“El Arte de Defenderse”: el clubcito de la pelea

“El Arte de Defenderse”. Foto: why-karate.com/

MONTERREY, N.L. (apro).- Esta escuela de karate enseña a sus alumnos a ser hombres a través de los golpes. La masculinidad se manifiesta en el deseo de la destrucción del oponente. Incluso las mujeres deben ser muy hombres para prosperar aquí.

En El Arte de Defenderse (The Art of Self-Defense, 2019), Casey (Jesse Eisenbergh) es un pobre oficinista que carece de autoestima y por quien nadie siente respeto. Vive solo, acobardado y temeroso hasta de su propia sombra. En su existencia de patético treintañero, un día es víctima de un asalto que le cambia la vida. A partir de ese momento decide que contestará todas las ofensas, y lo hace inscribiéndose en una escuela de artes marciales donde su perspectiva del mundo cambia radicalmente.

La película, contada en tono de comedia oscura, es una variación de El Club de la Pelea (The Fight Club, 1999), aunque en un círculo mucho más compacto y dentro de una historia mucho más pequeña. Casey es como la mayor parte del mundo, aunque en un extremo patético. Casi toda la población evita los problemas y los conflictos, como este empequeñecido ciudadano. La variación es que él no tiene propósito en la vida, se siente insignificante como una amiba, y cree que merece el castigo de todos. Carece por completo de elementos para defenderse de las hostilidades básicas del planeta.

Su escapatoria es la ilusión falsa de la violencia. Supone que si se convierte en un hombre agresivo la sociedad lo respetará. Al transformarse en un tipo diestro para el combate, sus miedos desaparecerán. Lo que busca es convertirse en lo que le genera miedo.

Y ahí está, para impulsarlo, el misterioso y seductor Sensei (Alessandro Nivola), el maestro de karate de la academia del barrio que no sólo enseña a Casey el arte de la defensa personal, sino que también le da armas emocionales para liberar al criminal que lleva dentro. A base de intimidaciones y palabras dulces, lo introduce en un vórtice de alienación de la que no podrá salir, sino hasta que haya consumido todo a su alrededor. Es una especie de Karate Kid en formación, pero lleno de antivalores.

En una primera lectura se puede entender que el profesor le enseña al alumno que en su interior tiene un gran poder que no había descubierto. Lo mismo le pasa a todos los seres humanos, que necesitan un poco de motivación para encontrar el máximo potencial. Pero el discurso ulterior es el de los peligros de la sugestión.

El Sensei es un hombre tranquilo y severo, apegado al noble deporte de la defensa personal, que implica salud y disciplina. Sin embargo, su charla apacible y sus intenciones ocultas revelan otros propósitos. De día, el dojo es un sitio de entrenamiento como los hay en todas las escuelas de karate, pero en las enigmáticas clases nocturnas las intenciones cambian, dentro de una compacta fraternidad. En la ciudad solitaria y con pocos testigos, las bestias internas pueden ser fácilmente liberadas.

El planeta está lleno de personas que pueden pasar como venerables mentores, aunque esconden en su interior un diablo manipulador, que puede hacer que cualquier incauto explote, al servicio de causas deshonestas y hasta ilegales.

La película inicia pausada, pero va creciendo, junto con el personaje que se deforma, quitándose la piel de oveja hasta convertirse en una monstruosa versión de él mismo.

Con momentos absurdos, El Arte de Defenderse es una comedia que invita a la reflexión sobre la falsa idea de la masculinidad, en un mundo que es cruel con los débiles.

Comentarios

Load More