“Tiempo sin pulso”: un hastío que se contagia

En la cinta "Tiempo sin pulso" (México, 2019), la directora Bárbara Ochoa En la cinta "Tiempo sin pulso" (México, 2019), la directora Bárbara Ochoa

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- En la cinta Tiempo sin pulso (México, 2019), la directora Bárbara Ochoa decidió abordar en la ficción las razones por las que algunas personas deciden no vincularse sexualmente con otras. El resultado es una cinta cargada de hastío, capaz de matar de aburrición a un amplio rango de espectadores.

La cinta gira en torno a Bruno (Andrés Lupone), un chico de 18 años que vive atormentado y lleno de culpa, sentimientos que lo mantienen en una lucha contra sus impulsos sexuales, lo cual se traduce en un problema para “disfrutar de la vida”.

Bruno vive con sus padres (interpretados por Rubén Pablos y Carmen Beato), quienes están relacionados con el ámbito académico; no sabemos bien qué hacen pero tienen una casona enorme, la cual es atendida por su empleada doméstica.

No sólo Bruno padece una serie de sentimientos desagradables, sino también el resto de la familia, sobre todo su madre, quien parece estar sumida en una crisis. ¿La causa? Ya lo descubriremos más adelante, pero de una y otra manera son incapaces de disfrutar de su vida. 

Principalmente la cinta nos mostrará el día a día de Bruno y su incapacidad para relacionarse con todo mundo y de continuar con sus estudios. A la hora de duración apenas iremos comprendiendo qué pasa con el protagonista, y casi casi hasta el final presenciaremos una resolución del conflicto interno del personaje de manera casual; o sea, no era necesario esperar más de una hora para conocer el desenlace de la historia de Bruno. 

Tiempo sin pulso, con personajes que deambulan de un lugar a otro sin ganas de vivir, más el hastío, consigue salir de la pantalla para atacar al espectador… los personajes nos contagian su falta de interés por la vida y también las ganas de seguir viendo la cinta.

Los diálogos van de lo explicativo a lo intrascendente, acompañados de pésimas actuaciones, empezando por la del protagonista, quien no parece actuar que está deprimido y aparenta estar realmente deprimido. El resto de los actores jóvenes sólo leen sus textos como si estuvieran leyendo en clase. 

Lo más rescatable es la fotografía de Sebastián Hiriart. Por cierto, la cinta se filmó en un formato cuadrado. ¿Por qué? Quizá porque uno de los personajes femeninos va sacando polaroids de lo que le llama la atención. En fin…

Tiempo sin pulso es una película que parece más un ejercicio de escuela.

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