“Guasón” y el desconcierto

La creación de Joaquin Phoenix

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con un pie en el cómic y otro en el sombrío contexto social, néo-noir, de las películas de Scorsese del Nueva York de los años 70 y 80, Guasón (Joker; E.U., 2019) desconcierta a los apasionados de las historietas de Batman y su legión de archienemigos encabezada por el Guasón, y poco les dice que la cinta venga con el sello del León de Oro del festival de Venecia.

Yodd Phillips, director, y Scott Silver, su coguionista, intentaron escapar del universo creado por la compañía DC de superhéroes, o por lo menos relacionarlo con una realidad política actual, una muy cruda.

Arthur Fleck (Joachim Phoenix), un cuarentón que aún vive con su madre (Frances Conroy), subsiste con su trabajo de payaso, padece un extraño síndrome que le desata carcajadas inesperadas, cosa que lo mete en apuros, le hace sufrir agresiones y palizas callejeras, además de echarle a perder su trabajo –el colmo para un payaso–; cuando pierde el apoyo del servicio médico que lo mantiene más o menos cuerdo, y cargado de un arma, la bomba que lleva en la cabeza comienza a activarse.

Sorprende que Todd Phillips, asociado a sátiras de entretenimiento como la de la trilogía de Qué pasó ayer? dirija, de manera autoral, una historia que explora temas como el abuso, el famoso bullying y el impacto en el desarrollo mental de un individuo, incluido el tema del control de armas, e incluso el de un estallido social.

Hay que admirar, sobre todo, la complejidad de Arthur Fleck, perturbado mental, individuo patético, perdedor que hace todo por sentirse aceptado por la sociedad: el mundo retorcido de esta personalidad que Phillips ilustra de manera concreta con pasadizos, callejones y laberintos, exasperó a gran parte de la crítica americana que exige un punto de vista coherente para juzgar a un personaje moralmente condenable. Lo que les cuesta trabajo ver es que sí hay un punto de vista, pero es el del Guasón mismo, y este payaso no es nada confiable, se requiere ver la película más de una vez para entender cuáles secuencias ocurren en la realidad y cuáles en su mente trastornada.

Guasón es un estudio de carácter, de la psicología de un solo personaje que condensa en sí mismo el malestar social y político de la época. Con Fleck, Todd Phillips pretendió resucitar a Travis Bickle (Taxi Driver) para ilustrar el juego mediático y la incitación a la violencia de la era Trump.

Heath Ledger llevó al Guasón al terreno de lo tétrico, más allá de cualquier caricatura; por años, otros actores no habían hecho más que imitar sus tics; el maduro Joachim Phoenix siguió otro camino, estudió tratados sobre psicología de asesinos, y bajó excesivamente de peso; pero el trabajo no queda en la mera apariencia física, pues utiliza su esqueleto a manera de un resonador de emociones enquistadas en los huesos. La risa de este Guasón es la de una hiena lastimada, sus pulmones escupen risotadas que duelen, provocan lástima e incomodidad en el espectador.

En el Guasón de Ledger la maldad es su naturaleza, así habría nacido; con Joaquin Phoenix, en el acto de maquillar su rostro en blanco, apenas una sola lágrima, el Guasón nace frente a la cámara, y el júbilo que sigue, vestido de un traje rojo y bailando, es la mejor interpretación de la danza macabra.

Esta reseña se publicó el 20 de octubre de 2019 en la edición 2242 de la revista Proceso

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