Penal del Topo Chico: del reino zeta y millonarias extorsiones a su cierre definitivo

Topo Chico cierra sus puertas. Foto: Víctor Hugo Valdivia Topo Chico cierra sus puertas. Foto: Víctor Hugo Valdivia

MONTERREY, N.L. (apro).- El Penal del Topo Chico cerrará definitivamente sus puertas antes de que termine el mes en curso.

De su vieja estructura, sólo se conservará el edificio conocido como El Rondín, construido en forma de cruz e inaugurado en 1943. Una vez reacondicionado, se convertirá en el Archivo Histórico de la entidad. Los otros dormitorios son considerados basura arquitectónica y serán demolidos para dar espacio a un ágora para el goce ciudadano.

A la fecha, el Centro de Reinserción Social tiene una capacidad para albergar a 3 mil 800 internos, aunque poco a poco se ha ido despoblando. Ahora sólo tiene hay 2 mil 763 reos distribuidos en toda la superficie de construcciones que fueron añadidas al área central.

El Topo Chico, en el 2012. Foto: Fidel Aguilar

Un informante recuerda que Topo Chico llegó a tener hasta 6 mil 500 reclusos y que integrantes del Cártel de Los Zetas eran los que reinaban en el interior del penal.

Este reportero realizó un recorrido por los dormitorios y las áreas comunes, y constató que la prisión ya no es el infierno que lo caracterizó por muchos años. Los internos conviven ahora en aparente armonía.

Aunque nunca fue así. De acuerdo a cálculos de la Dirección de Centros Penitenciarios del Estado, los presos que hasta hace poco ejercían el control en el interior del centro de reclusión, obtenían ganancias de hasta un millón de pesos semanales a través de la extorsión.

Y es que se cobraba por todo: protección, ingreso, circulación interna y visitas conyugales.

Vivir sin cárteles. Foto: Emilio Vasquez

Los capos que controlaban el penal llegaron a tener un sofisticado sistema de administración que incluía programas de computación y archivos del interno con registro de toda la familia por si había necesidad de ejercer presión.

Pero la bonanza vino a menos con la llegada del asesor penitenciario Eduardo Guerrero Durán, quien en el mes de diciembre inició la transformación generalizada de los Centros de Readaptación Social en la entidad.

En el caso de Topo Chico el funcionario decidió cortar de tajo la corrupción y reubicó a 350 internos, los capos, que controlaban todo dentro del penal. Lo hizo a pesar de que los líderes soltaron dinero evitar su traslado y perder así los privilegios.

Pero las autoridades resistieron y desmantelaron toda la estructura informal que se había construido dentro del penal. Fueron más de 20 toneladas de desechos los que sacaron, principalmente cobertizos y mobiliario diverso que se alquilaban al mejor postor.

El cambio

El gobierno estatal tiene urgencia por presentar una nueva imagen de los penales estatales, los tres varoniles –Topo Chico, Apodaca y Cadereyta—y el femenil de Escobedo. Este último era ocupado antes por adolescentes infractores se encuentra ubicado en el municipio de Escobedo.

Topo Chico fue escenario de una de las peores masacres que se tenga memoria en la historia penitenciaria del país. Entre el 11 y el 12 de febrero de 2016 grupos antagónicos de internos riñeron por el control del penal, con un saldo de 49 reos muertos por golpes y objetos punzantes. Algunas versiones que se manejaron entonces aseguran que en realidad en esa pelea perdieron la vida 52 internos.

Familiares de reos tras masacre en Topo Chico. Foto: Emilio Vásquez

El penal de Apodaca también vivió su propio infierno: el 12 de febrero de 2012 fueron asesinados 44 internos y, en la confusión, 30 reos lograron fugarse.

El origen de la disputa fue por el control del penal entre integrantes de los cárteles de Los Zetas y del Golfo.

Y, el 10 de octubre de 2017 una riña en el Penal de Cadereyta dejó 16 muertos.

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