Olga Tokarczuk, la humanista

Poco leída en México, la narradora polaca Olga Tokarczuk recibió la noticia del Premio Nobel de Literatura 2018 con algarabía: “¿Qué puedo decir? Es una grata sorpresa, sé que soy una buena escritora pero jamás en mi vida pensé en llevarme este premio”. Best-seller en su país, Polonia festeja con gusto a la también poeta, activista social y psicóloga, sembrando árboles en un parque de su ciudad y regalando entradas a los pasajeros del transporte público. Es celebrada en estas páginas por sus traductores Xavier Farré, de Cataluña, y el varsoviano Tomasz Pinder.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Polonia es una gran fiesta…

Las autoridades de Breslavia donde creció y vive la escritora Olga Tokarczuk (Sulechów, enero 29 de 1962), galardonada con el Premio Nobel de Literatura 2018 el pasado jueves 10 de octubre, anunciaron que los usuarios del transporte público en dicha ciudad podrán viajar gratis esta semana, si llevan consigo alguno de sus famosos libros.

Además, la embajada de Polonia en México informó que Cracovia plantará 25 mil árboles para engalanar el Bosque de Prawiek, cuyo nombre alude al título de la novela Un lugar llamado Antaño (Prawiek i inne czasy, 1996) de la poeta, feminista, psicóloga, activista social, ensayista y narradora polaca, “evidenciando así la intrínseca relación entre el mundo organoléptico y la literatura”.

El traductor y escritor Tomasz Pindel (Varsovia, marzo 10 de 1976), quien trabajó tres lustros en el Instituto Polaco del Libro, manifestó vía correo electrónico desde la tierra de Marie Curie (1867-1995, descubridora del polonio que ganara el Nobel de Física en 1903 y el de Química en 1911):

“Polonia es una gran fiesta, aunque para la derecha nacionalista el Nobel a Olga no sea precisamente un motivo de alegría… Los lectores polacos están supercontentos, es nuestro quinto Nobel literario y no está nada mal. Considero que para la obra de Olga el premio va a ser un empuje final, pues ella ya está muy presente como best-seller; pero ahora seguro que se publicará mucho más en el mundo entero de ella y como tiene varios libros tan diversos, ¡Olga da mucho por descubrir!”

Los cuatro premios Nobel de Literatura anteriores de Polonia son: Henryk Sienkiewics, 1905; Wladyzlaw Reymont, 1924; Czeslaw Milosz, 1980, y Wislawa Szymborska, 1996. A su vez, el poeta Xavier Farré (L’Espluga de Francolí, Cataluña, 1971), traductor al catalán de Olga Tokarczuk (y de otros escritores eslovenos), respondió por escrito a Proceso:

“Creo que para el mundo o más bien para nuestra sociedad occidental puede servir su obra para replantearnos toda su construcción, los cimientos, y cuál es su papel a desempeñar; cómo podríamos buscar otras salidas a un mundo que se ha mostrado injusto y lleno de corrupción y donde hay un desprecio hacia lo diferente, hacia el otro. Un camino de buscar tal vez una armonía, seguramente imposible, pero que no sería nada baladí andar su camino. Representa cambiar nuestra manera de observar y de tener las concepciones del mundo en el que vivimos.”

De su escritura, Farré destacó “el enfoque que se plasma en cada una de sus novelas (y también recopilaciones de cuentos), mientras que los temas que aparecen son recurrentes, en especial la búsqueda imposible de una identidad o de una construcción identitaria, y aún menos uniforme (surge siempre el motivo de la alteridad) y poner en duda los constructos sociales en los que nos encontramos inmersos”.

En cada nuevo volumen suyo “ella adopta una forma diferente, sea parábola, realismo, tintes de realismo mágico, mitología. Es una construcción muy particular que hace que su mundo sea riquísimo en esa vertiente y que sorprenda al lector a cada nueva entrega, manteniendo como digo esa unidad temática que es el eje vertebrador de toda su obra”, apunta Farré.

La Academia Sueca le otorgó el Nobel por ser “un excelente ejemplo de la nueva literatura polaca después de 1989”, y por su imaginación narrativa “que con pasión enciclopédica simboliza el traspaso de las fronteras como forma de vida”. Añade Tomasz Pindel sobre la autora que comenzó con El periplo de la gente-libro (Podróz ludzi Ksiegi, 1993):

“La característica más fuerte de su obra es su continua reinvención. Tokarczuk siempre busca nuevas formas, nuevas maneras de contar. Sus libros difieren mucho; pero también tienen sus temas comunes: el punto de vista femenino, el acercamiento a la naturaleza y a los animales, la espiritualidad poco ortodoxa (desde punto de vista de una nación tradicionalmente católica), la mirada dubitativa que cuestiona los axiomas de la identidad, historia, etc.”

–¿Cómo se acercó usted a la obra de la Premio Nobel 2018?

–Ante todo, es imposible ser un lector en Polonia y no conocerla. Es una autora que se halla muy presente aquí y es bastante leída; desde los noventas a la actualidad se publican sus libros y siempre resultan un acontecimiento. Es de ese tipo de autoras que reciben elogios de los críticos literarios y al mismo tempo son leídas masivamente por el público lector.

“Por otro lado y como durante muchos años trabajé en el Instituto Polaco del Libro, una institución responsable de la promoción de autores polacos en el planeta, pude constatar que Olga siempre ha sido una autora muy traducida y de enorme presencia internacional. Tuve el honor de verla en varios países, desde México donde fuimos a la Feria del Libro de Guadalajara (2011, 2013 y 2015) hasta Taiwán, e invariablemente ella despierta un interés grandioso y genuino.”

Concluye Tomasz Pindel:

“Mi enlace con Olga, aparte de leerla y conocerla es haber estado juntos, por ejemplo, con Martin Solares, entonces en la Editorial Océano, donde su novela thriller Sobre los huesos de los muertos (Prowadz swój plug przez kosci umarlych) apareció en México hacia 2015.”

Pese a que no faltó algún medio nacional advirtiendo que el Nobel a Olga Tokarczuk “era esperado”, muy pocos en nuestro país la conocen y escasean lectores de sus novelas al castellano, traducidas del polaco. Ella culmina su ensayo “Cómo los traductores están salvando al mundo” (Korean Literature Now, verano 2019, traducción al inglés de Jennifer Croft), así:

“La responsabilidad de una traductora es igual a la de la escritora. Ambas son guardianas activas del fenómeno más importante de la civilización humana: la posibilidad de transmitir la experiencia individual más íntima a las demás, y de convertir en comunal aquella experiencia en el impactante acto de la creación cultural.”

A su vez, termina Xavier Farré:

“Quisiera apuntar finalmente que he traducido de Olga Tokarczuk al catalán la obra Bieguni, que aparecerá en la traducción como Cos (Cuerpo). Soy traductor a las dos lenguas, con más libros al castellano, y en este caso hice la traducción que me fue encargada al catalán. Es probable que más adelante traduzca más obras de ella, son cuestiones de derechos de autor y de editoriales (https://xavierfarreabcd.blogspot.com).”   

Este texto se publicó el 13 de octubre de 2019 en la edición 2241 de la revista Proceso

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