Comunismo de salón, uno real y Tapachula

La Estación Migratoria Siglo XXI, en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Foto: Xinhua/Quetzalli Blanco La Estación Migratoria Siglo XXI, en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Foto: Xinhua/Quetzalli Blanco

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Escribo este texto al saber de hechos cuyos contrastes o paralelismos producen paradojas que sacuden y aleccionan. Es necesario relacionar acontecimientos de otras naciones con los nuestros para trascender la visión aldeana y ensimismada que predomina y ubicar lo nuestro en un horizonte dilatado. Aquí van algunos de ellos: campos de concentración, persecución y adoctrinamiento de minorías étnicas y religiosas en la comunista China. Censura, acoso e intimidación extraterritoriales por parte de esa misma China. Insurgencia democrática en Hong Kong.

Aquí los otros hechos: lamentos del comunismo mexicano de salón, a los pies del trumpismo, por la resistencia boliviana contra una larga opresión antidemocrática. Tapachula convertida en campo de internamiento de refugiados centroamericanos pobres, de prostitución forzada de refugiadas en la miseria y de semiesclavitud de jornaleros migrantes en plantaciones que remedan las de la Cabaña del Tío Tom.

Tapachula desnuda y proyecta al mundo la realidad mexicana. La desnuda porque México hace con el refugiado pobre de Centroamérica y África lo que aborrecemos se nos haga a nosotros, a nuestros hermanos mexicanos que emigran a los Estados Unidos. Eso es lo más inmoral que hay, la peor corrupción, tanto social, política como económica. Se violenta de manera flagrante la Regla de Oro donde habita toda la ley como dicen Talmud y Evangelio. Lo demás es patraña, fariseísmo.

I

Hablemos de esos hechos contrastantes. En la China del siglo XXI, pujante en economía, un millón de chinos de la etnia uigur, minoría musulmana que habita en Xinjiang, están presos en campos de concentración. Allí son sometidos a tratamientos de adoctrinamiento en condiciones infrahumanas, según testimonios de uigures que han logrado escapar del infierno. Dicha etnia es vigilada constantemente a través de medios informáticos desplegados masivamente. Medios utilizados para acosar, detener y en su momento encerrar a estos discriminados ciudadanos chinos.

Esta represión totalitaria ha sido desenmascarada a raíz de la filtración de documentos secretos -los cables confidenciales de Pekín- al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Documentos esos compartidos por ICIJ a medios internacionales, entre ellos El País, cuyo reportaje del 26 de noviembre de Ó. Gutiérrez y D. Grasso, revela este drama humano.

Así mismo, China “utiliza su red de embajadas en distintos países para extender el acoso a la etnia uigur”. Un uigur con destino a cierto país que no exigía visado, en su escala en aeropuerto de Qatar, fue localizado por “el gran hermano chino” que exigió su deportación. Ésta fue impedida por intervención de Estados Unidos, gracias a que el propio uigur inició en la red una campaña de resistencia como lo comenta El País.

En esa misma China comunista de hoy, templos católicos son confiscados y transformados de un día para otro en lugares de culto a los mandamás chinos. Se descuelgan y arrinconan imágenes sagradas de la Santísima Virgen, San José y el Niño para en su lugar colgar retratos de tales autoridades a cuyos lados se escriben eslóganes de propaganda comunista.

Así sucedió en la ciudad de Ji’an perteneciente a la provincia de Jiangxi, donde un templo católico cuya construcción finalizó este año, fue confiscado en el pasado septiembre por autoridades locales, y en cuya asta pende una bandera roja para escarnio de los creyentes. Lo anterior según información publicada en la revista especializada en libertad religiosa y derechos humanos en China, “Bitter Winter” del 25 de noviembre de 2019.

Y como lo relata Damien Cave en el New York Times del 30 de julio de 2019, la censura e intimidación del régimen comunista chino alcanza los campos universitarios de Australia y Nueva Zelanda. Estudiantes hongkoneses que en tales universidades se manifestaban públicamente a favor del movimiento prodemocrático de Hong Kong, fueron blanco de intimidación violenta por parte de bien entrenadas gentes propekín.

Y como contrapartida paradójica, en estos días, valientes demócratas hongkoneses dan una lección al mundo rebelándose contra los intentos de opresión de la China comunista. Comunista y totalitaria, por ende, con sus campos de concentración y adoctrinamiento, censura y acoso extraterritoriales, allanamiento sacrílego de templos católicos.

En las elecciones municipales del pasado domingo 24 de noviembre en Hong Kong, arrasaron en las urnas con el 85% de las concejalías en juego, esos valerosos hongkoneses, defensores de libertades básicas frente al totalitarismo chino. Victoria esa aplastante, alentadora. Aquí en México, la Ley Bonilla, respaldada expresa o tácitamente por morenistas, hace gala de desprecio hacia los procesos democráticos. ¡Qué triste y alarmante contraste!

Los hongkoneses amigos de la libertad, viviendo bajo la cercana amenaza del totalitarismo comunista chino, resisten heroicamente por conservar la libertad. Y en Bolivia y fuera de ella, evistas de hoz y martillo luchan contra esa libertad democrática. Por fortuna pronto habrá nuevas elecciones en dicho país. ¡Qué contraste!

Y en México, comunistas de salón, sumisos al trumpismo racista, se rasgan las vestiduras por la caída de un régimen boliviano adversario de división de poderes y democracia. Caída que es fruto de una insurgencia cívica harta de manipulaciones electoreras y adoctrinamiento. Los comunistas creen que todo mundo es como ellos: despreciadores de la democracia. Pero no es así. Hong Kong y la Bolivia libre lo demuestran con creces. ¡Qué paradojas!

El comunismo es intrínsecamente perverso porque niega a Dios y a la vez lo combate rabiosamente. Perverso porque patrocina el odio de clase. Perverso porque pisotea dignidad y libertad de cada persona humana, subordinándola toda al Estado omnipotente en aras de utópica felicidad que se posterga hasta el final de los tiempos.

Y sin Dios, todo se vale como lo han dicho Dostoievski y Nietzsche. Todo, adoctrinamiento, violencia extrema, traición, encerramiento infernal de millones en campos especiales, ejecuciones y asesinatos masivos. Lenin, Stalin y Hitler, hermanos en aterradores crímenes. Gulags soviéticos, purgas brutales entre marxistas y campos de concentración nazis lo testifican. Y no obstante esa historia, el guion de sistemas dictatoriales se sigue escribiendo en varios países.

La respuesta contra comunismo, urfascismo y neoliberalismo, es el solidarismo político que concilia libertad y justicia como el de K. Adenauer, A. De Gasperi y seguidores. Solidarismo que llama a la cooperación comunitaria en contraste con el marxista odio de clase que destruye tejido social y pluralismo.

II

Finalmente, como corolario, un paralelismo con otros lugares del orbe donde el diferente sufre injusticia e iniquidad. Tapachula es uno de ellos donde se vive el drama de degradación de la dignidad humana. Sus campos convertidos en sitios inhumanos de concentración de refugiados centroamericanos pobres. Lugares donde se violentan sus derechos de libre tránsito hacia Estados Unidos para recibir refugio. Campos donde se les usa como instrumentos de carga o placer. Derechos esos consagrados en nuestra constitución y en tratados internacionales.

Y mientras tanto al margen de la amarga tragedia humana chiapaneca, la 4T elogia a comunismo y evismo e implícitamente a sus prácticas políticas. Y sin embargo en materia económica, la 4T es notoria y selectivamente neoliberal y plutocrática con sonrientes consejeros multimillonarios, los Romo, Slim, Salinas y otros neomorenos. Una vela al demiurgo y otra al diablo como se dice. Y también en medio de amargura y violencia rampantes, se debate acaloradamente si hay o no recesión, si se le llama o no estancamiento, desaceleración; si el buen fin fue o no exitoso.

Los reportajes críticos de Elena Reina en el periódico El País de estos días sobre Tapachula, son terribles: jornaleros humillados, mujeres refugiadas obligadas a prostituirse a diario para pagar la renta de un cuartucho de 9 metros cuadrados donde se hacinan cuatro o cinco personas, incluyendo niños. Cuartuchos equipados con piso áspero, un simulacro de mesa con unos vasos encima y nada más. Reseñas sobre la situación de refugiadas que, para sobrevivir, se venden a homúnculos sudorosos al precio de un refresco en una “terraza de Madrid”. ¡Qué drama tan hondo de tristeza!

Reseñas que retratan una tragedia humanitaria sin precedentes, cuyo rostro desenmascarado y herido es visto con culpable indiferencia por mexicanos y gobierno.

He aquí unas palabras de Elena Reina en su texto sobre “las Cautivas de Tapachula”: “Un sitio al que se llega como se puede y se sale deportado en un autobús. Lo más parecido que hay en América a un campo de refugiados, sin lonas blancas ni apenas ayuda humanitaria que los libre de la miseria. Y aquí, atrapados, no tienen otra opción que resistir. Eso es lo que lleva haciendo Marbella desde que puso un pie en Tapachula, hace más de dos meses…”.

El gobierno, conforme a derecho y decoro, debió acudir a las disponibles instancias internacionales de comercio para defenderse de la amenaza arancelaria, en lugar de someterse de inmediato al trumpismo para asumir el triste papel de muro de contención de refugiados pobres. Sacrificar dignidad y derechos fundamentales de personas pobres con fines de eficiencia económica: típico rasgo de injusto utilitarismo neoliberal.

Y en otro momento hablaré de las plantaciones de Tapachula donde jornaleros migrantes son tratados como semiesclavos de la gleba moderna. Jornaleros que llevan sobre sus encorvadas espaldas 30 o más kilos de plátano en cada arrastre que se multiplica dolorosamente para ganar una miserable paga al día, sin seguridad social, sin esperanza.

Que esos reportajes críticos despierten la conciencia mexicana es nuestro deseo. Sin esa conciencia de generosidad mínima, el presente se hunde en vanidades y el porvenir se desvanece.  Que en México no se haga con el refugiado pobre lo que aborrecemos se nos haga a nosotros como mexicanos en el racista país norteño. Termino con Albert Camus en su texto: el Exilio de la Belleza y con una frase recogida de García Terrés en su Reloj de Atenas. Aquí la primera: “No se trata de enaltecer la belleza por sí misma. No rescataremos la grandeza y la serenidad de nuestro tiempo, si no seguimos al hombre en su desdicha. Esta época es la nuestra y no debemos evadirla”.

Y la otra citada por Terrés: “podrá faltar en los desayunos griegos el pan y la leche, lo que nunca falta es una declaración del brigadier Patacós”.

Dedico este texto a esos refugiados y refugiadas centroamericanos que son acorralados en Tapachula. Sepan que hay mexicanos que no evaden esta época nuestra, siguiendo al hombre y a la mujer en su desdicha, medida insobornable de la grandeza humana según Federico Nietzsche, haciendo nuestro tal dolor con la esperanza de que pronto se vea aliviado por la perseverancia de llegar al país del norte, por la Providencia y la debida rectificación del gobierno.

 

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