El exjefe Diego, el traficante de las influencias

Diego Fernández de Cevallos. Foto: Octavio Gómez. Diego Fernández de Cevallos. Foto: Octavio Gómez.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En San Juan del Río, Querétaro, Diego Fernández de Cevallos y su hermano son reconocidos no por su bonhomía sino por su afán de lucro que los ha llevado hasta cobrar a quienes se los encuentran en la calle principal y les piden una foto. También porque han hecho un negocio inmobiliario quedándose con casas intestadas y terrenos sin dueño de este pueblo mágico.

Durante años le llamaron “El Jefe” al abogado de barba y puro que por sus habilidades políticas y de mercader de las leyes amasó una enorme riqueza haciendo uso de sus influencias en las altas esferas del poder político y en los tribunales.

Con su arrogancia a cuestas, el panista lucía su fortuna a bordo de su famoso auto deportivo Jaguar con el que paseaba por las principales avenidas de la Ciudad de México, emulando a aquellos caciques de pueblo que montados en su caballo pura sangre ostentaban su dinero y poder.

Dentro del PAN fue un personaje clave para que su partido conquistara el poder. Las negociaciones que hizo con Carlos Salinas de Gortari en 1988 para que se quemaran las boletas del fraude electoral tuvieron su rédito político y económico.

Ese fue el inicio de las llamadas concertaciones electorales por las cuales los panistas Ernesto Rufo y Carlos Medina Plascencia llegaron a gobernar en Baja California y Guanajuato y también la concreción del pacto con Salinas que le generó una enorme fortuna.

Aunque lo ha negado, fue a través del expresidente Salinas como consiguió los terrenos de Punta Diamante, donde se edificaron resorts, hoteles, casas y condominios de lujo. También fue mediante esas vinculaciones con el grupo salinista como se apropió de grandes extensiones de tierra en Querétaro donde mandó a construir una carretera para ingresar a uno de sus ranchos y conquistar el amor de una mujer mucho más joven que él.

Personaje emblemático del PAN, Diego Fernández de Cevallos participó en la trampa que le pusieron a Andrés Manuel López Obrador con las grabaciones de Carlos Ahumada a René Bejarano recibiendo fajos de dinero. Junto con Salinas de Gortari y Vicente Fox contactaron al empresario argentino y le propusieron comprarle los videos que saldrían en Televisa. Dinero que entregarían Elba Esther Gordillo y Enrique Peña Nieto a Ahumada.

Pero esos negocios aviesos de Fernández de Cevallos le generaron las condiciones para el extraño secuestro del que fue víctima y del cual salió libre con una barba más crecida y la soberbia medianamente domeñada.

Hoy el exjefe Diego es el ejemplo representativo de la putrefacción de la clase política del PAN que controló el país por dos sexenios y que hizo de sus vicios privados una virtud pública, como la deuda de 900 millones de impuestos de varias de sus propiedades en San Juan del Río que hoy quiere negociar para pagar una cantidad menor.

Por cierto… Diego Fernández de Cevallos fue candidato presidencial del PAN en 1993. Entonces fue mencionado como el aspirante más fuerte ante Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas tras el primer debate televisivo. Pero extrañamente su campaña perdió fuerza, lo que generó la versión de que vendió su candidatura al gobierno. Finalmente, en las elecciones obtuvo el segundo lugar detrás de Zedillo. Esta mala fama del exjefe fue reconocida hasta por sus secuestradores que le llamaron “el traficante de influencias y de la crisis”.

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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