“Sanctorum”, la explotación del narco a campesinos

Escena de Sanctorum

No poseen otra forma de ingreso más que aquellos frutos provenientes de la tierra, así pues son blanco de explotación por narcotraficantes, quienes los obligan a sembrar y recolectar sólo mariguana para luego ser perseguidos por el Ejército. Tal el tema de Sanctorum, película de ficción inspirada en la vida cotidiana que sufre el campo oaxaqueño y cuyos actores son campesinos escogidos por el director de la cinta, Joshua Gil, entrevistado por Proceso.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Tras estrenase primero en la Semana de la Crítica del Festival Internacional de Cine de Venecia 2019, la docu-ficción mexicana Sanctorum (Santuario) –dirigida, escrita y producida por Joshua Gil– aborda cómo los campesinos son explotados por el narco en la colecta de la mariguana e igual son acosados por el Ejército y relegados por los gobiernos.

Ahora, la película –filmada en plantíos reales de mariguana en las montañas de Oaxaca, México– se estrenó en la sección Largometraje Mexicano de la 17 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia que inició el viernes 18 de octubre y finaliza el domingo 27. Asiste su realizador y el elenco, con campesinos que en la realidad pasaron por esa situación de recolectar dicha hierba.

En entrevista Gil menciona que el tema de Sanctorum “es presentar una versión apocalíptica de que no le hemos brindado las mejores opciones a muchos mexicanos”. Acentúa de inmediato:

“Desde hace años existe una persecución muy fuerte contra los campesinos que simplemente son empleados, con un salario ínfimo para cosechar esta planta, sobre todo mujeres y niños. Por la imposibilidad de encontrar otra fuente de sostén se van a ese tipo de trabajos, los cuales los pone bajo la lupa del Ejército Mexicano, los encarcela, los persigue o los mata; mientras, el narcotráfico se refuerza.”

Lector del “New York Times”

Fotógrafo antes de convertirse en director, rememora que la idea de Sanctorum surgió tras leer un par de artículos hace cuatro años en el prestigiado diario estadunidense The New York Times:

“Era una investigación que se refería a que una generación de niños que estaba siendo creada dentro de los campos de cultivo de mariguana y amapola. ¡Eso me sonaba un poco irreal, y hablaba de que México era el focus en ese momento por la gran cantidad de mercancía que los chicos estaban generando! La colecta de dichas plantas ya había sido heredada a los niños y a las mujeres; por eso luego efectué una investigación a ver qué tan lejano geográficamente estaba yo como cineasta de esos lugares y resultó ser, sin imaginármelo, que estaba muy cerca. Existe una estructura que incita a que los campesinos, los niños y las mujeres tengan esta manera de subsistir, debido a que el campo mexicano, como se sabe, ya no da para más.”

Gil, nacido el 26 de marzo de 1985 en Puebla, estuvo como asistente de cámara con Carlos Reygadas en Japón (2003). Hacia 2007 incursionó en la dirección con las películas para televisión El último silencio y Violentos recuerdos, y en 2008 con Un balazo para Quintana. Su ópera prima, La maldad (2015) se mostró en la Berlinale 2015.

Se le pregunta a Joshua Gil cómo logró que campesinos reales fueran parte del reparto del largometraje, producido también por Marion d’Ornano, Laura Imperiale y Calos Sosa, y narra:

“La base fue la honestidad. Se realizó una búsqueda amplia en ciertos lugares donde sabíamos que existían estos cultivos. Nos presentamos con la carta por delante de: ‘nosotros somos tales y este es el proyecto, por lo cual buscamos personas, campesinos, que vivan dicha situación para contar su historia’, que fuera real, y que entrábamos en las reglas que ellos nos dijeran.”

Destaca que la propuesta fílmica se plantea como una docu-ficción:

“Eso significa que no quería trabajar con actores a pesar de que podíamos haberlo hecho; pero sabía que había gente que trabajaban en esos campos, muy cerca de donde vivimos y que había la posibilidad de contar sus emociones. Ya saben lo que es ser perseguidos e ir al día económicamente. Tardamos varios meses en encontrar el lugar adecuado, las personas adecuadas y los permisos adecuados.”

–¿No fue peligroso filmar en los plantíos de mariguana?

–Fue difícil; pero se tomaron las medidas adecuadas para rodar. El director de arte Rafael Camacho y yo analizamos muy bien a qué lugares acceder y no correr peligro, nosotros y los de los campos. Todo fue precavido.

Carta al gobierno

Sobre la parte fantástica que ofrece la película, el también fotógrafo de Sanctorum junto con Mateo Guzmán, revela:

“Hay unas deidades, es decir, ese universo es el que decide finalmente todo… Son elementos que he extraído a lo largo de mi vida porque he sido una persona cercana a los indígenas, y sensible a los tópicos indígenas. Para mí era necesario tocar este punto de desencuentro tan grande que vive el indígena y el campo, y al mismo tiempo transportarlo a algo mucho más universal como el papel de la humanidad con respecto a lo que está pasando en el mundo, en el cual cada vez hay menos armonía.”

–A los campesinos no sólo los asesina el narco sino también el Ejército, como se observa en el filme. ¿Qué dice al respecto?

–Para mi el Ejército es uno de los grandes antagonistas y desde hace años. Con esta bandera de “vamos a luchar contra el narcotráfico” se afecta a los indígenas. Se están llevando por delante muchísimas otras cosas por falta de análisis. Además, era muy importante mostrar en la película que los militares son hermanos de los campesinos. Son comunidades que les paga el gobierno para matar a las comunidades que siembran para subsistir porque decidieron no ser militares. Somos mexicanos contra mexicanos todo el tiempo”.

En el largometraje, el representante de una comunidad campesina escribe una carta, “por si a alguien no le ha quedado claro”, subraya Gil.  La misiva dice:

Al pueblo en general que escuche esta carta.

Por el poder que ustedes mismos me han confiado, juro decir la verdad bajo nuestras propias leyes comunitarias. Ustedes, la gente de la comunidad, hago de su conocimiento el siguiente documento.

Como ustedes saben, la pobreza que nos rodea en nuestra comunidad es mucha y ya no podemos más con ella. El dolor que tenemos ya es mucho y se acaba nuestra paciencia. El gobierno piensa que nosotros somos los crimínales. Y eso es mentira. Nosotros somos campesinos, no podemos trabajar en otra cosa. Nosotros solamente sembramos hierba para poder darle de comer a nuestros hijos. No tenemos otra opción. Todos los días matan a los nuestros a mano de los narcotraficantes y cuando se van, llega el Ejército. Nos humillan. Nos tratan como animales. Nos golpean. Atacan a nuestras mujeres. No podemos permitirlo nunca más. Es por eso que nos reunimos. Nos vamos a defender. Ya no huiremos de nuestras casas. Ya no abandonaremos nuestra tierra. Los pocos que quedamos en el pueblo hemos decidido morir aquí. Defendiendo lo poco que tenemos. Queremos decirles a los narcotraficantes: El miedo se ha ido, se ha perdido entre la niebla. Y al gobierno mexicano le decimos: Aquí estamos y pelearemos por lo que nos merecemos.

En Italia fueron vendidos los derechos internacionales de Sanctorum para su proyección comercial.

“Se estrenará cuando decidan. Fue una experiencia muy fuerte en La Mostra en agosto pasado”, redondea Gil.

Este texto se publicó el 20 de octubre de 2019 en la edición 2242 de la revista Proceso

Comentarios

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

Load More