Pesticidas serían causantes de padecimientos de diplomáticos de EU y Canadá en La Habana

Embajada de Estados Unidos en La Habana. Foto: AP / Desmond Boylan Embajada de Estados Unidos en La Habana. Foto: AP / Desmond Boylan

MONTREAL (apro).- Un grupo de científicos canadienses plantea una nueva explicación sobre los problemas de salud que diplomáticos de Estados Unidos y Canadá –y varios de sus familiares– sufrieron en Cuba entre noviembre de 2016 y mayo de 2018. Mareos, confusión, fallas en la memoria y sordera parcial son algunas de las alteraciones que la prensa de medio mundo conjuntó bajo el mote de “Síndrome de La Habana”.

Estados Unidos evocó en un principio el uso de armas acústicas, versión negada categóricamente por el régimen cubano. Tiempo después algunos expertos se decantaron por un caso de histeria colectiva. Sin embargo, personal del Centro para el Tratamiento de Lesiones Cerebrales de la Universidad Dalhousie (en la provincia de Nueva Escocia) apunta más bien a la contaminación neurotóxica por pesticidas, como resultado de la campaña de fumigación en la isla, sobre todo en zonas urbanas, para combatir el virus del zika.

Los investigadores de la Universidad Dalhousie realizaron el estudio a solicitud del Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá. El programa Enquête, de la televisión francófona canadiense, obtuvo una copia del documento y la hizo pública el jueves 19.

En sus conclusiones los expertos subrayan que los daños entre los canadienses no son una invención. Para ellos, el proceso clínico, el tipo de lesiones y las regiones cerebrales afectadas plantean la hipótesis de una intoxicación por organofosfatos, muy presentes en productos para fumigación. Esto, según los expertos, puede estar estrechamente relacionado con “un fuerte aumento de las fumigaciones desde 2016, cuando Cuba le declaró la guerra al virus del zika”.

A su vez, el documento establece que las residencias de los funcionarios canadienses fueron fumigadas otras veces más, con el fin de blindar a su personal del mal transmitido por los mosquitos.

Armas acústicas, histeria colectiva

En julio de 2015, tras décadas de alejamiento binacional, la embajada de Estados Unidos reabrió sus puertas en La Habana. Desde finales de 2016, miembros del cuerpo diplomático y algunos de sus familiares comenzaron a presentar problemas de salud. El recuento oficial estableció que 26 estadunidenses sufrieron estos padecimientos. En septiembre de 2017 Washington decidió que su sede diplomática en suelo cubano contaría únicamente con personal esencial.

El gobierno estadunidense citó desde un principio un ataque con armas acústicas como factor de explicación. “Creo que Cuba es responsable. Es un ataque inusual, como ustedes saben, pero me parece que Cuba está detrás”, expresó Donald Trump pocas semanas después desde la Casa Blanca.

Miembros del FBI, con el aval del régimen cubano, viajaron a la isla para investigar. En todo momento Cuba ha negado que los problemas de salud tengan que ver con ataques –propios o de un tercer país– a los diplomáticos y ha tratado de encontrar una explicación con base en sus propias pesquisas. 15 canadienses –que trabajaban en la embajada de aquel país en La Habana o miembros de sus familias– experimentaron síntomas similares a los de los estadunidenses.

Ottawa envió también a personal de la Real Policía Montada a investigar. De igual forma, redujo considerablemente el número de su personal diplomático en Cuba. Los analistas en los medios canadienses se hacían la misma pregunta, denotando escepticismo: ¿por qué los cubanos atacarían a ciudadanos de Canadá, tomando en cuenta que las relaciones entre ambos países siempre han sido buenas?

En enero de 2018, un informe del FBI apuntó que no había razones para creer que los ataques acústicos explicaran los problemas físicos. Sin embargo, la administración Trump no redujo el tono desafiante. Cabe señalar que muchos de los afectados dijeron haber escuchado sonidos extraños en sus residencias. En octubre de 2017, una grabación de audio, realizada por un miembro del personal diplomático estadunidense, contenía un zumbido. La grabación fue difundida por la agencia Associated Press (AP). A principios de 2019, investigadores de la Universidad de Berkeley mostraron que se trataba del canto de una especie de grillo caribeño.

Expertos del Centro de Neurociencias de Cuba ya habían subrayado que resulta imposible efectuar ataques al cerebro de forma selectiva, con las armas supuestamente empleadas, sin dañar severamente la audición de una persona. José Ramón Cabañas, embajador cubano en Estados Unidos, aprovechó la ocasión para escribir en Twitter: “Es evidente que, para atacar a Cuba, algunas personas no necesitan ninguna evidencia. ¡Siguiente parada los ovnis!”.

En marzo de 2018, un equipo de la Universidad de Pensilvania que había examinado a 21 de las personas afectadas concluyó que estos individuos mostraban signos de conmoción cerebral, pero que no se podía conocer la causa. Las reacciones no se hicieron esperar. Varios expertos criticaron la metodología del estudio y poco a poco fue tomando forma una nueva hipótesis: que el “síndrome de La Habana” era un caso de histeria colectiva, al agrupar por la fuerza una panoplia de problemas de salud sin sólidos fundamentos y bajo un magro rigor metodológico, todo esto acompañado de diatribas políticas y exageración de los medios. Sus principales defensores son el neurólogo Robert Baloh y el sociólogo Robert Bartholomew. Sin embargo, expertos de la Universidad de Miami, donde fueron examinados algunos de los primeros diplomáticos afectados, insistieron en el hecho de que estas personas mostraban síntomas muy parecidos y objetivamente constatados.

Fumigación excesiva, según canadienses

Una nueva explicación, alejada de armas acústicas e histeria colectiva, proviene del estudio efectuado por los investigadores del Centro para el tratamiento de lesiones cerebrales de la Universidad Dalhousie. Los expertos de esta institución realizaron evaluaciones exhaustivas en los canadienses que volvieron de La Habana con problemas de salud, a través de imaginería cerebral. Conviene precisar que varias de estas personas habían sido sometidas a exámenes similares antes de viajar a la isla, por lo que en varios casos se pudo recurrir a comparaciones en el tiempo. Los resultados confirmaron que las lesiones cerebrales no eran obra de la imaginación. Además, estaban estrechamente relacionadas con casos registrados de exposición a neurotoxinas utilizadas frecuentemente en pesticidas.

“También medimos el nivel de toxinas en la sangre. Detectamos neurotoxinas en la mayoría de los casos. No deberían normalmente aparecer en sangre”, comentó el neurólogo Alon Friedman, líder del grupo de investigadores, a la cadena CTV. Los expertos se enteraron que durante los meses en que los diplomáticos comenzaron a presentar problemas de salud, Cuba puso en marcha una gran campaña de fumigación para combatir el zika. De acuerdo a Friedman, tanto el edificio de la embajada canadiense como las residencias de los diplomáticos fueron fumigados otras veces más.

“Estos factores expusieron considerablemente a estas personas a los agentes tóxicos”, destaca el documento del informe.

En su búsqueda por recopilar el mayor número de elementos posibles, los investigadores de la Universidad Dalhousie también examinaron el cerebro de un perro –mascota de uno de los diplomáticos- que presentó un comportamiento extraño en la isla. Los resultados arrojaron que el animal sufrió igualmente lesiones cerebrales. Esto debilita aún más el planteamiento de que el “síndrome de La Habana” ha sido un caso de histeria colectiva.

En las conclusiones del estudio, si bien los investigadores reportan que la evidencia clínica, de imagen y bioquímica es consistente con la hipótesis de que las lesiones cerebrales corresponden a la sobreexposición a las neurotoxinas presentes en los pesticidas, también advierten que no se pueden descartar por el momento otros factores, por lo que son necesarios mayores estudios. Prueba de ello es que trabajarán al alimón con el Centro de Neurociencias de Cuba para analizar sectores de la población habanera. No ha habido hasta el momento reacción del gobierno de Estados Unidos sobre el estudio de los canadienses. Académicos de ese país han reconocido el rigor de la investigación efectuada en Canadá, aunque invitan a la cautela. Después de todo, es necesario proseguir con las pesquisas porque quedan aún muchas interrogantes. Por ejemplo, algunos diplomáticos estadunidenses presentaron molestias tras dormir en cuartos de hotel y no en residencias oficiales.

En un comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá señaló que el estudio es una “contribución significativa”, pero aclaró que hasta el momento no ha quedado establecida una causa definitiva sobre este fenómeno. En febrero de este año, un grupo de diplomáticos afectados presentaron una demanda en una corte de Canadá. Exigen que el gobierno de aquel país les pague una indemnización de 28 millones de dólares canadienses (equivalentes a unos 21 millones de dólares estadunidenses) por los riesgos para su salud al trabajar en la isla, debido a de que no fueron repatriados con premura al presentar síntomas y por una atención médica que consideraron ineficiente al volver a Canadá. Un juez analiza aún la demanda de los diplomáticos.

 

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