La Tierra Caliente de Michoacán, un “narcoestado”

Comuneros de la región purépecha parecen estar dispuestos a combatir la violencia del narcotráfico. Foto: Especial Comuneros de la región purépecha parecen estar dispuestos a combatir la violencia del narcotráfico. Foto: Especial

En Michoacán todos los días hay un muerto, dice el presbítero José Luis Segura Barragán, y culpa al gobierno estatal, a los ayuntamientos y aun al Legislativo de estar coludidos con el narco. La entidad es un infierno donde la política de “abrazos y no balazos” de Andrés Manuel López Obrador no funciona. Hoy, dice, sólo los comuneros de la región purépecha parecen estar dispuestos a combatir la violencia desatada por la gente de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del CJNG, que el lunes 14 ejecutó a 13 policías estatales.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Desde el corazón de Tierra Caliente, Michoacán, el sacerdote José Luis Segura Barragán sostiene que la entidad se ha convertido en un infierno. Y advierte: “Es un narcoestado” donde el crimen organizado gobierna y nada puede hacer el presidente Andrés Manuel López Obrador con su política de “abrazos y no balazos” para combatir al crimen organizado.

Las palabras del expárroco de la comunidad de La Ruana se sustentan en datos duros, como los del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, según los cuales durante la gestión de Silvano Aureoles el número de muertes violentas o accidentales se incrementó 137%.

El propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública tiene registradas 900 muertes, de las cuales 682 fueron violentas. El Observatorio Ciudadano de Michoacán, a su vez, revela que en municipios como Uruapan, Morelia y Zamora el aumento de homicidios violentos ha crecido hasta mil por ciento, rebasando los niveles de 2013, cuando surgieron las autodefensas.

“Esto es el infierno”, comenta Segura Barragán a Proceso. “Necesitamos un obispo como el anterior (Miguel Patiño), quien en 2013 sacó una carta muy crítica y provocó un cambio fuerte en el gobierno.”

Durante varios años él y otros sacerdotes de los municipios calentanos, como Gregorio López, han atestiguado la llegada de los grupos criminales y la complicidad de algunos funcionarios estatales y municipales.

“No hay nadie a quien pedir ayuda; hasta la prensa está controlada”, comenta Segura Barragán mientras se reúne con sus pares en Apatzingán

(Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2242, ya en circulación)

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