Documental sobre la desaparición del poeta Samuel Noyola

Diego Enrique Osorno. Foto: Columba Vértiz

Hace dos décadas, el cineasta regiomontano Diego Enrique Osorno conoció a su paisano Samuel Noyola, poeta protegido de Octavio Paz, poco después de la muerte del Nobel de Literatura en 1990. Pero cuando Osorno intentó reencontrarse con Noyola diez años despúes, se dio cuenta que simplemente se había esfumado. Esta es la intriga de su nuevo documental, Vaquero del mediodía, donde intelectuales y artistas van en busca del poeta desaparecido. 

MORELIA, Mich..- Desde el 2009, el periodista, escritor y cineasta Diego Enrique Osorno inició una ardua búsqueda, con cámara en mano, del poeta Samuel Noyola (8 de febrero de 1965, Monterrey, Nuevo León), quien se encuentra desaparecido.

El resultado es un documental titulado Vaquero del mediodía (como se denomina el mismo Noyola), donde escritores, periodistas y fotógrafos platican de su poesía; su acercamiento con Octavio Paz, su participación como guerrillero en la Revolución Sandinista, su alcoholismo; un poco su intervención en el cine y las últimas veces que lo encontraron en la calle deambulando.

Osorno (Monterrey, 1980) menciona en entrevista que conoció al autor de Nada sabe mi llama y Tequila con calavera hacia 1999 en su ciudad natal, poco después de la muerte de Octavio Paz:

“Lo vi cuando se va a Monterrey porque en la Ciudad de México empieza una especie de venganza contra él por haber sido un poeta gracias a su obra, y no a sus apellidos o sus relaciones, con consideración especial dentro de la constelación del Premio Nobel de Literatura 1990. Tras la muerte de Paz se empieza a marginar a Samuel y a atacarlo. Noyola llega a Monterrey con su vida nómada que ha llevado e igual en esa metrópoli se le empieza a menospreciar catalogado como un indigente, un vagabundo.”

Los entrevistados en Vaquero del mediodía (que se entrenó en la 17 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia) son Armando Alanís Canales, María Belmonte, Ernesto Cardenal, Jennifer Clement, Rogelio Cuéllar, Horacio Costa, Guillermo Fadanelli, Paz Flores, Fernando García Ramírez, Marcela Guerra, Guillermo Meléndez, Carlos Martínez Rentería, Héctor Noyola, Dayana Ornelas, Marie-Jo de Paz, Eduardo Antonio Parra, Carlos Porras, Ivonne Rodríguez, Francisco Serrano, Jorge Sposari,  Eduardo Vázquez, Julio Valle Castillo, Juan Villoro y Eduardo Zambrano, entre otros.

Osorno –creador de libros El Cártel de Sinaloa, La guerra de los Zetas, Slim, Nosotros somos culpables y Un vaquero cruza la frontera en silencio (los dos últimos adaptados al teatro)– precisa que tenía 18 años de edad cuando trató con Noyola:

“Me impactó. Era reportero de un periódico de Monterrey. También escribía poesía, y luego me atreví a leer su obra y me pareció deslumbrante, porque abordaba los tópicos que me interesaban como poeta. En Samuel se conjuga a veces el infrarrealismo y la poesía exquisita de Paz. Ahí decido enfocarme al periodismo y no acumular la larga lista de poetas fallidos que puede haber o no en el país. Esa conexión con él se me quedó para siempre.

“En el 2009 decido buscar a Samuel. Yo estaba a punto de cumplir treinta años de edad y empecé con mis reflexiones de vida, de todos los pasos que queremos valorar, de lo que uno ha hecho, y decido buscarlo para tomar algo y platicar con él.”

Pero Osorno se dio cuenta que Noyola se había esfumado.

“Me di cuenta que no está. En Monterrey me dicen que se encuentra en la Ciudad de México; en la Ciudad de México que se halla en Monterrey, algunos cuentan que en Nicaragua, otros que en España e incluso, que en Estados Unidos. Y mientras voy preguntando por él, recupero testimonios muy diversos, muy contradictorios y fascinantes para mí sobre la vida de un creador que admiro.”

Realizador de los también documentales El alcalde y 1994 para Netflix, especifica que se imaginó que el primer documental sería Vaquero del mediodía; “sin embargo, la búsqueda se volvió cada vez más intensa y sin querer empató con este problema de las desapariciones forzadas que existen en el país”.

Fidelidad a sí mismo

Osorno resalta que la poesía en la sociedad contemporánea es el tema del filme, de 102 minutos:

“Qué lugar se le ha dado a la poesía, si es que aún posee un lugar, como dice Fadanelli en la cinta, en una sociedad como ésta: mentecata, antifilosófica, narcisista; o como Martínez Rentería menciona, en un país como el nuestro donde se admira más a un narco que a un poeta.”

Jennifer Clement enfatiza en la película:

“Yo me acuerdo cuando salió su libro. Era sorprendente ese momento. Sentías que estabas con un poeta. Tiene el don; es un regalo de Dios, lo tienes o no lo tienes. Para mí, lo más fascinante de Samuel no es que no lo encontramos o la vida que vivió. Para mí, lo más fascinante de Samuel es su poesía. La última vez que lo vi estaba acostado en la calle, con unos trapos encima, sucio, sucio… Las uñas negras, negras, sin dientes, con el cabello todo aplastado, medio dormido, medio borracho, y pues yo ahí vi la muerte.”

En el largometraje aparece Osorno yendo a la Procuraduría General de la República, con una detective privada, e incluso con una pitonisa vidente para buscar a Noyola, y recopila narraciones de vagabundos que creyeron verlo en la Ciudad de México y Monterrey; de amigos que piensan que ya murió y otros que sigue vivo:

“Creo que la búsqueda me llenó de hallazgos, y llena de hallazgos a la película. Había muchas personas que para los demás estaban desaparecidas, pero nosotros las hallamos.”

–Noyola fue fiel a sus ideales y su poesía.

–A muchos nos pasa que en la juventud tuvimos muchos ideales; pero la madurez y la realidad nos impulsa a traicionarlos porque hay que cuidar a los hijos o los padres o atender la salud, en fin, y algo que me apasiona de Samuel es que no traicionó nunca sus ideales de juventud. Él tuvo una visión de no trabajar para el Estado porque te vuelve un estúpido, ni laborar para los ricos porque son familias miserables. Entonces no voy a vivir de un Estado y de una burguesía más impune que yo.

“Pese a su relación con Octavio Paz, le llamaba aristogatos a la corte alrededor del autor de Blanco y Ladera este. No era alguien que estuviera dependiendo de su relación con Octavio Paz para realizar su obra, para vivir la poesía…”

–El personaje está contra el sistema, desea ser libre incluso en el amor, ¿no?

–El amor romántico, digamos, era para él la búsqueda de musas. Samuel necesitaba inspiración constante por eso debía tener experiencias muy diversas y muy complejas. El amor es una de las experiencias siempre más radicales y él tenía quizá esa visión del amor. De buscar en esas relaciones la inspiración para poder seguir desarrollando una visión y construyendo una obra poética. También era un poeta del siglo XVI, era totalmente quevediano. Su primer libro es Nadar sabe mi llama, retoma el título de un verso de Francisco de Quevedo. En ese sentido era como un clásico.

–¿Por eso se va a los extremos?

–Sí. La inspiración se vuelve una dependencia, una necesidad vital.

Ojos de Octavio Paz

Noyola publicó un poema en Vuelta dedicado “a los hermosos ojos azules de Octavio Paz”, el cual fue un escándalo. En Vaquero del mediodía se resalta que la relación de Noyola con Paz era de padre a hijo; pero le enojaban los fuertes rumores de que “hacía un trío con Marie Jo”.

–Usted entrevista a Fernando García Ramírez, de la revista Vuelta, ¿no charló con Enrique Krauze y a otros de esa revista?

–Krauze nos dio algunos materiales para la investigación, como cartas, correspondencia con Samuel y Paz. Creo que la visión de Vuelta está reflejada en buena medida con García Ramírez, a quien Paz le ordenó publicar Tequila con calavera, un libro muy controversial. Algo que no sale en el documental es que en esa colección, donde se le publica a Samuel, sólo había poetas como Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire, poetas ya canonizados. Entonces sí es un escándalo. Le pedí entrevista a Christopher Domínguez y no aceptó. Ese es el testimonio que hubiera sido interesante incluir, porque no me explico cómo Samuel ha sido ninguneado por un crítico como él cuando tantos autores valoran la obra de Samuel, independientemente del personaje.

Osorno le pregunta a Marie-Jo para la película si era verdad que Paz había valorado realmente a Samuel como poeta, y ella tajante le responde que sí. El periodista concluye:

“Samuel era hijo metafórico de Paz, pero también de la Revolución Sandinista. Era capaz de interactuar con los infrarrealistas, como con Mario Santiago Papasquiaro, igual con Horacio Costa, y los poetas más clásicos. Samuel lleva hasta las últimas consecuencias un ideal… No claudicó, y eso lo llevó a desaparecer. En el largometraje trasciendo el estigma de que Samuel era un borracho más.”

Osorno ofrecerá la clase magistral Contar la realidad. El caso de 1994, en la octava edición del sudcaliforniano Festival de Cine de Los Cabos, a efectuarse del 13 al 16 de este noviembre. Hablará sobre el auge de las series documentales de investigación y de los retos que enfrentó como realizador del proyecto 1994 en Netflix.

Este texto se publicó el 10 de noviembre de 2019 en la edición 2245 de la revista Proceso 

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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