El siglo de la hoz y el martillo

Campa ingresó al Partido Comunista Mexicano en 1927. Foto: Marco Antonio Cruz Campa ingresó al Partido Comunista Mexicano en 1927. Foto: Marco Antonio Cruz

Los grandes logros en temas de políticas sociales a lo largo del siglo XX no se entienden sin analizar el papel que jugó el Partido Comunista en la historia mexicana. Válidamente, puede decirse que la actual izquierda mexicana no se explica sin la existencia de la hoz y el martillo entrecruzados. La tenaz lucha de esa agrupación es narrada aquí por Jorge Alcocer, uno de sus más distinguidos militantes.

A la memoria de Eduardo González Ramírez, colaborador editorial de Proceso

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Este lunes 25, a las 12:00 horas, en solemne ceremonia que será presidida por el presidente López Obrador, los restos mortales de Valentín Campa Salazar serán depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres. Entre los asistentes estaremos algunos que convivimos con el viejo dirigente comunista, trabajador ferrocarrilero, preso político en Lecumberri (1959-1971), candidato presidencial sin registro legal en 1976 y diputado federal en la LI Legislatura (1979-1982). En 1989 Campa participó en la fundación del PRD, partido en el que militó hasta su muerte, en 1999.

Lo que seguramente la mayoría de los asistentes al Panteón de Dolores no sabrán es que Valentín Campa ingresó al Partido Comunista Mexicano en 1927 y que como dirigente obrero y militante comunista participó en 1936 en la fundación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), junto a otro inolvidable dirigente también comunista y obrero, Miguel Ángel Velasco, quien compartió estancia con el escritor José Revueltas, entonces joven militante del PCM, en las Islas Marías, que al prolífico escritor y ensayista nutrió para escribir su más conocido relato, Los muros de agua.

Tampoco sabrán, nadie se los ha contado y es difícil encontrar libros de historia que consignen esos hechos, que Valentín Campa fue contemporáneo de otros comunistas que estamparon su impronta en la historia de México en múltiples campos. Como Úrsulo Galván, dirigente campesino fundador de las ligas de comunidades agrarias, de las que nació, en los años treinta del siglo XX, la Confederación Nacional Campesina (CNC). Todavía se puede ver en la carretera de Orizaba a Veracruz el monumento, en forma de pirámide, dedicado a ese comunista, y que en sus cuatro costados tiene por decenas el emblema del PCM: la hoz y el martillo.

Valentín convivió con Herón Proal, un singular comunista de los años veinte y treinta, quien hasta la fecha sigue en espera de un biógrafo. Proal fue fundador del primer sindicato de prostitutas del que se tenga noticia, en su natal Veracruz, donde también organizó asociaciones de inquilinos en defensa de sus derechos. No menos intensa fue la relación de Campa con artistas que mantuvieron con el PCM una tormentosa relación, más semejante a la de apasionados amantes que a una militancia política, como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Tina Modotti y otros destacados escritores, pintores, escultores, músicos y artistas de renombre nacional e internacional.

No es exageración escribir que la historia del México posrevolucionario (1920-1940) no se entiende ni se podría explicar sin la participación del Partido Comunista Mexicano. Organización fundada un 24 de noviembre de hace 100 años (1919); fue disuelto por voluntad de sus militantes y dirigentes el 24 de noviembre de 1981. Así se dio paso a una nueva formación, el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), que se transformó en Partido Mexicano Socialista (PMS). En mayo de 1989 esa fuerza cedió su registro legal y patrimonio al Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que se desprendió, en 2014, eso que hoy se denomina Morena, que obtuvo su propio registro y en ese sentido, aunque sólo en ese, puede presumir no deber nada al PCM.

El PCM fue, por su trayectoria y herencia, uno de los partidos que merecen ser considerados “históricos” en el México del siglo XX. Junto al PRI y el PAN, fundados 10 y 20 años más tarde, respectivamente, el PCM fue más constructor de organizaciones que de instituciones, pero su impronta está marcada en buena parte de la historia mexicana a partir de los años veinte. El PCM fue un “partido histórico” en el sentido que el intelectual y dirigente comunista italiano Antonio Gramsci dio al concepto. Por eso, cabe afirmar que sin su trayectoria y herencia es imposible entender el arribo al gobierno de México de algo que, aunque no se sepa o no se admita, está emparentado, en línea directa, con la historia de los comunistas mexicanos.

(Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2247, ya en circulación)

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