No es culpa de Netflix, sino de los cines

El actor Edward Norton, durante la premiere de su película Motherless Brooklyn. Foto: AP / Charles Sykes El actor Edward Norton, durante la premiere de su película Motherless Brooklyn. Foto: AP / Charles Sykes

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- A unas semanas de que la guerra por el streaming entre en ebullición con el ingreso de nuevos competidores, y de que nuevamente la carrera por el Oscar ponga a pelear a Netflix y los exhibidores tradicionales, una polémica fue puesta sobre la mesa por el actor Edward Norton: la deficiente calidad de la exhibición en salas.

En una larga entrevista concedida al sitio The Daily Beast, a propósito del estreno en noviembre de la película Motherless Brooklyn, la cual produce y dirige, Norton fija sus posturas sobre diversos temas relacionados con el séptimo arte y parece tomar partido respecto de la disputa streaming-cine. O, al menos empatiza con quienes prefieren lo primero.

Y aunque discrepa de las opiniones de Steven Spielberg sobre el riesgo que representa Netflix para los cines, destacando la contribución que hizo esa firma para apoyar la exhibición de Roma de Alfonso Cuarón, el intérprete de El Club de la Pelea acusó a los exhibidores tradicionales de ser ellos quienes están arruinando la experiencia cinematográfica completa. Y todo por ahorrar dinero en focos.

“Si tuviera que decir cuál es el mayor factor para que las personas prefieran ver películas en Netflix en lugar de ir a los cines, es que los cines se gastan apenas unos centavos en los focos.

“La gente no tiene idea de cuántas salas hacen esto.  Muchos cineastas que conozco que realmente han comenzado a investigar esto dicen que más del 60 por ciento de las salas estadunidenses están ejecutando su proyector a casi la mitad de la luminosidad que requieren por contrato para ejecutarlo. Son las cadenas exhibidoras las que están destruyendo la experiencia cinematográfica. Nadie más”, arremete Norton.

“Ofrecen un sonido horrible y una imagen tenue, y nadie les reclama. Si entregaran lo que se supone que deben dar, la gente diría: ‘Guau, esto es increíble, no lo tengo en casa’”, señala Norton, quien anima a los cinéfilos a exigir la devolución de su dinero si no le están dando la calidad de exhibición para la cual fue filmada la cinta.

Puso como ejemplo una sala que exhibió la cinta Capitana Marvel a la mitad de la iluminación que se requería.

La suya no es una preocupación nueva. En febrero de 2016, la revista Time publicó un extenso reportaje titulado “Los mejores directores de Oscar dicen que te estafan en el cine” en el que recogen las quejas de cinéfilos exigentes que se dan cuenta cuando la sala les pretende dar gato por liebre.

Cita la experiencia de Eric Myers, un agente literario que vive en Manhattan, que acudió a un cine para ver la película Joy protagonizada por Jennifer Lawrence.

Su queja no fue contra la historia, sino contra cómo se veía en pantalla. La imagen parecía plana, tenue, opaca, señal inequívoca de que se había usado un proyector 3D para una película filmada en 2D, según el testimonio de Myers.

No se equivocó: la gerencia admitió que había exhibido la película en una sala más grande para que cupiera más gente, pero no cambió el lente del proyector. Un director jamás habría permitido un ultraje. En teoría, un estudio tampoco.

“Dicen que se puede proyectar 2D a través de una lente 3D, pero la alineación tiene que ser absolutamente perfecta”, dice Ray Murray, proyeccionista de Sony. “Y nunca lo es”. Debido a que el proceso 3D y las gafas engañan al cerebro para que vea dos proyecciones como una sola, se pierde la mitad del brillo al proyectar equipos 2D a 3D. El brillo también disminuye cuando se usa una pantalla 3D para 2D, dice Murray, quien explicó a Time que cambiar de sala de cine puede ser “lento y costoso”.

Por si fuera poco, a Myers le tocó también el problema de los focos baratos. “El equipo probó los niveles de luz en la sala y confirmó que estaban por debajo de nuestros estándares”, reconoció Ryan Noonan, portavoz de la cadena exhibidora AMC.

Y es que, a la hora de estar en la fila y después de comprar refrescos y palomitas, la audiencia está a expensas de personal poco capacitado para cuidar esos detalles técnicos.

La nota incluye declaraciones de Martin Scorsese, quien lamenta que con la llegada del cine digital se dijera adiós a un oficio especializado, casi artesanal, que era el del proyeccionista que cuidaba la presentación de una cinta filmada en 35 mm.

“Lo mejor es brindar una experiencia en salas de la mayor calidad posible para la audiencia, asegurándose de que el enfoque, los niveles de luz, la relación de aspecto, las lentes y la calidad del sonido sean perfectos. Por supuesto, ese objetivo a menudo se pierde, especialmente cuando los cines y el equipo no tienen mantenimiento y los proyeccionistas no están capacitados adecuadamente.

“Y, desafortunadamente, algunas malas experiencias en una sala de cine pueden llevar a una audiencia a decidir en última instancia quedarse en casa”, dijo Scorsese, quien es hoy otro de los maestros consagrados que son apoyados por Netflix, impulsor de su más reciente filme The Irishman.

Comentarios

Load More