Tras una campaña complicada, Trudeau se reelige

Justin Trudeau junto a su esposa Sophie Gregoire. Foto: Tomada de @JustinTrudeau Justin Trudeau junto a su esposa Sophie Gregoire. Foto: Tomada de @JustinTrudeau

MONTREAL (apro).- “En los últimos cuatro años hemos hecho todo lo posible para mejorar la vida de la gente. Y es lo que continuaremos haciendo”, expresó aquí, la noche del lunes 21, Justin Trudeau, al inicio de su discurso de victoria.

El líder del Partido Liberal de Canadá logró en las urnas un nuevo mandato como primer ministro, pero perdió el control mayoritario del Parlamento. De hecho los conservadores obtuvieron más votos totales (34.4%) que los liberales (33.1%). Sin embargo, dadas las particularidades del sistema electoral canadiense, la agrupación de Trudeau consiguió 157 de los 338 asientos parlamentarios, mientras que el Partido Conservador se quedó con 121. Así, los liberales deberán tender puentes para aprobar con éxito sus iniciativas. Y en este escenario, el peso del Nuevo Partido Democrático (NPD) será toral.

Los liberales no pudieron renovar su mayoría en el parlamento, en una campaña complicada donde trataron de distinguirse de los conservadores y tuvieron que hacer frente a una imagen deteriorada de su líder. En un hecho sin precedente, ambos partidos estuvieron en empate técnico, en cuanto a voto general, durante todas estas semanas de mítines y pronunciamientos partidistas. Sin embargo, Trudeau y sus huestes resistieron en dos puntos fundamentales: la zona conurbada de Toronto y la provincia de Quebec.

“Hay más circunscripciones federales en los suburbios de Toronto que en varias provincias canadienses. En Quebec, los liberales perdieron algunos asientos. No fue un número que impidiera su reelección, pero sí tuvo un impacto en sus deseos de seguir gobernando de forma mayoritaria”, explica Francois Rocher, profesor de ciencia política de la Universidad de Ottawa.

“Los canadienses rechazaron los recortes y la austeridad y votaron a favor de una agenda progresista y de una férrea acción contra el cambio climático”, dijo Trudeau, en referencia al Partido Conservador.

Se inicia una nueva etapa para el líder liberal de 47 años de edad. Ahora le toca mostrar su capacidad de negociación para apuntalar diversos proyectos y llevar a buen puerto promesas frescas de campaña. Ya ha constatado que no puede apostar tan fuerte por su imagen.

Popularidad afectada

Trudeau se impuso en Papineau, circunscripción de Montreal que representa como diputado desde 2008. Ganó con 59% de los sufragios.

“Trudeau ha tenido aciertos. Claro que podemos criticar algunas de sus decisiones, pero es mejor opción que los conservadores”, comenta a la salida de una casilla de esta circunscripción Diane Gagné, empleada en una compañía de la ciudad. En realidad, los votos en Papineau eran la última de las preocupaciones de Trudeau: se trata de uno de los bastiones más fuertes del liberalismo en todo el país desde hace décadas.

Para Trudeau el reto era convencer a millones de canadienses de votar por los candidatos de su agrupación para volver a formar gobierno. No era empresa fácil, ya que la imagen del líder liberal arrastraba un deterioro considerable.

Los liberales de Trudeau se impusieron en las elecciones de 2015 en 184 de las 338 circunscripciones. El líder partidista no tenía bajo el brazo un voluminoso currículum; tampoco contaba con la agudeza intelectual de su padre, Pierre Elliot Trudeau, primer ministro de 1968 a 1979 y de 1980 a 1984. Sin embargo, derrochaba carisma, se beneficiaba de un apellido vinculado con años de progresismo y, de igual modo, levantaba esperanzas entre muchos canadienses hartos de los conservadores en el poder. Eso sí, gracias a una larga lista de promesas.

La “luna de miel” entre Trudeau y gran parte del electorado se prolongó notablemente, pero fue apagándose poco a poco debido a algunas decisiones y a varios escándalos. El liberal legalizó la mariguana recreativa, situó el desempleo en mínimos históricos, amplió las ayudas económicas a familias con niños y puso en marcha un programa de impuestos al carbono. No obstante, también sufrió algunos reveses. Por ejemplo, renunció a efectuar una esperada reforma electoral. De igual forma, nacionalizó el oleoducto TransMountain y anunció su expansión. Esto último provocó la ira de ambientalistas y grupos indígenas.

Trudeau subrayó al inicio de su mandato que su gobierno se guiaría por una forma de hacer política basada en escuchar a la gente, mostrar transparencia y pensar sobre todo en la clase media. La imagen de un joven político que pregonaba dicha forma de conducirse le granjeó apoyos, pero también contribuyó a que sus escándalos sonaran con más estruendo. Uno de ellos se dio a raíz de unas vacaciones con su familia en 2016; pasaron varios días en la isla caribeña de un millonario (el comisionado de Ética de Canadá le impuso una amonestación verbal por conflictos de interés).

El de mayor repercusión ocurrió en febrero de este año. Jody Wilson-Raybould, en ese entonces ministra de Justicia y fiscal general de Canadá, señaló que Trudeau y varios de sus allegados la quisieron presionar para no poner en marcha una investigación criminal contra la firma de ingeniería SNC-Lavalin, por supuestos sobornos a funcionarios libios.

El primer ministro respondió a las acusaciones de forma contradictoria durante largas semanas. Finalmente, Wilson-Raybould renunció al Partido Liberal y el Parlamento decidió no continuar con las pesquisas. Sin embargo, Trudeau se ganó una nueva amonestación por parte del comisionado de Ética.

Campaña sin descanso

La campaña electoral arrancó el 11 de septiembre. Esta vez duró 40 días, en comparación con los 78 de 2015. Los liberales no podían en esta ocasión utilizar una estrategia basada únicamente en promesas y en la imagen de su líder; tenían cuatro años en el poder y los escándalos habían afectado considerablemente a Trudeau. No fue una casualidad que hayan empleado “elijamos avanzar” como lema de campaña. El mensaje era que los conservadores representaban el pasado, que los liberales habían conseguido diversos logros y que la mejor opción era seguir la misma ruta.

Un nuevo escándalo de Trudeau estalló a inicios de la campaña. El 19 de septiembre la revista Time publicó una fotografía –tomada en 2001– en la que el premier aparecía con un turbante y la piel oscurecida con pintura, cuando era profesor en un instituto de Vancouver.

Dos días después otra fotografía y un video (que databan de su juventud) exhibían a Trudeau con maquillaje parecido. El primer ministro se disculpó públicamente. Comentó que jamás ha sido racista, pero que eso no justificaba sus errores de juicio en dichas acciones. “Lo siento profundamente. Estoy muy avergonzado”, expresó.

Si bien los expertos minimizaron el impacto de estas imágenes en la contienda, fue innegable que Trudeau perdió varios días disculpándose.

El Partido Liberal pedía a los canadienses un nuevo mandato para proseguir con varios planes ya en marcha. Sin embargo, como en toda campaña electoral, aprovecharon para lanzar diversas promesas. Por ejemplo, prohibir las armas de asalto, crear una cobertura nacional de medicamentos y poner en marcha un programa para bajar a cero las emisiones de carbono en 2050. “Me importa mucho el medio ambiente. Las propuestas del Partido Verde y del NPD son más ambiciosas que las de Trudeau, pero a los conservadores les tiene sin cuidado que el planeta se siga calentando”, expresa Gagné tras haber votado.

Andrew Scheer, líder de los conservadores, basó su campaña en prometer “más dinero en los bolsillos de los canadienses” y, en efecto, propuso terminar con el plan de gravámenes al carbono de Trudeau y se mostró a favor de aumentar la producción petrolera.

También declaró por doquier que Trudeau no podía seguir gobernando por los problemas éticos relacionados con el caso SNC-Lavalin.

El panorama para Trudeau

Los liberales formaron gobierno mayoritario en los comicios de 2015 gracias a su triunfo en 184 de las 338 circunscripciones. Este resultado les permitió aprobar distintos proyectos sin obstáculos. En esta ocasión, debido a que obtuvieron 157 asientos, Trudeau continuará como primer ministro, pero el Partido Liberal tendrá que negociar con otras fuerzas.

Los conservadores obtuvieron 121 escaños. Scheer señaló este lunes: “El liderazgo de Justin Trudeau está dañado y su tiempo en el gobierno pronto terminará. Cuando llegue ese momento, los conservadores estaremos listos y ganaremos”.

Scheer subrayó el hecho de que su partido obtuvo más votos totales en el país.

“Trudeau conservó el control del gobierno, pero el gran ganador fue el Bloque Quebequense”, afirma Francois Rocher. Esta agrupación, cuya misión es defender los intereses de la provincia francófona en Ottawa, pasó de 10 a 32 diputados.

“Hay entre 30% y 35% de la población de Quebec que aún cree en la causa independentista. Además, el partido sumó apoyos entre quienes consideran que el gobierno federal quiere intervenir en ciertos asuntos provinciales. Por ejemplo, en la ley de laicidad y en proyectos energéticos que pasen por el territorio quebequense”, añade Rocher.

Tanto los conservadores como los bloquistas están alejados del programa liberal. Es por ello que Trudeau deberá tender puentes con el NPD. Los neodemócratas consiguieron 24 escaños (44 en 2015), pero pueden convertirse en la llave que abra las puertas a distintas iniciativas de los liberales, ya que comparten visiones en varios temas.

Jagmeet Singh, líder del NPD, dijo sentirse muy orgulloso de representar a una fuerza “progresista” que no dejará de lado sus ideales. “Si los otros partidos colaboran con nosotros, tendremos una ocasión increíble de mejorar las condiciones de vida de todos los canadienses”, señaló minutos después, dejando la puerta abierta a la negociación.

Cabe señalar que Singh ha sido el primer jefe de una agrupación federal proveniente de una minoría: es sij.

El mapa electoral muestra que la fractura entre los liberales y las provincias de Alberta y Saskatchewan se ha acentuado. En estas provincias, el partido de Trudeau no logró un solo triunfo.

Gran número de los habitantes de estas provincias señalan que Trudeau no ha apoyado con vigor a la industria petrolera y pone demasiado peso en la esfera medioambiental. Además, Alberta se queja especialmente de aportar demasiado dinero a la federación. “A los canadienses de Alberta y Saskatchewan: ustedes son una parte esencial de todo el país. Gobernaré para cada uno de los habitantes de Canadá”, pronunció Trudeau.

Gary Mason, analista político del diario The Globe and Mail afirmó que la prioridad de Trudeau debe estar puesta en la fisura con estas provincias. “Lo único que veo posible para cambiar esta situación es la organización de una cumbre nacional sobre la energía y el medio ambiente, ya que son temas vinculados estrechamente”, escribió.

En este sentido Rocher considera que la expansión del oleoducto TransMountain seguirá siendo un dolor de cabeza para el primer ministro. Al mismo tiempo, señala que el presupuesto para el próximo año será una gran prueba de fuego. “Trudeau tendrá que negociar con el NPD. Por ejemplo, los neodemócratas quieren subir los impuestos para los más ricos. Veremos seguramente algunos ajustes. No hay tradición en el país de gobernar bajo una coalición. Habrá puntos de encuentro en ciertos temas, pero no en todos”, explica.

En la escena internacional, Trudeau continuará lidiando con la cólera de Beijing. El régimen chino sigue mostrando vehemencia en las palabras y represalias en el comercio hacia Ottawa por la detención en Vancouver de Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, a solicitud de los estadunidenses. La ejecutiva continúa con su proceso para saber si será finalmente extraditada al sur de la frontera.

Un tema más es la relación de Canadá con Estados Unidos. Se espera que el Parlamento surgido en las urnas ratifique el nuevo marco comercial norteamericano, pero Trudeau ya ha aprendido que no puede confiar en Donald Trump. También ha constatado que los canadienses quieren más coherencia entre las palabras y los hechos de su primer ministro.

 

Comentarios

Load More