Presupuesto cultural 2020: el esquema de siempre

Protesta en Bellas Artes por el insuficiente presupuesto cultural. Foto: Carlos Enciso

El mínimo crecimiento del presupuesto cultural para el próximo año no sorprende a Eduardo Cruz Vázquez, quien encabeza el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu): Primero, porque el país no tiene más recursos, y segundo, porque el presidente Andrés Manuel López Obrador está enfocado en su política social. Del lado de quienes luchan por un incremento, señala sin embargo que se emplea mucha energía en ello, pero no en analizar cuando se trata de supervisar el gasto, por lo cual insiste en que se presente el Programa Sectorial de Cultura.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con una constante que no supera desde hace más de 10 años el 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB), el presupuesto cultural asignado por la Cámara de Diputados al para el 2020 es de 13 mil 367 millones 480 mil 531 pesos.

De ahí deberán descontarse unos 6 mil millones de pesos (mdp) para servicios laborales, “que son intocables”, y de los 7 mil restantes habrán de cubrir –además de gastos de operación (como agua, predio, luz, mantenimiento de equipos, oficinas, vehículos, etcétera)– el pago de los programas sustantivos.

Así lo explica, en entrevista con Proceso, el especialista en economía cultural y periodista Eduardo Cruz Vázquez, quien desmenuza los porqués de este presupuesto.

Y, contrario a las demandas de artistas y grupos culturales que exigieron un incremento, señala que si se ven las políticas económicas y sociales del régimen de la 4T se verá la imposibilidad de esa medida. En el primer caso, porque el país no tiene más recursos, y en el segundo porque el presidente Andrés Manuel López Obrador está enfocado en su política social.

Se recibió un incremento con respecto al presupuesto de 2019, cuyo monto fue de 12 mil 894 millones 90 mil 259 pesos, al cual califica como “inercial” pues cubre apenas la inflación.

Asimismo, se asignó un monto adicional por mil 668 mdp para el proyecto del Bosque de Chapultepec, que ya apunta a convertirse en la obra de infraestructura cultural del gobierno de AMLO, como en su momento lo fueron la Megabiblioteca Vasconcelos con Vicente Fox o la Estela de Luz de Felipe Calderón.

Indica el fundador del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu):

“Debo decir primero que, por supuesto, no puedo estar en contra de que distintos grupos o personalidades de nuestro medio cultural, sobre todo de la Ciudad de México, se manifiesten y exijan una mayor asignación para Cultura. Está bien. Lo cierto es que muchas veces hace falta mirar con más templanza y objetividad cómo se integran los presupuestos y cuáles son las señales que se lanzan a lo largo de los meses para saber, cuando se presenta el Paquete Económico, si realmente hay una expectativa de crecimiento o no.”

Si se observan “estas mínimas condiciones” no hay motivo para sorprenderse por la propuesta del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF), presentada en septiembre por el Ejecutivo a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), y que finalmente se aprobó con mínimas modificaciones el 22 de noviembre:

“Tampoco hubo mucho margen de negociación durante la discusión del paquete para aumentar la asignación a la Secretaría de Cultura (SC). Por otro lado, hay que considerar que se trata de una de las dependencias más complejas, comparada con otras secretarías de Estado, pues sostener su estructura y operación es de suyo un peso importante.

“Es evidente que en la política general del actual régimen no hay cabida para pensar en aumentos sustanciales. Sobre todo, en lo que representa gasto-inversión, están muy claras las prioridades del presidente en términos de política social.”

En su opinión, el análisis del presupuesto al sector no debe limitarse a los poco más de 13 mil millones de pesos, pues se debe sumar la partida adicional al Bosque de Chapultepec que, “hasta donde sabemos será manejada directamente por la SC, no hay mayor información pero todo hace presumir que así será, pues es un proyecto cuyo liderazgo lleva esta secretaría, aunque trabaje con otras dependencias”.

Visión global

 

Suma los estímulos fiscales que se otorgarán a través de Eficine, Efiartes y el recién creado Efilibro, con lo cual “ya no son sólo los 13 mil millones, el presupuesto se va más arriba”. Asimismo, los montos asignados a los institutos o secretarías de cultura estatales y municipales, las universidades que hacen extensión y difusión de la cultura mediante el gasto público y otras instancias, como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que relanza su proyecto de teatros, pues todo proviene del mismo gasto federal.

“Siempre he abogado por una mirada mucho más amplia del presupuesto nacional, no reducido a la SC. Es muy importante que, con el paso del tiempo y sobre todo con la posibilidad que abre el nuevo régimen, se pueda tener esa lectura amplia de cómo y por qué se tiene un presupuesto y naturalmente de cómo se utiliza. Se emplea mucha energía en la búsqueda de asignaciones mayores, pero no se pone el mismo empeño cuando se trata de supervisar el gasto.”

Puntualiza que ello involucra un tema en el cual ha venido insistiendo desde hace meses: La presentación del Programa Sectorial de Cultura, pues a la fecha no hay siquiera un plan de trabajo anual:

“Se fue el primer año de gobierno, el 2019, y no pudimos tener en nuestras manos, como ciudadanos, como estudiosos, como interesados, un documento que diga, con toda precisión, el programa de trabajo de todo el año.”

Recuerda que en sus tiempos como presidente del desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa anunciaba su plan de cada año durante los primeros meses, “quizá no con cifras, pero sí las acciones”. Luego hacían lo propio los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y de Bellas Artes (INBA). Eso “ha estado ausente” en los titulares actuales de la SC y de los institutos, no se sabe qué piensan hacer con el presupuesto autorizado:

“Por eso digo que también hay que poner energía en la vigilancia de la buena aplicación de los recursos y en conocer el programa de trabajo. Sobre todo, en cómo se van a gastar esos mil 668 millones de pesos del Proyecto de Chapultepec.”

Cruz Vázquez observa que, si bien el presupuesto para Cultura del próximo año no es suficiente, tiene un techo mayor al de otras secretarías (176 mdp). Sin embargo, no presenta cambios en su estructura, conserva la forma en la cual se asignó en gobiernos anteriores y aun antes de la existencia del Conaculta (fundado en 1988). Y un aspecto es que al menos 6 mil millones de pesos de los 13 mil millones autorizados se gastan en “servicios personales”.

En su columna “Paso libre” del portal del Grecu (https://pasolibre.grecu.mx/hacia-el-pef-2020-un-vistazo-a-los-servicios-personales-de-la-secretaria-de-cultura/), desglosa qué está incluido en esa denominación (salarios, prestaciones, compromisos contractuales). Las prestaciones y compromisos dependen de los acuerdos sindicales (y sólo en el caso del INBA existen 15 organizaciones). En 2019 se contempla un total de 5 mil 611 mdp para ese gasto, de ahí que pronostique un monto de 6 mil millones para el año próximo.

Lo “contante y sonante” para programas sustantivos son los 7 mil millones restantes, pero hay que quitarles los gastos operativos. Y ahí es donde insiste, hay que vigilar.

Drama nacional

 

En cuanto a los datos aportados por el INEGI el pasado 20 de noviembre mediante un comunicado, el especialista llama la atención sobre el PIB del sector de la cultura en el total del país en el periodo 2008-2018, plasmado en una gráfica de barras (ver recuadro).

Explica que hay tres componentes: en verde la aportación del mercado, en marrón el de la gestión pública y en amarillo la producción cultural de los hogares:

Las barras muestran que mientras la aportación del mercado ha tenido variaciones (pasó de su nivel más alto de 3.2%, en 2009, a 2.4 para 2018). La de los hogares se mantiene en 0.6%, y hay “un permanente 0.2% en el apartado de gestión pública”.

Destaca que no se ha puesto suficiente atención en ese relevante aspecto, pero es “la prueba reina del estancamiento del gasto público en cultura, es verdaderamente impresionante. ¡Son casi 11 años en los cuales el gobierno no ha podido contribuir más! Ahí se ve el drama nacional de la falta de recursos públicos”.

Se debe pensar en cómo romper esa inercia. El Inegi saca un promedio de 3.2% del PIB en cultura, sumando los tres componentes a lo largo de los diez años, en los cuales el mercado salvó en gran medida la movilidad cultural de la sociedad, es decir que no hubo un estancamiento tal cual, como señalaron algunos medios, precisa Cruz Vázquez:

“Ha habido consumo, se ha sostenido, y hay muchas empresas y mucha gente que trabaja en esto. Porque el propio Inegi dice que mientras la economía creció al 2.7% en ese periodo, cultura se situó en 3.5%.”

Señala que, aunque “no tenemos una bolita mágica”, se puede adelantar que ese 0.2% público podría bajar cuando Inegi entregue la evaluación de la cuenta 2019, en noviembre de 2020. Y se verá el tamaño de la caída, “porque la va a haber, a juzgar por los datos generales de la economía en lo que llevamos del año, lo más probable es que baje, difícilmente va a subir, quizá se sostenga, en la lógica del análisis del Inegi”.

Megaproyecto

 

Al abordar el tema del Proyecto del Bosque de Chapultepec, a cargo del artista plástico y visual Gabriel Orozco, al cual se asigna el 12.4% del presupuesto (no obstante que lo dicho durante la campaña a la presidencia es que la apertura de la antigua residencia oficial de Los Pinos, bajo el eslogan de cambiar la “Cultura del poder, al poder de la cultura” no costaría), el especialista indica que el problema es que no se conoce un “plan hecho y derecho”.

Se han perfilado algunos aspectos en entrevistas que Orozco ha dado a los medios, pero no se ha dado a conocer “un documento donde se pueda ver en blanco y negro en qué consiste el plan maestro, los detalles, los permisos, qué quieren hacer, cómo se va a gastar esa gran cantidad”.

Evalúa que si se ve en su totalidad la rehabilitación de las cuatro secciones de Chapultepec, la idea de conectarlas mediante puentes, la reforestación y el adecuamiento de los espacios en Los Pinos, “a lo mejor esos 1 668 mdp es una cuarta o quinta parte de lo que va a costar todo, la intuición básica hace pensar que el proyecto va a costar mucho más y ésta es una primera asignación para comenzar a sacar adelante el plan, pero como no tenemos un documento no sabemos cómo piensan gastar la plata”.

En ese tenor, indica que no puede afirmar si está bien o mal la asignación presupuestaria, si se piensa en un megaproyecto seguro se requerirá de una megainversión (hay que recordar que tanto la megabiblioteca como la Estela de Luz superaron con creces su presupuesto inicial). En cambio, confiesa que no ve bien la inversión en ese proyecto, “desde el punto de vista de las prioridades”.

La cuestión es por qué el proyecto no se incluyó en el Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura, anunciado por AMLO el 26 de noviembre pasado:

“Cabía perfectamente ahí, yo creo que ameritaría una inversión pública y privada, porque el problema no es hacerlo, sino sostenerlo luego. Me parece entonces que el acuerdo no sólo revela la miopía y la falta de interés del gobierno federal para entender que la cultura, como eje del desarrollo, también ameritaría una gran inversión que se está destinando a carreteras, a trenes.

“Uno hubiera esperado que este proyecto de Chapultepec se incorporara ahí, con su costo total –porque seguramente va a costar muchísimo– y en una asociación con los privados que van a ser los principales beneficiarios, por la plusvalía de toda la zona, imagínate lo que se va a incrementar con las vías de comunicación, los accesos”.

En opinión suya las secretarias Alejandra Frausto de Cultura, y Graciela Márquez de Economía, debieron haber metido proyectos de infraestructura cultural para que se viera su interés en el tema, por ejemplo, para el Programa de Cultura Comunitaria. La misma reconstrucción del patrimonio cultural dañado por los sismos de 2017 pudo entrar en ese mecanismo (lo cierto es que hasta se le recortó presupuesto).

“Falta esa mirada de sector, una mirada integradora para entender que el asunto cultural del gobierno está más allá de exposiciones, jolgorios y estas cosas, porque los datos del Inegi muestran justamente la gravedad del rezago del gasto público en general, y si el motor sigue siendo el mercado debe estimularse también de alguna forma.”

Anuncia que este lunes publicará en el portal del Grecu en internet, un artículo con un análisis de cómo se ha gastado el presupuesto de 2019, con base en información solicitada a través de solicitudes de Transparencia. Insiste en la necesidad de contar directamente en la página de la SC con la información necesaria dando un clic para descargar los documentos.

La pregunta que se le hace al finalizar es cómo solucionará el INAH, con este presupuesto, sus problemas de déficit de 900 millones de pesos que ha afectado los pagos a sus trabajadores eventuales, se han reducido plazas e incluso se ha impactado el mantenimiento e investigación del patrimonio.

Cruz Vázquez informa que todas las dependencias del gobierno arrastran pasivos que van trasladándose al siguiente año fiscal, y por lo tanto siempre tienen deuda pública. Es el caso de Petróleos Mexicanos, que debe a sus proveedores.

Lo mismo Educal, donde hace unos días Paco Ignacio Taibo II,  director del Fondo de Cultura Económica, anunció que el presupuesto que le otorgó la SHCP a la empresa le permitiría cubrir el total de adeudos a algunos acreedores, o pagarles a todos, pero con una reducción del 20% del monto total para sanear la empresa y proceder a su fusión con el Fondo. Le autorizaron 67 millones de pesos cuando la deuda es de 80 millones.

El especialista dice que ciertamente son deudas que heredaron de gobiernos anteriores, pero considera terrible que no quiera pagársele a prestadores de servicios que “ni la deben ni la temen”.

Si le entregaron libros, revistas, no puede decirles de buenas a primeras, “como si fuera un asunto de comerciantes –dicho con el mayor respeto– de la Central de Abastos, donde en la banqueta se ponen de acuerdo sobre el precio del plátano, te dicen seis y les dices te compró tres y déjamelo en cinco. Es terrible que Hacienda recurra a esto. Son de las prácticas neoliberales más gandallas, ¡y las está replicando Taibo! Cómo cambian las cosas, quién iba a decir que el escritor, el radical, el activista iba a terminar hablando como empresario y además en términos del más típico acuerdo gandalla: ‘Lo tomas o lo dejas’.”

Afirma entonces que la única manera de acabar con ese tipo de rezagos presupuestales, que tiene también el INAH, es pedirle a la SHCP adiciones al presupuesto, de lo contrario “tendrían que copiarle el esquema a Taibo, ¿no? Sería terrible”.

–¿Qué no hay mecanismos para obligar a los gobiernos salientes a no heredar adeudos?

–Desde el punto de vista moral debieron hacerlo, pero desde el legal es factible trasladar al siguiente ejercicio fiscal estos pasivos, estas deudas, pues pasan como deuda pública. El afectado puede demandar, pero el gobierno tiene el garrote.

Este reportaje se publicó el 1 de diciembre de 2019 en la edición 2248 de la revista Proceso

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