La policía de Coscomatepec, Veracruz, “protectora” de delincuentes

COSCOMATEPEC, Ver. (apro). – Crisanto Valiente, activista y gestor social de Ixhuatlán del Café, camina sobre la plaza Nicolás Bravo en Coscomatepec en las altas montañas de Veracruz.

El sol picoso de la sierra cae a plomo a 25 grados centígrados. Me guiará con las familias de tres personas desaparecidas el 8 de octubre en un retén policíaco en Ixtaczoquitlán. Mientras caminamos, Crisanto habla de la situación complicada de inseguridad: robos, desaparecidos, extorsiones y secuestros.

Cuando se dispone a atravesar la calle para que abordemos su camioneta, descubre in fraganti a un delincuente queriendo abrir la puerta para robarla. Crisanto le reclama airadamente al delincuente y este, en lugar de huir, recurre a los golpes.

Intercambio de puñetazos y patadas durante 37 segundos, el delincuente con la boca sangrando cae al suelo. Crisanto con palabras altisonantes lo corre y este, ya de pie, nuevamente arremete a golpes.

La gente que transita sobre la carpeta asfáltica ni se inmuta. Crisanto y el otro joven de 1.70 de estatura, color de piel moreno intenso, corte de pelo tipo militar, vuelve con enjundia a los golpes. una “patada voladora” detenida por el activista vuelve a mandar a la lona al delincuente. A lo lejos, se ve que Crisanto sonríe, el activista corre a la camioneta de junto, abre la portezuela con fuerza y saca un revolver 38 super.

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Envalentonado con el arma de fuego, encañona a Crisanto al rostro, agita el arma y le apunta al torso y luego a los pies. Crisanto retrocede, se quiere cubrir el cuerpo en la carrocería de su camioneta vieja, se agazapa en ella. La sonrisa se desdibuja rápidamente, ahora tiene los ojos desorbitados llenos de zozobra.

Sudando frio, con las pulsaciones cardiovasculares en aumento, el reportero chifla, grita y manotea a la patrulla 003 de la Policía Municipal de Coscomatepec la cual daba vueltas en círculos sobre la plaza Bravo y el centro comercial Coppel. Ésta llega en 27 segundos que parecen eternos.

Cinco elementos bajan de una camioneta 4×4, únicamente median en el conflicto; pese a la portación de arma de fuego, no someten al delincuente. El sujeto incluso en presencia de los policías suelta dos puñetazos más en el rostro a Crisanto. Los uniformados solo reconvienen al agresor de palabras y hacen como que lo toman del brazo para que se repliegue.

Con teléfono móvil en mano, el activista pone de conocimiento al alcalde perredista, Serafín González, que sus elementos no quieren detener al sujeto que intento robarle la camioneta y lo amenazó con arma de fuego. El alcalde le pide que se serene y que cuando quiera será recibido en el Palacio Municipal.

Crisanto Valiente no se queda conforme, con moretones en el rostro, un derrame en el ojo que va en aumento y la camisa desgarrada, decide ir a la comandancia municipal para “poner una queja” de los oficiales que trataron como a uno de los suyos a un sujeto armado que intento robarle su camioneta.

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Han pasado 10 minutos y, de la Plaza Bravo al Ayuntamiento, Crisanto se hizo seis minutos en el traslado. La unidad 003 de la Policía Municipal tardó 50 minutos. De forma bizarra, el tipo llega sin ser esposado y caminando delante de los policías, quienes lo siguen como si vinieran escoltándolo.

Adentro de la comandancia, ubicada a un costado del Palacio Municipal, el director de seguridad pública, Servando Cabal, le confiesa a Crisanto que “no hay ningún reporte de que en la riña realizada enfrente a la Plaza Bravo se haya visto un arma de fuego” y, por ende, “no lo puedo poner a disposición de la Fiscalía Regional”.

“Lo sorprendí in fraganti en el intento de robo, […] los policías vieron cómo tenía un arma de fuego, […] un reportero vio, él mismo llamó a la patrulla”, alegatos en vano del activista.

De forma tajante, Cabal le indica que a la comandancia llegó sin arma, razón por la que el delincuente -del que no quisieron proporcionar sus datos- quedará en libertad en unos cuantos minutos.

Afuera del Ayuntamiento hay un tianguis vistoso que monta cada lunes. Mientras Crisanto alega en la comandancia en busca de justicia, platico con los comerciantes, me explican los usos y costumbres de esta región: los lunes son conocidos como el día de atracos, la delincuencia regional sabe que al haber tianguis la gente “jala dinero”, también viene mucho comerciante foráneo y es hasta de “rutina” que al inicio de semana haya robo de autos, robo de camionetas con mercancía, asaltos a mano armada, ante una lentitud extraordinaria de la Policía Municipal que sólo se entiende a través de una aceitada sinergia de complicidad.

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Un vendedor de tenis lo explica así: “los policías ya están ciscados, en los primeros meses del año cinco de ellos fueron secuestrados y torturados en una casa de seguridad en Tetelcingo -comunidad de Coscomatepec-. Ahí, una célula criminal les leyó la cartilla, la policía tendría que ser permisiva con el uso de sus actividades ilícitas. Hacer como que vigilan sin proteger”.

Ante la disminución del robo de “huachicol” que beneficiaba a delincuentes, policías, trabajadores de Pemex, empleados municipales y demás eslabones de complicidad en la cadena, los delitos se han tenido que diversificar… y así ha sido.

Los policías fueron liberados un par de días después y se establecieron los acuerdos para trabajar. Como antecedente regional, a mediados del 2018, “Polo”, uno de los últimos comandantes de la Policía Municipal en Huatusco -una ciudad vecina-, fue “levantado” por la delincuencia organizada para torturarlo, privarlo de la vida y flagelarlo quemándole los testículos, al parecer con un soplete.

Crisanto sale ofuscado de la comandancia, un policía de 1.80 de estatura, con el vientre sumamente abultado, rondando los 122 kilos de peso, sale a reconvenir de forma poco amable al activista para que invite a dos amigos que ahí han llegado a acompañarlo a su causa, y al reportero a que se retiren, porque nada tienen que hacer ahí. El activista es “invitado” a pasar a ver al alcalde, Serafín González, quien lo recibe casi de inmediato.

¿Qué te dijo?, se le cuestiona: “no me dijo ni madres, me lleno de abrazos y ya. Que ahí quede la cosa (sic)”.

Al salir del Ayuntamiento, Crisanto vuelve a ser interceptado por el tipo con el que se golpeó en las afueras de la plaza, acompañado de tres sujetos más, éste lo encara y le pide que “ahí muera la cosa”. En clara alusión a que no presente denuncia en la Fiscalía General del Estado (FGE). De paso recrimina al reportero si ha sido grabado. Se le explica que no. Insiste con un “¿seguro que no me grabaste?” Se retira con actitud retadora.

La unidad policíaca 003 de Coscomatepec sigue al reportero y a un acompañante hasta que ven que estos abordan un taxi y se cercioran que han salido del municipio en la carretera federal. Un par de minutos antes, uno de los acompañantes del sujeto armado nos alcanza en los sanitarios del hotel “San Antonio” ubicado a un costado del parque principal y de forma cortes, pero firme consigna un mensaje de la gente de Tetelcingo.

“Le agradezco mucho que de esto no se haga un escándalo, ni vaya a salir en algún periódico o página de internet. Porqué ahí sí, se desataría un problema con los amigos malandros de Tetelcingo. Sé que son periodistas, pero mejor dejémoslo así, que necesidad de que haya problemas”.

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