Hedi Camarena, el joven “Mago del acordeón”

El acordeonista Hedi Camarena. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Estudiante de acordeón en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el joven capitalino Hedi Camarena realizó su primer viaje en avión a Monterrey (la tierra de acordeoneros reconocidos como Celso Piña o de una figura que popularizó la música norteña y el taconazo en el cine, Eulalio González El piporro), llevándose a sus 19 años “El As del Acordeón” del V Festival Hohner, nivel intermedio.

 

Su profesor Víctor Madariaga, exintegrante de Paté de Fuá y quien organiza el Festival Internacional de Acordeón de la UNAM (Proceso, 2224), expresa sobre Hedi Camarena:

 

“Arquímides Heriberto Camarena Velasco (su nombre real) es un auténtico Mago del acordeón de los alumnos que tengo allá en la Facultad de Música de la UNAM, con una dedicación y un amor por el instrumento absolutamente fuera de serie. No cualquier chilango les gana a los regios.”

 

Hedi nació en el hospital de Pemex por la zona del Ajusco, al sur de la Ciudad de México, el 18 de septiembre de 2000. Su cariño musical lo trae en la sangre, ya que su abuelo materno (Félix Camarena Aguilar) compuso para Los Gavilanes del Norte “El corrido a San Miguel Ameyalco”, y su madre (Araceli Camarena Flores) solía cantar en estudiantinas de la colonia Ramos Millán de Iztacalco (como el propio Hedi Camarena lo haría hasta hace un lustro cuando, impulsado por ella, determinó su destino en la UNAM).

 

“De niño por parte de mis padres escuchaba a Rigo Tovar, y por mis hermanos a los españoles de Ska-P y el grupo argentino Los Pericos, de ska y reggae. A los nueve años comencé a tocar en un teclado que mi hermana tenía en casa y ya después opté por el acordeón, pues en la Estudiantina Santo Domingo de la colonia no puede uno tocar instrumentos electrónicos.”

 

Así maduró. Se autonombra “una persona de muchos sueños y también a nivel grupero”, pues “el acordeón es magia y para mí ha sido un regalo”. Cuando ingresó a la Facultad de Música de la UNAM quería estudiar piano:

 

“En casa sólo había aquel teclado de mi hermana; pero como es un instrumento con mucha demanda de alumnos –al igual que la guitarra o el violín– ingresé presentando mi examen de acordeón con uno prestado por un maestro en la estudiantina. Durante los primeros semestres generé grandes avances, y gracias a mi familia pude comprarme un acordeón de teclas.”

 

–¿Cuáles son sus artistas predilectos del acordeón?

 

–Me gusta el ska de Ska-P, y la cumbia colombiana de Armando Hernández. O de Aniceto Molina (El Campano, 1939-San Antonio, 2015), quien difundió su versión de ‘La sampuesana’ en el mundo, y vivió aquí entre 1973 y 1984. De hecho, yo formo parte de una agrupación de once músicos llamada La Paz Colombiana, donde tocamos además salsa, vallenato y bailes sonideros mexicanos. Hacemos presentaciones frecuentes y actualmente promocionamos nuestro tema realizado por el exproductor del Grupo Cañaveral, Efrén David, “Panorama” (https://youtu.be/Slq-r_xGegE).

 

–¿Cómo obtuvo “El As del Acordeón” en Monterrey?

 

–Se trató de un concurso que se desarrolla anualmente en el Festival Hohner allá, a comienzos del otoño. Hace un año me enteré de él gracias a la Facultad de Música de la UNAM, donde se realizó el Primer Festival Internacional del Acordeón organizado por el profesor Víctor Madariaga (ver video del festival regio en liga internet https://youtu.be/pD1Xsoou4W8).

 

Entre los conferenciantes conoció a Antonio Tanguma Jr., hijo de Antonio Tanguma Guajardo, El rey del acordeón (China-México 1903-Monterrey, 1989, “famosísimo en todo el norte por sus polkas”), mencionando el V Festival Hohner de Monterrey y los requisitos para participar.

 

“El maestro Tanguma me dio algunas clases por chateo de facebook y pude inscribirme formalmente. El concurso se abrió a todos los interesados en tocar cualquier acordeón a niveles: principiante, medio o avanzado, ya fuera con el de teclas (cromático), que yo toco; o de botones (diatónico), el chiquito que se interpreta más en Monterrey, y aprendí. Yo me preparé con el de teclas, fui el único de los catorce participantes así, solista. No podía excederme cuatro minutos y en un bar muy grande llamado El Manaus llegué solo, ganando con un arreglo que gustosamente me hizo el maestro Madariaga a ‘Santa Rita’, una polka chihuahuense, una sorpresa enorme.”

 

–¿Qué sintió?

 

–Yo me imaginé que ganarían los que tocaban con grupo: ‘No, esos me van a ganar, y como llevan chicas…’, ¡pero yo iba con todo! Fue mi primera vez que viajé en avión y ahora aspiro a

conocer otros países con mi acordeón.

 

“Yo les recomiendo a los chavos que les guste el acordeón estudiar, que no vean la música como un aprendizaje aburrido, sino que escuchen estilos, instrumentación y los compositores de la historia, porque entre más aprendan y se preparen, más fácil sentirán el acordeón con su alma y tendrán buenos resultados para innovar este arte mágico, llevando felicidad a la gente.”

 

Este texto se publicó el 8 de diciembre de 2019 en la edición 2249 de la revista Proceso

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