan parejitos.
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* Recopilaciones personales de Elisa Ramírez Castañeda en San Mateo del Mar y otras comunidades.

Regalo de Ndeaj. Francisco Toledo, 2019
Regalo de Ndeaj. Francisco Toledo, 2019

Esta columna se publicó el 29 de julio de 2019 en la edición 2230 de la revista Proceso.

 

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