“Primero pongo siempre la memoria de mi hermano”: Rosario Piedra Ibarra

Rosario Piedra Ibarra. Foto: Eduardo Miranda Rosario Piedra Ibarra. Foto: Eduardo Miranda

MONTERREY, N.L. (apro).- Si el Senado de la República la elige como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra dice que trabajará para poder entregarle a su madre la medalla al mérito cívico Belisario Domínguez, que le dejó en custodia al presidente Andrés Manuel López Obrador, para que se la regresara cuando fuera resuelto el problema de los desaparecidos.

Luego de ser aprobada en la terna final para ocupar el puesto por los próximos cinco años, la hija de doña Rosario Ibarra se desmarcó por completo de Andrés Manuel López Obrador, pues si bien el año pasado fue candidata a diputada federal por Morena, ahora su compromiso con la verdad y la justicia está por encima de cualquier filia.

Por respeto a los desaparecidos, entre los que se encuentra su hermano Jesús, y por la lucha de cuatro décadas del Comité Eureka, está dispuesta a enfrentar a cualquier autoridad, incluso la presidencial, para conseguir que finalmente en México sean defendidos los derechos humanos, no como ha ocurrido en estos años, en que el tema ha sido una farsa auspiciada desde el oficialismo, según acusa.

“Yo no traicionaría a mis compañeros de lucha, ni a ningún otro de los colectivos, o cualquier otro ciudadano que esté luchando por sus derechos, si ese derecho fuera violentado. Yo primero pongo siempre la memoria de mi hermano”.

“También tengo presente siempre  la responsabilidad de ser hija de quién soy, para no manchar una lucha de cuatro décadas. No traicionaré a mis compañeros desaparecidos por quedar bien con alguna autoridad. Eso no. Y el presidente Andrés Manuel lo sabe”, afirma en entrevista.

En su plan para conducir el organismo autónomo, considera necesario dotarlo de dientes, pues hasta ahora las recomendaciones que emite sólo son de ornamento, ya que son sistemáticamente ignoradas por sus destinatarios.

“Hay qué hacer un análisis profundo de sus alcances jurídicos, y para eso ya me estoy documentando. No es un secreto decir que el país es un desastre en derechos humanos, hay una crisis humanitaria. La experiencia con los gobiernos anteriores dice que si se le da una recomendación a un funcionario corrupto que tiene impunidad va a escuchar la recomendación sin reconocer su falta”, dice.

Dejar la simulación

El pasado 23 de octubre el Senado de la República organizó una celebración para entregar a la activista Rosario Ibarra de Piedra la medalla Belisario Domínguez, el más alto honor que el Estado Mexicano otorga a los mexicanos que destacan por ciencia o virtud en grado eminente como servidores a la patria o a la humanidad.

Por orden médica, doña Rosario ya no hace apariciones en público. Por eso acudieron, en su representación, sus hijas Rosario y Claudia, quienes luego de expresar un mensaje en nombre de la galardonada le entregaron al presidente Andrés Manuel López Obrador la medalla del reconocimiento.

Claudia leyó, a nombre de su madre: “No quiero que mi lucha quede inconclusa, es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos hijos y familiares y con la cereza de que la justicia los ha protegido con velo protector”.

Ahora que se presenta como aspirante a presidir la CNDH, Rosario hija dice que se esforzará todo lo humanamente posible por hacer que su madre tenga de vuelta la presea aunque, si no lo consigue, no significa que su trabajo haya fracasado, aclara, pues la labor es ardua, e implica sobreponerse a un atraso de décadas en los que el tema fue olvidado.

“Mi madre, en su mensaje, de manera respetuosa le dejó en custodia la medalla al presidente López Obrador, porque siempre lo hemos dicho: de qué sirven los reconocimientos si no hay justicia. Pero (si no consigo tener otra vez la medalla) no fallaría, porque haría todo lo humanamente posible de mi parte. No habría componendas”.

“Si no lo logro, no fallaría yo. Estaría fallando la autoridad. Y ya veríamos qué hacer, cómo dejar claro que no se obtuvo la justicia. Pero es muy diferente a que yo dijera que no lo conseguí y así nos quedamos, y que no hay que buscarle, ni rascarle. Y espero que los buenos funcionarios, los que de veras quieren que todo cambie en este país, que colaboren”, señala en entrevista.

María del Rosario Piedra Ibarra, de 68 años de edad, nacida en Monterrey, es casada y con tres hijos varones. Es trabajadora jubilada y tiene una licenciatura en sicología por la UANL con maestría en Sicopedagogía. Ha sido varias veces candidata a diputada local y federal, por diferentes partidos, y nunca ha ganado.

Junto con su madre, ha buscado durante años a su hermano Jesús, estudiante desaparecido en 1975, durante la época denominada Guerra Sucia.

Fue seleccionada, entre 57 aspirantes, junto con Arturo Peimbert y José de Jesús Orozco para presidir la CNDH, que actualmente ocupa Luis Raúl González. Luego de las votaciones en la Cámara Alta, en la que no se alcanzó la mayoría calificada para ninguno, se espera que el martes 5 de noviembre vuelvan a ser sometidos a votación.

Apoyada por el Comité Eureka, fundado por su madre y otras mujeres para buscar desaparecidos, Piedra Ibarra busca que termine la simulación en la que se ha desempeñado el organismo que, desde su punto de vista, nunca ha tenido independencia.

“La gente me desea suerte pero yo les digo que en lugar de desearme eso, me deseen que por primera vez se empiece a hacer justicia, si soy elegida. Que se empiece a hacer justicia, pero no como acto de suerte. Los 40 años que llevamos en esta lucha nos respaldan para buscar hacer de la Comisión una instancia verdaderamente independiente y no un organismo para simular que en México se atendían los derechos humanos”, dice.

Con anterioridad, el presidente López Obrador ha cuestionado la autoridad moral de la CNDH. Incluso tildó de hipócrita a su presidente, sin mencionarlo por su nombre.

Piedra señala que ella tampoco comulga con las políticas que actualmente tiene el organismo, al que considera un “elefante blanco”, pues en lugar de ayudar y orientar, obstruye la justicia.

“Yo tampoco estoy de acuerdo en cómo funciona o ha funcionado la Comisión en los sexenios anteriores. Es una instancia creada por Carlos Salinas de Gortari, como una estrategia para engañar a la comunidad nacional e internacional de que en México se iban a atender los derechos humanos y fue como una burla una falta de respeto para las doñas del Comité Eureka”, dice.

De llegar, trabajaría del lado de las víctimas y con trabajo de campo, no desde la oficina, como lo han hecho las sucesivas administraciones burocráticas que la han presidido, dice.

Crítica hacia la actual administración federal, señala que en el primer año de la presidencia de López Obrador, las familias no han tenido respuesta a sus demandas de justicia y verdad, en el tema de desaparecidos, como ha ocurrido en sexenios anteriores.

“Nuestra demanda no ha sido escuchada directamente con el licenciado Andrés Manuel. Nos han atendido otros funcionarios. Estamos solicitando audiencia con él porque, independientemente de que quede o no en el cargo esperamos que nos explique por qué no has fluido la decisión favorable”.

“Las leyes de víctimas en el país, como en el marco jurídico internacional dicen que, en los casos de desaparición forzada, se recomiendan comisiones de la verdad. Y estas no solo deben estar integradas por juristas y antropólogos, historiadores, si no que deben ser acompañadas de las víctimas. Esto es algo que necesitamos”, señala la activista.

Hasta ahora, señala que la CNDH “no ha hecho nada” con los 2 mil millones de presupuestos que recibió para este año. Si acaso, afirma, su presidente convalida declaraciones de oficiales de los gobiernos anteriores, por lo que si llega, revisará en qué se ha utilizado el enorme recurso, que ha arrojado pobres resultados.

Por sus antecedentes, se sabe que su prioridad en la lucha por los derechos humanos son los desaparecidos. Sin embargo, afirma que sus acciones no se concentrarían únicamente en este problema, pues el país tiene numerosas crisis que deben ser atendidas de inmediato.

“La de los desaparecidos es una de las violaciones más graves, pues lo que creíamos que iba a quedar en el pasado, en el caso de nuestros familiares, vemos que en el sexenio de Calderón y Peña Nieto se magnifica de manera alarmante. Y no solo son desapariciones, son masacres, ejecuciones extrajudiciales y torturas”.

“Pero las violaciones existen en otros sectores de la población. A los mismos periodistas les violan doblemente sus derechos, los de la libertad de expresión y a la vida, porque muchos han sido asesinados. Y si no tenemos los medios libres, de qué país hablamos. Y están los derechos de los migrantes, tema candente, lo mismo que feminicidios y comunidad LGBTTT, derecho a educación, trabajo y salud. Hay mucho por cambiar en el país que no funciona por corrupción”, enumera.

De ser favorecida con el voto de los senadores, dice, promoverá que los derechos humanos sean incluidos en los programas de estudio desde la educación básica, para que dejen de ser simples cápsulas aisladas de información.

 

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