“La inocencia se hace añicos”; la historia de los LeBarón en México

La entrada a la Colonia LeBarón, uno de los muchos lugares donde vive la extensa familia LeBarón en el municipio de Galeana, Chihuahua. Foto: Christian Chavez/AP La entrada a la Colonia LeBarón, uno de los muchos lugares donde vive la extensa familia LeBarón en el municipio de Galeana, Chihuahua. Foto: Christian Chavez/AP

QUEEN CREEK, Arizona.– El mensaje apareció en el chat familiar en WhatsApp justo después del mediodía.

“La esposa y los cuatro hijos de Howie han sido asesinados”, decía. “Christina y Donna y sus hijos desaparecieron. Viajábamos con ellos”.

Aaron Staddon se casó dentro de la diáspora de familias mormonas que han vivido durante mucho tiempo en los valles rurales del norte de México, y se estremeció cuando leyó el inquietante hilo de mensajes provenientes del sur de la frontera.

“Mi corazón se hundió”, dijo Staddon, de 44 años, propietario de una empresa de piscinas en las afueras de Phoenix.

Su esposa, Leah Staddon, creció en La Mora, donde cerca de 200 miembros de su extensa familia han construido una próspera comunidad agrícola en el estado de Sonora. “Es el tipo de pesadilla que simplemente te derriba”.

La noticia, que llegó el lunes en una serie de mensajes de texto, voz y horripilantes videos cortos, siguió empeorando: parte de su familia había sido atacada por pistoleros que abrieron fuego contra sus camionetas. Cuando terminó, nueve personas habían muerto y otras seis, incluidos varios niños, resultaron heridas.

“La inocencia está destrozada en este momento”, dijo Joe Darger, otro pariente que rápidamente convocó a una reunión familiar de emergencia en su casa en Utah. “Ni siquiera sabemos qué hacer con los funerales”.

La familia que fue golpeada por la violencia tiene largas raíces en la comunidad más amplia de mormones fundamentalistas que primero se establecieron en las regiones fronterizas del norte de México a finales del siglo XIX.

Inicialmente, el patriarca de la familia formó parte de una ola de rebeldes religiosos que se mudaron al sur para practicar la poligamia cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días la prohibió.

Hoy, con descendientes diseminados por todo el oeste americano, los que viven en La Mora son exitosos agricultores de nueces, chile, alfalfa y granadas, criando niños que tienen doble ciudadanía, estadunidense y mexicana.

Sólo unos pocos aún practican el matrimonio plural, pero continúan viviendo como una comunidad religiosa observante en lo profundo de algunas de las tierras fronterizas más turbulentas de México.

“Fue un gran lugar para criar niños”, dijo Staddon, describiendo como él y su esposa subían cada año a sus cinco hijos en su camioneta para el viaje de ocho horas desde Phoenix a La Mora.

El martes, varios de los niños heridos fueron trasladados a un hospital en Tucson, Arizona, y los miembros de la familia trataron de reconstruir lo que había salido mal.

Una foto viajó rápidamente de un teléfono a otro: Cody Langford, de 8 años, en una cama de hospital con la cabeza envuelta en vendas y su delgado hombro asomando debajo de una manta blanca.

Luego apareció un video que muestra a la sobreviviente más joven, Faith, de 7 meses, gritando mientras los adultos intentan consolarla.

El texto de WhatsApp que decía que “Christina y Donna” no habían sido localizadas, fue seguido por noticias de que Christina Langford Johnson, de 31 años, y Dawna Langford, de 43, estaban entre los muertos.

“Los por qué no lo sabemos”, dijo Darger, cada vez más emotivo al contar el dolor de esperar noticias. “¿Atacaron específicamente a La Mora?”

Staddon dijo que siempre le había sorprendido el contraste entre las grandes casas que los estadunidenses y sus descendientes habían construido en el norte de México y la pobreza que los rodeaba.

Las familias estadunidenses se llevan bien con sus vecinos, dijo. Pero la ubicación de las familias en el camino de la violencia armada de México les ha costado mucho en el pasado: dos miembros de la familia fueron secuestrados y asesinados en 2009 por personas que se cree que eran narcotraficantes.

Más recientemente, dijo Staddon, los miembros de la familia se han enfrentado a nuevos desafíos, incluído el control de la distribución de gasolina por parte de bandas criminales, lo que ha dificultado las operaciones agrícolas.

Los cárteles en México parecen estar buscando nuevas fuentes de ingresos para compensar las pérdidas relacionadas con la legalización de la mariguana en partes de Estados Unidos, dijo.

Miembros de la familia han comenzado a regresar a Estados Unidos. Algunos de ellos ya no están dispuestos a adherirse a las estrictas prácticas religiosas de la comunidad, dijo Staddon, pero muchos también desconfían de la violencia que una vez más está en aumento.

Algunas familias habían viajado recientemente al norte de Arizona para explorar posibles compras de tierras de cultivo.

“Pero un éxodo toma un poco de tiempo para organizarse”, dijo Staddon. “Es difícil dejar un lugar donde ha invertido tanto su familia”.

A medida que el texto y los mensajes de Facebook continuaron fluyendo el martes, los que regresaron a Estados Unidos, o nunca se fueron, se comunicaron casi sin parar por teléfono y redes sociales.

David Langford, de 29 años, que creció en La Mora, pero ahora vive en Dakota del Norte, dijo que su hermana, Christina Maria Langford, fue una de las mujeres asesinadas en México.

Los que cometieron los asaltos fueron “impíos”, dijo, “algunos de los hombres más malvados en la faz del planeta”.

Una pariente en Seattle, Amber Bostwick, dijo que simplemente estaba sorprendida.

“Espero que esto traiga más seguridad de los funcionarios electos tanto en México como en Estados Unidos”, dijo Bostwick, de 35 años, un ama de casa cuyo padre biológico aún vive parte del tiempo en México.

“Todos están nerviosos. Todos sufren”, dijo Lynn Wariner LeBarón, un miembro de la familia que trabaja en Denver.

Uno de los vehículos de la familia LeBarón atacados por presuntos narcotraficantes. Foto: Christian Chavez/AP
Uno de los vehículos de la familia LeBarón atacados por presuntos narcotraficantes. Foto: Christian Chavez/AP

Llegaron a Sonora y Chihuahua en 1880

Las comunidades mormonas fundamentalistas en el norte de México, que durante mucho tiempo no estaban afiliadas a la iglesia dominante, se originaron a fines de la década de 1880, cuando varias familias se mudaron a los estados de Chihuahua y Sonora.

Entre los colonos que dejaron Estados Unidos estuvo Miles Park Romney, el bisabuelo del senador republicano por Utah y candidato presidencial en 2012, Mitt Romney.

Las familias que viven en La Mora se separaron del movimiento fundamentalista más grande en la década de 1950, aunque algunas comparten el mismo nombre con los miembros de la familia lejana en la comunidad separada de LeBarón, dijo Lindsay Hansen Park, una historiadora que produce un podcast sobre la historia de la poligamia.

Con el tiempo, las comunidades se han conectado a través del matrimonio y las familias entrelazadas. Algunas familias de hoy son monógamas, y otras practican el matrimonio plural.

“Practican su propia marca de teología mormona”, dijo. “No siguen a un grupo o líder”.

Tres ramas familiares conforman el grupo: los Langford, los Stubb y los LeBarón, pero los Langford fueron los principales víctimas del ataque del lunes, dijo.

La comunidad de LeBarón sufrió décadas de violencia horrible en las últimas décadas, algunas de las cuales fueron causadas por conflictos internos.

En la década de 1950, Joel LeBarón había ayudado a establecer la comunidad en el norte de México para perseguir una vida mormona polígama, dijo Ruth Wariner, quien era el 39 de los 42 hijos que Joel tuvo con seis esposas. Ahora vive en Portland, Oregon, pero mantiene un contacto cercano con familiares en México.

El hermano de Joel, Ervil, se separó de la iglesia para comenzar su propia rama que cree en la expiación de la sangre, en algunos casos con violencia como castigo por el pecado, lo que finalmente resultó en el asesinato de Joel, dijo Wariner.

Ervil fue sospechoso en una serie de asesinatos de líderes religiosos rivales.

A principios de la década de 1990, en los años posteriores a la muerte de Ervil LeBarón en prisión, Wariner dijo que las cosas se volvieron más pacíficas hasta que los narcotraficantes surgieron como una nueva amenaza.

En años más recientes, la comunidad de LeBarón había establecido una especie de tregua con los cárteles, dijo Wariner. Tenían un entendimiento, dijo, de que la comunidad no perseguiría a los traficantes si los traficantes dejaban solos a los miembros de la comunidad. Ella dijo que los asesinatos fueron una sorpresa porque no parecía haber una causa para tal ataque.

“Las cosas parecían estar más tranquilas”, dijo Wariner.

Pero una mujer que pidió no ser nombrada por temer por su seguridad dijo que las familias que viajaban entre las comunidades de LeBarón y La Mora habían sido detenidas recientemente por miembros del cártel, que preguntaban a dónde iban y qué estaban haciendo.

En general, han sido respetuosos y no parecía importarles los viajes ordinarios, dijo la mujer.

Pero David Langford, quien creció en La Mora, dijo que los miembros del cártel recientemente habían estado advirtiendo a las personas que “se mantuvieran alejadas” del camino entre las comunidades de La Mora y LeBarón por la noche.

“Lo hicimos”, dijo Langford. Fue un gran cambio desde el lugar “pacífico” que era el norte de México cuando creció, agregó.

“Lo que acaba de pasar nunca había sucedido en este valle, jamás”, dijo. “Llevamos 50 años viajando por ese camino”.

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