Termina la era de Topo Chico, uno de los capítulos más oscuros del sistema penal

Último día del Topo Chico. Foto: Emilio Vásquez

MONTERREY, N.L. (apro).- Con el cierre definitivo del penal de Topo Chico termina uno de los capítulos más oscuros del sistema penitenciario estatal. Las autoridades estatales anunciaron su transformación en Archivo General del estado y un parque público.

Los 120 internos que aún permanecían en la prisión construida el 3 de octubre de 1943 fueron reubicados en la penitenciaría de Apodaca 1.

Tras colgar simbólicamente el candado en uno de sus pesados portones de acceso, para dar por clausurado oficialmente el recinto carcelario, el gobernador Jaime Rodríguez Calderón explicó que el próximo mes habrá visitas guiadas para que toda la población acceda y pueda ver cómo era por dentro el Centro de Readaptación Social (Cereso), donde la noche del 10 y la madrugada del 11 de febrero de 2016 se perpetró la masacre de 49 reos, considerada una de las peores tragedias en la historia penitenciaria del país.

El Bronco sella el Topo Chico. Foto: Emilio Vásquez

Los 3 mil 700 internos que había en Topo Chico hasta inicios de año fueron trasladados de manera programada a los reclusorios de Cadereyta y Apodaca I, adecuado para recibir más presos de los que puede aceptar su capacidad, mientras se termina de construir el penal Apodaca II, que estará a un lado.

Al explicar las razones del cierre del Cereso, el consejero estatal en temas penitenciarios, Eduardo Guerrero Durán, explicó que el penal ya no funcionaba, pero no porque fuera ingobernable, si no porque su infraestructura lo hacía inoperable y representaba un riesgo permanente para los guardias, las visitas y los mismos internos.

Explicó que, cuando fue inaugurado, el penal tenía capacidad para albergar a 600 internos, y la forma en que fue ensanchada su capacidad incluyó el añadido de unidades en forma de dormitorios, que por su estructura complicaban la vigilancia permanente por parte de los directivos.

Explicó que, para sanear el sistema penitenciario de la entidad, además de clausurar la cárcel de Topo Chico, Nuevo León envió a otros centros penitenciarios a 846 personas privadas de su libertad y reubicó, entre las mismas penitenciarías locales, a 4 mil 998 internos, del total de 8 mil que hay en el estado. Se trata de un movimiento masivo de reos que puede ser considerado entre los más grandes que se hayan registrado en el país.

120 internos que aún permanecían en la prisión. Foto: Emilio Vásquez

En su oportunidad, Rodríguez Calderón se comprometió a impedir que el autogobierno regrese a los penales de la entidad.

“El autogobierno no va a regresar porque tomamos la decisión: no más extorsiones a los presos, a las personas privadas de la libertad, a sus familias que han perdido patrimonio, además de la tranquilidad. Imaginar y construir es lo mejor. Yo imagino que Nuevo León recuperará su felicidad”, dijo el mandatario estatal.

La reingeniería de las cárceles en Nuevo León le ha generado a El Bronco numerosos problemas, lo que le impide transitar libremente por la ciudad, pues hay personas que están “enojadas” con él, principalmente líderes de los cárteles que le han hecho llegar amenazas.

Según Jaime Rodríguez, la inconformidad de los capos se debe a que, al retomar el control de las prisiones, los privó de obtener millonarias ganancias, como ocurría con anterioridad, cuando llegaron a ganar hasta un millón de pesos semanales en Topo Chico por extorsiones y cobros a los internos y sus familiares.

Ante aproximadamente mil invitados, entre los que había efectivos del Ejército y funcionarios de las Comisiones Nacional y Estatal de Derechos Humanos, el gobernador expresó su gratitud al presidente Andrés Manuel López Obrador, porque lo respaldó para sacar de la entidad a los reos, lo que –subrayó– le permitió despresurizar todo el sistema.

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