Rosario Ibarra, la activista que “rechazó” la medalla Belisario Domínguez

Rosario Ibarra de Piedra, activista y exsenadora. Foto: Benjamin Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro). – En la antigua Casona de Xicoténcatl, resguardada por militares, Claudia Piedra Ibarra leyó el discurso que envió su madre, doña Rosario Ibarra de Piedra, al ser galardonada a los 92 años con la medalla Belisario Domínguez del Senado por su lucha de cuatro décadas con el Comité ¡Eureka! por los desaparecidos. Pero en un hecho inédito, la medalla quedó en custodia del presidente.

“Señor presidente Andrés Manuel López Obrador, querido y respetado amigo, no permitas que la violencia y la perversidad de los gobiernos anteriores sigan acechando y actuando desde las tinieblas de la impunidad y la ignominia.

“No quiero que mi lucha quede inconclusa. Es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares, y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los ha cubierto con su velo protector”.

“¡Hasta encontrarlos! ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”

Con esa consigna finalizó el discurso la hija de la activista, inmortalizando una vez más sus palabras que siguen siendo el grito de lucha de las víctimas en el país, como de los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Los aplausos de los senadores se mezclaron con gritos de “Vivos los llevaron, vivos los queremos”, “Vivos los llevaron, vivos los queremos” de familiares de desaparecidos y activistas.

Con el rostro desencajado, Andrés Manuel López Obrador, escuchó atento las palabras de Doña Rosario en voz de su hija. Las senadoras y los senadores, y los funcionarios del gabinete encargados de los Derechos Humanos y la seguridad parecían no parpadear. Más de uno tragó saliva cuando la activista se quejó de que los familiares de los desaparecidos siguen siendo ignorados.

“Ayer mismo uno de mis nietos me expresó desde el fondo de su ser sus sentimientos (…) Más de un año de ese gobierno que creyeron firmemente sería el añorado y con el cual no habría ningún obstáculo que salvar, o acuerdo que negociar, como en antaño, y no ha sido así. La justa ira de mi nieto es el resultado de saber que las familias de Eureka hoy seguimos sufriendo escarnio y burla de los funcionarios”

La otra hija de Doña Rosario, María del Rosario Piedra Ibarra, recibió de manos de la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Mónica Fernández, la presea en nombre de su madre. En su pecho colgaba la foto en blanco y negro de su hermano Jesús, víctima de desaparición forzada en 1975.

La senadora Ifigenia Martínez, líder de la izquierda y fundadora del PRD, fue la encargada de destacar la lucha y trayectoria de Rosario Ibarra de Piedra. En otro emotivo discurso, leyó que este es un acto de justicia a “una madre a la cual le fue arrebatado un hijo sin siquiera tener la certeza de su destino”.

En el pequeño salón de plenos de la antigua sede del Senado, Ifigenia Martínez dijo que “a partir de entonces, Rosario Ibarra inició un largo peregrinar por todas las instituciones gubernamentales donde esperaba obtener información sobre el paradero de su hijo, lo que, hasta la fecha, es una deuda moral pendiente del Estado”, prosiguió la lectura.

“En esa búsqueda desesperada, Rosario Ibarra de Piedra convocó a otras madres que, como ella, sufrían por la desaparición de sus hijos. En 1977 integraron el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, más conocido como “Comité Eureka”, que organizó protestas, realizó huelgas de hambre, se apersonó ante altas figuras políticas y presentó denuncias en México y en foros internacionales”, siguió Ifigenia destacando la lucha de otros familiares de desaparecidos que se unieron a la lucha en plena Guerra Sucia.

En el recinto se mezclaron funcionarios públicos e integrantes del Comité ¡Eureka!. Durante el minuto de silencio, los familiares de desaparecidos alzaron el brazo izquierdo en símbolo de lucha.

Al término de la sesión solemne siguió la guardia de honor en la estatua del senador Belisario Domínguez.

Ahí, los gritos de “Vivos los llevaron, vivos los queremos”, siguieron retumbando.

La hija de Rosario Ibarra les dijo a los familiares de desaparecidos que la acompañaban y que celebraron el discurso que había dado minutos antes, que su madre no luchaba por premios.

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