Julián LeBarón: ante la apatía de la sociedad, estamos tocando fondo

Julián LeBarón. Foto: Germán Canseco

Para Julián LeBarón, quien ya perdió a 10 miembros de su familia a manos del crimen organizado –nueve esta semana y su hermano Benjamín hace una década–, la inseguridad en el país está “tocando fondo”. En entrevista, relata que su comunidad solicitó ayuda antes de la matanza, porque el camino entre Sonora y Chihuahua que suelen utilizar ya era muy inseguro. Desde su punto de vista ninguna estrategia de seguridad funcionará mientras los mexicanos no se unan para obligar a los gobiernos a cumplir eficazmente sus funciones.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- A casi un siglo de su fundación, la comunidad mormona mexicana-estadunidense LeBarón no había vivido un hecho tan sangriento como el del pasado lunes 4, cuando en el camino serrano que comunica Chihuahua con Sonora fueron acribilladas tres camionetas donde viajaban familias del clan, con un saldo de nueve muertos, seis de ellos niños.

La masacre volvió a cimbrar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que de inmediato envió a los secretarios de Relaciones Exteriores, Seguridad y Protección Ciudadana, Marina y Defensa Nacional a indagar quiénes fueron los responsables.

“Reaccionan tarde y vienen a tapar el pozo cuando ya mataron a toda la familia”, dice Julián LeBarón, quien en 2011 participó en las caravanas que realizó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, recorriendo todo el país y una parte de Estados Unidos a fin de hacer visibles a miles de muertos y desaparecidos, víctimas de la guerra contra el narcotráfico declarada por Felipe Calderón.

Entrevistado mientras se realizan las exequias de las mujeres y los niños asesinados presuntamente por el grupo La Línea –según las primeras indagaciones del gobierno federal–, manifiesta desconfianza hacia la investigación que realizan las autoridades y toma con recelo el compromiso del secretario de Seguridad, Alfonso Durazo.

“Ofreció todo lo que está en su poder para encontrar a los responsables y traerlos ante la justicia”, dice que prometió Durazo en la visita que hizo un día después de la matanza.

No hicieron caso

Desde que su formó en 1924, la colonia mormona con nacionalidad mexicana y estadunidense ha padecido violencia por cuestiones agrarias y religiosas. Pero estos problemas no habían segado vidas hasta que llegó el crimen organizado al pueblo de Galeana, Chihuahua, donde tienen sus tierras.

“Ya tocamos fondo”, sostiene en entrevista Julián LeBarón, y advierte que el gobierno federal poco puede hacer, porque las instituciones con las que cuenta para detener la violencia del crimen organizado están desgastadas.

Sin embargo, manifiesta que tiene esperanza de que esta tragedia sirva para que la ciudadanía reaccione y ponga un fin a la violencia que sigue creciendo desde la administración de Felipe Calderón: “Espero que estemos tocando fondo, porque en algún momento necesitamos unir a la sociedad civil para enfrentar la violencia desde ahí. Yo no creo que las instituciones lo pueden hacer”.

–¿Por qué no lo pueden hacer?

–Porque es una estructura corroída completamente a través del sistema electoral, en la que sólo funcionan sus propios intereses. Yo siento que la política nos divide al punto de que no podemos estar unidos ni siquiera cuando se trata del asesinato de mujeres y niños.

Desde que ocurrió la masacre en el municipio de Bavispe, Sonora, en los límites con Chihuahua, Julián se desplazó hasta donde estaban los restos calcinados de Rhonita Miller LeBarón y sus cuatro hijos: Howard Jr., de 12 años, Krystal, de siete, y los gemelos Titus y Tiana, de ocho meses.

Rescató a Faith, de siete meses, quien fue escondida bajo el asiento de la otra camioneta, que conducía su madre, Christina Marie Langford Johnson, que fue acribillada, y también constató la muerte de Dawana Ray Langford, de 43 años, junto con sus dos hijos, Trevor y Rogan, de 11 y tres años, que viajaban en la tercera camioneta. Sobrevivieron ocho niños, cinco de los cuales resultaron heridos.

Las tres mujeres y los 14 niños habían salido del poblado de La Mora, en Bavispe, con rumbo a la comunidad LeBarón, en el municipio chihuahuense de Galeana, por el camino de 150 kilómetros que utilizan frecuentemente.

El entrevistado afirma que hace tres meses denunciaron en medios de comunicación y ante la Policía Federal que ese camino se había tornado más peligroso:

–Les dijimos que ese camino estaba muy inseguro, que ha habido desaparecidos y amenazas.

–¿Qué respuesta les dieron?

–Ninguna, no capturaron a nadie.

A pesar de la inseguridad, la comunidad mormona siguió utilizando ese camino. Las tres familias atacadas se dirigían de Sonora a Chihuahua para después viajar a Phoenix, Arizona, en donde vive otra parte de esta próspera familia que cuenta con 5 mil miembros dedicados a la producción agrícola.

Uso político de la tragedia

Antes de este ataque la comunidad sufrió otras agresiones de grupos criminales. En 2009 fue secuestrado Erick LeBarón, de 17 años, y se exigía 1 millón de dólares por su liberación. La comunidad LeBarón rechazó pagar y denunció en medios nacionales e internacionales el plagio. Finalmente lograron la liberación de Erick, pero meses después Benjamín, hermano de Erick y de Julián, así como Luis Widmar Stubbs, otro integrante de la comunidad, fueron secuestrados y asesinados.

A partir de entonces la comunidad decidió integrar un grupo de autodefensa y en 2011 Julián LeBarón se sumó al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad encabezado por Javier Sicilia, exigiendo un alto a la violencia generada por la guerra contra el narcotráfico lanzada por Felipe Calderón y que después mantuvo Enrique Peña Nieto.

“Tenemos que exigir que se sepa la verdad. Eso es lo principal. No puede haber justicia si no se encuentra a los culpables y no se sabe por qué lo hicieron. En mi experiencia (las autoridades), nunca nos dicen la verdad, siempre usan políticamente las cosas para dividir al país y tener más poder”, sostiene.

–¿No han cambiado nada las cosas desde que empezaste a participar en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad?

–Sí han cambiado mucho; creo que estamos tocando fondo, y me parece que no hay manera de cambiar al país sin la participación y coordinación de millones de mexicanos. No creo que los políticos lo puedan hacer, porque son despreciados en todos los rincones de México. Se podría decir lo mismo de la mayoría de las instituciones.

“Me parece que lo que vemos ahora con la ciudadanía es reflejo de la apatía, de la cobardía y de la falta de participación de los ciudadanos. Eso es un reflejo de algo más que está en nosotros y debemos empezar a cooperar los ciudadanos para poner orden y exigir a las autoridades que den resultados.

“Si no responden, hay que buscar la manera de cambiar autoridades, porque no puede ser que nos estén cobrando por servicios de seguridad y de justicia mientras estamos viviendo completamente en la impunidad, y que maten a cualquiera en cualquier lugar del país y no pase nada.”

–¿Es el momento de salir de nuevo a las calles o qué se tiene que hacer para que participen millones de mexicanos, como lo propones?

–Que empiecen por descubrir quiénes son los responsables de este crimen y se sepa quiénes son sus familias, dónde viven, y saber de manera precisa por qué lo hicieron y encontrar un método para enfrentar al crimen desde la sociedad civil, ponerle la presión suficiente a la autoridad para que no pueda mentir ni utilizar la tragedia para fines políticos.

–Ese es uno de los problemas: que están usando las tragedias con fines políticos…

–Exacto, pero es imposible que sea diferente, porque la estructura de poder es electoral; es decir, básicamente es una forma en la que todos participamos en secreto, marcando un papelito para que gane nuestro candidato y pueda fregarse a los demás antes de que nos pueda fregar a nosotros. Eso es básicamente lo que tenemos.

–En el caso del gobierno de López Obrador, ¿qué ves?

–No creo que el problema sea Andrés Manuel ni Donald Trump ni cualquier líder del mundo. Creo que el problema fundamental es saber cuáles son los poderes que tienen estas personas (los delincuentes), que les permiten hacer lo que quieren de manera impune.

Sin embargo, Julián LeBarón insiste en señalar que las autoridades no han cambiado en la forma de querer resolver todos los problemas de manera violenta, “a martillazos”, lo cual lleva al fracaso. “No hay manera de que eso lo resuelva. Necesitamos colaborar millones de personas, dividir ese poder y que haya más eficiencia y maneras racionales de hacer las cosas”.

Al comentarle que uno de los responsables de esta violencia generada por el crimen organizado y que no se toca es el sistema financiero, que obtiene grandes beneficios de este negocio en todo el mundo, comenta:

“Todo el sistema financiero es igual que el sistema electoral, es completamente fraudulento. Es otro de los problemas. A ver, ¿por qué podemos imprimir dinero todos nosotros si se supone que al votar le dimos ese poder al Banco de México para que lo haga? Lo mismo con la seguridad: ¿por qué no podemos protegernos nosotros mismos si se supone que quienes protegen a la sociedad nosotros los elegimos y les dimos ese poder? Pero ese poder ahora no lo tenemos.”

–¿Ustedes tiene identificados a los responsables de la matanza?

–Ni idea, y no es nuestro trabajo identificarlos, es responsabilidad de las autoridades.

–Pero las autoridades están reaccionando tarde.

–Sí, quieren tapar el pozo cuando ya acabaron con toda la familia.

–Eso está pasando en todo el país…

–Exacto, todos los días pasa. Ojalá este acontecimiento nos ayude a ver que tenemos que hacer las cosas de manera diferente, porque lo que están haciendo no funciona.

–¿No ha funcionado ninguna estrategia ni la de este gobierno?

–No puede funcionar porque las instituciones siguen siendo las mismas, están llenas de los votos de la gente que sufrimos su incompetencia.

–¿El gobierno federal ya se puso en contacto con ustedes? ¿Qué les dijo?

–Nos ofrecieron todo lo que está en su poder para encontrar a los responsables y llevarlos ante la justicia.

Esperanza, a pesar de todo

Un par de días después del asesinato de sus familiares, Julián LeBarón precisa que sólo en Chihuahua tenían protección del gobierno, y no en Sonora.

–¿De la Guardia Nacional?

–No, pero ahorita sí llegaron muchos con los secretarios de Relaciones Exteriores y de Seguridad. Sólo aparecen cuando hay una tragedia y no previenen nada.

Una vez más se le inquiere si sirvieron de algo las voces como la suya, la de Javier Sicilia y las de miles de familiares de muertos y desaparecidos, que hace años exigieron detener la guerra militarizada contra el crimen organizado y demandaron paz y justicia para los familiares de las víctimas.

“Sí han servido, hay tantas víctimas y tanto dolor que estamos tocando fondo. Yo creo que de ese dolor va a salir una fuerza increíble para enfrentar este problema”, contesta.

–Tienes una esperanza, a pesar de todo…

–No solamente tengo una esperanza, casi siento una certeza de que así va a ser porque en México somos fuertes como familia y de ahí surge la fuerza de todos los países chingones.

–Ustedes, como familia, ¿qué van a hacer?

–No nos vamos a ir de México, vamos a encontrar a los responsables de este crimen y queremos sentar un precedente para que se pueda hacer lo mismo en los casos donde suceden los crímenes.

Esta entrevista se publicó el 10 de noviembre de 2019 en la edición 2245 de la revista Proceso

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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