¿Vibrar por las consolas?

Control DualShock de la PlayStation 4 de Sony. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Es muy probable que quienes compraron recientemente una PlayStation 4 no se sientan entusiasmados con la noticia de que a finales de 2020 Sony lanzará una actualización de su popular consola, que llevará por apellido el número 5.

Aunque este tipo de primicias suelen entusiasmar a miles de fans, otros muchos saben que el simple anuncio de un nuevo modelo tiende a volver obsoleta la actual generación, lo que implica la idea prematura de irse deshaciendo de la colección de juegos que dejarán de ser compatibles.

El próximo 3 de diciembre se cumplirán 25 años de que la compañía electrónica japonesa introdujo en el mercado del videojuego la consola PlayStation, que terminó imponiendo en general los estándares dominantes respecto del uso de discos en lugar de cartuchos y de controles que funcionan mediante la combinación de botones, joysticks y gatillos, así como en la paulatina evolución de la calidad gráfica y de desempeño de juego.

Sony nos ha acostumbrado a que haya un promedio de seis a siete años entre una generación y su sucesora. PlayStation 2 fue lanzada en marzo de 2000, un año antes de la llegada de la que se convertiría en su principal competidora, la Xbox de Microsoft. La PS3 arribó en noviembre de 2006, incluyendo lector de blu-ray con miras a convertirse en un centro integral de entretenimiento, vocación que fue refrendada con la PlayStation 4 de noviembre de 2013.

Con estos antecedentes, el anuncio del pasado martes respecto de la llegada de la PlayStation 5 podría verse como el seguimiento de un rutinario ritual de reemplazo. Sin embargo, mucha agua ha corrido en el último lustro como para pensar que ésta debiera ser una actualización semejante a las anteriores.

De entrada, el mismo concepto de consola tiende a volverse obsoleto si se considera la creciente popularidad de los juegos en teléfonos inteligentes, mucho más a la mano para entretenerse en los ratos libres y, sobre todo, mucho más económicos. El más reciente reporte de la Entertainment Software Association consigna que los smartphones son usados por 60 por ciento de los jugadores, 52% usa también computadoras personales y 49% marcó entre sus opciones las consolas especializadas.

La otra tendencia no dominante aún, pero en acelerado auge, es el streaming, que favorece el modelo de suscripción en detrimento de la compra física (ya sea en forma de disco o de descarga). Para cuando la PS5 vea la luz, ya se sabrá, por ejemplo, qué tan fructíferas fueron las apuestas de Google Stadia y de Apple Arcade.

Esta última, por cierto, recién anunció la compatibilidad de sus juegos con el control de la Xbox, un motivo más para pensar dos veces si se compra una nueva consola cuando puede resultar más barato un Apple TV.

Aunque es previsible que la próxima generación de consolas esté adaptada con lectores de discos para resoluciones más sofisticadas de pantalla (4K, HDR y superiores), difícilmente alguien usará la consola para ver películas en formato físico justo cuando está a punto de recrudecerse la guerra por los servicios de televisión en streaming.

Quizá consciente de estas circunstancias, el reciente comunicado firmado por Jim Ryan, presidente de Sony Interactive Entertainment, subraya como evolución principal de la futura PS5 un nuevo control de mando con tecnología háptica (la que genera el efecto de vibración) y gatillos adaptativos, para hacer más inmersiva la experiencia de juego.

Aunque no la inventó, la sensación de que el control vibra en determinados momentos de un juego (cuando se comete foul, por ejemplo, en un simulador de futbol) fue una de las características que le dieron popularidad a la PlayStation y su control DualShock. Se volvió parte orgánica del juego y ha sobrevivido, a diferencia de otras innovaciones de popularidad efímera, como los controles del Wii o el Kinect.

Debe tratarse de una experiencia inédita como para provocar tanto entusiasmo entre sus promotores. De acuerdo con Ryan, la que llama “retroalimentación háptica” reemplazará la tecnología “rumble” que existía en los controles desde el primer PS. De esta forma, promete, chocar contra un muro en una carrera se sentirá muy diferente a hacer un bloqueo en el campo de futbol americano. “Incluso pueden sentir la variedad de texturas cuando corren a través de los campos de pasto o pasan por el barro”, asegura.

En esa misma vocación inmersiva se le da relevancia a lo que Sony llama “gatillos adaptativos”, incorporados a los botones L2/R2 y que provocarán la sensación de experimentar distintos grados de resistencia, como la que se siente cuando se tensa el arco que se utilizará para disparar una flecha o cuando se acelera un automóvil todoterreno mientras circula por un terreno lleno de rocas.

La combinación de hápticos y gatillos es el primer (quién sabe si único) anticipo trascendente de lo que deberemos esperar de la futura consola. No suena como un incentivo poderoso para desembolsar al menos otros 10 mil pesos más lo que se requiera para renovar el catálogo personal de juegos, máxime si prevalece el modelo Spotify de pagar una cuota mensual para su aprovechamiento en línea.

Si quiere imponerse a la tendencia actual, Sony requerirá algo más que buena vibra.

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