“Luciérnagas”: soledad y angustia en el exilio

Ramin, un joven gay que escapó de la persecución en su ciudad natal Teherán, Irán. Foto: Especial Ramin, un joven gay que escapó de la persecución en su ciudad natal Teherán, Irán. Foto: Especial

MONTERREY, N.L. (apro).- ¿Qué hace un joven nacido en Irán, atrapado en el puerto de Veracruz?

Luciérnagas (Fireflies, 2018) sigue las desventuras de Rami, un chico que escapa de su país para vivir libremente. Pero ese anhelo de desencadenarse resulta en una agonía, al terminar su viaje, inesperadamente, en un destino turístico, extraño y, por momentos, hostil.

La directora iraní Bani Khoshnoudi crea una película pequeña, casi diminuta, con pocos elementos narrativos, pero robusta en su propuesta emocional, donde lo que importa es el deseo de ser, el intento frustrado por asumir una identidad propia, el anhelo de asumir un estilo de vida propio, sin dictados morales, ni sociales.

Con escasa música incidental, el drama exhibe a este joven que vive en una perpetua agonía existencial. No sabe hablar español, batalla para conseguir trabajo y no encuentra la forma de escapar de este país que es subdesarrollado, como el suyo, y que no lo acepta, como esperaba. Igual que en su tierra.

Con una década viviendo en México, Khoshnoudi retrata con desgarradora precisión el drama del exilio, que bien conoce. Su punto de vista es el de este desposeído que parece un muerto en vida. Permanentemente angustiado es, prácticamente, transparente en el entorno que lo ignora. Es un migrante más en una ciudad que mantiene una rotación permanente de visitantes, muchos de ellos que van de paso, buscando encontrar el sueño americano.

Rami, interpretado brillantemente por Arash Marandi, padece una indefinición constante. Su imposibilidad para comunicarse hace que también fracase en establecer lazos afectivos. Aún peor, es repudiado por quien supone que debiera ser su respaldo. El rechazo que encontraba en su país, a causa de su propia naturaleza, se replica también en México. Enfrentándose con una realidad que lo repele, el joven se refugia en el afecto de una chica que, como él tiene, sus propios problemas emocionales, aunque en un entorno hogareño donde encuentra respaldo.

Atrapado en un limbo, el futuro es incierto. Pero su incertidumbre es la de todos en el barrio. Es acompañado, en su estancia por el puerto, por otros personajes que están, también, a punto de tomar sus propias decisiones que les cambiarán la vida. Y todos temen equivocarse, como él. Su cambio no es solo de estatus migratorio, si no, también, de emociones.

Y ahí va Rami, caminando por las calles solitarias en la noche, esperando que le cambie la suerte, para regresar, algún día a Europa donde cree que puede ser aceptado como es.

Luciérnagas es una cinta implosiva, donde todo ocurre al interior del personaje.

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