Para millones de sirios, otro invierno en tiendas de campaña

Montaha, de 16 años, originaria de Alepo, Siria, camina con su hija de dos meses tras llegar al puerto de Elefsina, cerca de Atenas, el 22 de octubre.. Foto: AP / Petros Giannakouris Montaha, de 16 años, originaria de Alepo, Siria, camina con su hija de dos meses tras llegar al puerto de Elefsina, cerca de Atenas, el 22 de octubre.. Foto: AP / Petros Giannakouris

GINEBRA, Suiza (apro).- Millones de sirios volverán a pasar otro gélido invierno fuera de casa, en tiendas de campaña, con la humedad hasta los huesos, en condiciones extremadamente difíciles y recibirán el nuevo año ante un panorama desolador luego de ocho años de guerra civil y sin ninguna luz al final del túnel, pues cada vez se ve más difícil una salida política al conflicto.

La Agencia de Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA) afirma que la gravedad, la escala y complejidad de las necesidades de millones de personas a través de Siria “siguen siendo profundas y de largo alcance”.

Más de la mitad de la población del país, 5.5 millones de personas, ha abandonado sus hogares y buscado refugio en otros países y 6.1 millones de personas están desplazadas internamente. De este gran total de 11.7 millones de personas, OCHA estima que más de tres millones enfrentan “agudas necesidades humanitarias”.

“El pueblo de Siria se enfrenta de nuevo a otro gélido y difícil invierno”, dice a Proceso Imran Riza, coordinador humanitario de la ONU para Siria.

“Muchos de los millones de personas desplazadas en Siria viven sin electricidad o calefacción. La ONU y sus socios humanitarios han estado activos en hacer llegar asistencia a estas personas para enfrentar el invierno, incluyendo la distribución de artículos de primera necesidad como mantas térmicas, estufas, combustible para calefacción y ropa de invierno”.

“Sin embargo, todavía esperamos recursos para apoyar al menos a tres millones de sirios con los elementos vitales para que puedan sobrevivir este invierno”, aclara Riza, dada la reciente crisis en el noreste de Siria en donde existe una mayor necesidad de proporcionar apoyo a las familias desplazadas por la ofensiva turca contra los kurdos.

“El número de personas necesitadas en el noroeste de Siria también ha aumentado”, lamenta Riza, precisando que los organismos humanitarios de la ONU han pedido para 2020 un total de 864 millones de dólares para la crisis de desplazados internos en Siria y los refugiados en países vecinos como Egipto, Jordania, Líbano, Irak y Turquía.

Respecto a la niñez, la portavoz de UNICEF, Marixie Mercado, ofrece números “desalentadores”. Alrededor de cinco millones de niños, 2.6 desplazados internos y 2.5 millones de refugiados, necesitarán equipo especial para resistir las bajas temperaturas.

Pero debido a la falta de presupuesto, el organismo se propone ayudar al menos a 356 mil niños con kits de ropa de invierno, ya que, según detalla las operaciones de emergencia de UNICEF que se han llevado a cabo durante el año, han sido fondeadas al 60%, es decir que de los 295 millones de dólares solicitados en 2019 “hemos recibido 180 millones”.

“Creo que este invierno no será fácil”

De cientos de miles de historias de personas que se han visto forzadas a abandonarlo todo, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) relata la odisea que han vivido Jamila y su hijo Arosh.

Jamila cuenta su historia sentada sobre una losa de hormigón ante su tienda en el campamento de Bardarash, hogar de más de 13 mil personas refugiadas llegadas recientemente del noreste de Siria, mientras su hijo juguetea bajo un tenue rayo de sol que no es propio de la temporada en esta región del Kurdistán iraquí.

“Aquí llovió la semana pasada y el agua entró por un lado de la tienda”, dice. “Fue solo un chaparrón, pero se notó el cambio del estado de ánimo en el campamento cuando la gente se dio cuenta de dónde están ahora y a lo que se enfrentan”.

Hasta el mes pasado, Jamila, había vivido toda su vida en Ras al-Ain, una ciudad del norte de Siria junto a la frontera con Turquía. Permaneció en su hogar pese a los extensos períodos de dificultades e inseguridad a lo largo del conflicto en el país, que ya va para nueve años. Incluso cuando otros habitantes de la ciudad optaban por marcharse.

Pero a principios de octubre llegó el día en que ya no pudo aguantar más. “Sucedió al final de la tarde, empezaron a bombardear la ciudad”, cuenta Jamila. “Tomé a mi hijo y las cosas que fui capaz de llevar con nosotros y me marché de la ciudad al anochecer junto con mi hermana y su familia. Desde el coche vimos cuerpos al lado de la carretera”.

Jamila pasó varios días cerca de la frontera iraquí antes de cruzarla a pie en mitad de la noche, bien aferrada a su hijo Arosh, de ocho años. Los montaron en autobuses junto a cientos de personas recién llegadas y los condujeron hasta el campamento de Bardarash, a medio camino entre la ciudad de Duhok y Erbil, capital del Kurdistán iraquí.

La última escalada de violencia en el noreste de Siria ha dejado más de 74 mil personas desplazadas de sus hogares dentro del país y ha forzado a unas 15 mil 500 a huir al vecino Irak en busca de seguridad.

A pesar de los esfuerzos del ACNUR para prestar ayuda a los recién llegados y los más necesitados, “la inminente llegada de las tormentas de invierno y el brusco descenso de las temperaturas amenazan con agravar una situación ya de por sí muy difícil”.

Además, las familias reciben mantas térmicas y esterillas, recubrimientos aislantes para las tiendas, láminas de plástico y estufas de queroseno con su combustible, con objeto de ayudarlas a prepararse para el invierno que se avecina, ya que en esta época del año la zona experimenta fuertes lluvias y temperaturas próximas a los cero grados.

Pese a los preparativos, Jamila tiene un mal presentimiento sobre el invierno que llega. “Ahora estamos a salvo, pero la seguridad no es la única preocupación cuando se enfrentan tantos riesgos”, comenta. “Es la primera vez que vivo en una tienda y no creo que vaya a ser un invierno fácil para nosotros ni para las demás personas del campamento”.

ACNUR calcula que 3.8 millones de personas refugiadas y desplazadas internas sirias e iraquíes en toda la región necesitan ayuda para prepararse para el inminente invierno en Egipto, Irak, Jordania, Líbano y Siria. Para muchas de ellas este será el noveno invierno consecutivo en situación de desplazamiento.

ACNUR requiere 222 millones de dólares para proporcionar asistencia oportuna a todas las personas que lo necesitan por medio de su programa de preparación para el invierno, que abarca desde septiembre de 2019 hasta marzo de 2020.

El apoyo prestado también incluye asistencia en efectivo temporal para ayudar a las familias a cubrir los costos de la calefacción y otras necesidades durante los meses fríos.

“Las continuas preparaciones de asistencia se iniciaron en septiembre y el apoyo continuará durante el invierno”, comenta a periodistas en Ginebra el portavoz de ACNUR, Andrej Mahecic.

En Bardarash, refiere, otra madre solitaria que cuida de sus dos hijos pequeños en el campamento comparte el mismo temor por la llegada del invierno. Nadira, de 25 años, pasó un invierno bajo una lona en los primeros años del conflicto, cuando se vio desplazada desde su hogar en la zona rural cerca de Alepo. “Así que sabe qué puede esperar”.

Nadira cuenta que es muy difícil pasar el invierno en una tienda porque el clima “es muy duro”. “Me preocupa que mis hijos enfermen. Me despiertan varias veces por la noche para decirme que tienen frío y yo los cobijo”.

“Cuando nos despertamos por las mañanas ya hace frío, pero no quiero desperdiciar el combustible. Sé que muy pronto hará mucho más frío”.

Llueve sobre mojado

Además de la lluvia, de las bajas temperaturas, de la desolación, se suma la violencia en el noreste de Siria. En un informe reciente Human Rights Watch denunció “ejecuciones sumarias” y “expropiaciones” perpetradas en una “zona de seguridad” establecida por Turquía en el norte de Siria para repatriar a los refugiados instalados en su territorio.

En una ofensiva lanzada el 9 de octubre, Turquía y sus aliados sirios conquistaron una franja fronteriza en el norte de Siria de 120 km de longitud y 30 km de profundidad, estableciendo de hecho una “zona de seguridad” después de expulsar a combatientes kurdos sirios.

“Turquía debería investigar las violaciones de derechos humanos, que en muchos casos son potenciales crímenes de guerra, en los territorios que están actualmente bajo su control efectivo”, indicó HRW.

“Ejecutar a personas, saquear propiedades, impedir que los desplazados regresen a sus hogares son pruebas abrumadoras que muestran por qué la ‘zona de seguridad’ propuesta por Turquía no será segura”, alerta Sarah Leah Whitson, directora de HRW para Medio Oriente y África del Norte.

“Al contrario de lo que indica la narrativa turca sobre el establecimiento de una zona segura, los grupos que utilizan para administrar el territorio están cometiendo abusos contra civiles y discriminándolos por motivos étnicos (…) Turquía es responsable de investigar y acabar con estas violaciones siempre y cuando mantenga el control sobre esas áreas”, sostiene la representante de HRW.

En su opinión el objetivo de Turquía es repatriar a los 3.6 millones de refugiados sirios que recibió desde el comienzo del conflicto, en 2011 y crear una especie de “colchón” para evitar una incursión kurda.

Shara Sido, una desplazada kurda siria, es una de las víctimas de la violencia. Recibió en el celular un mensaje escalofriante con la foto de un cadáver ensangrentado y el mensaje “venga a buscar a su hijo”.

La mujer, de 65 años, culpa de la muerte de su hijo a los grupos armados sirios apoyados por Turquía, a quienes HRW acusa de perpetrar ejecuciones, expropiaciones y “potenciales crímenes de guerra” en las regiones conquistadas en octubre en el norte de Siria.

“Ellos mataron a mi hijo a sangre fría”, denuncia Sido, aferrada a su teléfono con la foto del “monstruo” que, según ella, afirma que mató “por error” a su hijo.

Pero Shara Sido descarta una confusión. “Vienen a matar a los kurdos”, acusa.

Con el fin de proteger a su familia, se refugió en la ciudad de Qamishli, capital de facto de la minoría étnica, llevando consigo tan solo algunas cosas, recogidas a toda prisa.

Pero cuando si hijo, Rezan, de 38 años, regresó a Ras al Ain para recoger algunos papeles y prendas de ropa, fue abatido junto con otras cuatro personas que iban con él para ver en qué estado estaba su casa.

“Denunciaré sus crímenes ante el mundo”, promete.

Cada número es una persona

ACNUR lamenta que en un conflicto de larga data los medios se olvidan de que detrás de cada número hay una persona.

Para muchas personas de Siria, este será el noveno invierno consecutivo en desplazamiento, recalca Babar Baloch portavoz del ACNUR.

Entre los preparativos para la temporada los albergues para refugiados están siendo reparados y mejorados “para que sean resistentes a la intemperie”.

Las actividades incluyen mejoras en los sistemas de drenaje y otras infraestructuras, tanto en campamentos como en asentamientos informales.

Dada la caída de la temperatura y las lluvias en toda la región, los equipos del ACNUR ya están distribuyendo asistencia de invierno en Siria e Irak.

En toda Siria, explica, el ACNUR tiene como objetivo llegar a 1.6 millones de desplazados internos sirios. Se da prioridad a la asistencia para desplazados internos vulnerables y repatriados, familias recién desplazadas, personas que viven en áreas de difícil acceso y en albergues de calidad inferior, retornados espontáneos, así como personas en lugares recientemente accesibles que no han recibido asistencia en el pasado.

Las distribuciones hasta ahora incluyen el noreste de Siria, donde ACNUR, como parte de los esfuerzos interinstitucionales, ha brindado ayuda básica y artículos de invierno a más de 177 mil 500 personas desplazadas en comunidades de acogida, albergues y campamentos colectivos, incluso a más de 86 mil 500 personas en los campamentos de Al-Hol, Areesha, Roj y Mahmoudli.

ACNUR en Iraq tiene como objetivo brindar asistencia invernal a más de 660 mil desplazados internos. En Líbano está proporcionando ayuda de invierno a más de 860 mil refugiados sirios y 9 mil refugiados iraquíes que viven por debajo del umbral de pobreza.

“Durante el invierno, su situación se ve agravada por los choques económicos asociados con las condiciones climáticas adversas y la reducción de las oportunidades de ingresos ya limitadas”, agrega.

En Jordania, ACNUR está llegando a más de 310 mil refugiados sirios en campamentos y áreas urbanas esta temporada. En Egipto, planea proporcionar asistencia monetaria estacional a más de 87 mil refugiados sirios.

“Los sirios siguen siendo la población de refugiados más grande del mundo. Más de 5.6 millones viven en países vecinos y en todo el norte de África. Se estima que otros 6.2 millones están desplazados dentro de Siria. Recordemos que cada número tiene un nombre y apellido”, remarca ACNUR.

 

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