Otorgan el Premio Federico Sescosse a Elisa Vargaslugo

La entrega de la medalla Federico Sescosse a Elisa Vargaslugo Rangel. Foto: @seminariocultmx La entrega de la medalla Federico Sescosse a Elisa Vargaslugo Rangel. Foto: @seminariocultmx

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Alguna vez la doctora en historia del arte, Elisa Vargaslugo Rangel, llamó “prócer singular” al defensor y promotor del patrimonio cultural de Zacatecas, Federico Sescosse Lejeune (1915-1999), en cuyo honor el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) mexicano instituyó el premio que lleva su nombre.

Entregado por primera vez en 2001 al fallecido historiador de arte Jorge Alberto Manrique, el premio –que busca reconocer las aportaciones en materia de investigación, conservación o defensa de los bienes culturales– se otorgó esta vez a Vargaslugo, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2005, académica del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del cual es investigadora emérita, así como doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional del Estado de Hidalgo (UAEH).

El foro Castalia del Seminario de Cultura Mexicana, del cual Vargaslugo es miembro, fue la sede para la entrega del galardón por parte de Saúl Alcántara Onofre, presidente de ICOMOS-México.

Autora de obras como Portadas religiosas de México, La iglesia de Santa Prisca de Taxco y Claustro franciscano de Tlatelolco, además de haber sido coordinadora y autora de los tomos II, III y IV de la obra sobre el pintor del siglo XVII, Juan Correa, editada por la UNAM, nació en Pachuca, Hidalgo, el 12 de agosto 1923.

En la semblanza Una mujer llamada ELISA. Trazo biográfico de Elisa Vargaslugo Rangel, editada por la UAEH en 2013, realizada por Rosa María Valles Ruiz a partir de una serie de encuentros y entrevistas con la investigadora –de quien considera posee “una irrefrenable y voluptuosa pasión por México y lo mexicano”–, Vargaslugo desvela diversos pasajes de su vida y su trayectoria académica de más de seis décadas.

La especialista en la vida del empresario minero arraigado en la Nueva España, José de la Borda, creador de Taxco (Guerrero) y de la Casa Borda, así como en la obra del arquitecto Manuel González Galván, entre otros temas, realizó estudios de licenciatura, maestría y doctorado en Historia de Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Sólo que entonces se ubicaba en el histórico edificio de Mascarones que se encuentra en San Cosme, cuando se llamaba Escuela de Altos Estudios. Recuerda en sus entrevistas con Valles Ruiz aquellas clases con maestros como el arquitecto Carlos Lazo, el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle y el especialista en arquitectura y arte colonial, Manuel Toussaint, quien entonces estaba a punto de retirarse de la vida académica:

“…yo había leído todos sus libros. Era un encanto de hombre, además después fui a dar yo al Instituto de Estéticas y él era director, así es que lo traté más. Tengo un recuerdo muy importante de don Manuel, toda su aportación al arte colonial, porque yo entré a la carrera de historia y debía tomar algunas materias optativas y en éstas llevé las de arte: tomé joyería prehispánica, arte colonial, pintura colonial con Toussaint.”

Él, sigue la doctora, fue quien le dio la oportunidad de ingresar al IIE, y así siguió sus pasos en el estudio del arte colonial y armada con una cámara recorrió el territorio mexicano, enriqueciendo el acervo fotográfico del instituto. Registró también con su cámara a sus colegas y amigos, entre ellos a Edmundo O’Gorman, Francisco de la Maza, Juan Ortega y Medina, Raúl Flores Guerrero, Sergio Fernández e Ida Rodríguez Prampolini, por citar algunos.

Aunque Valles Ruiz explica que Vargaslugo fue muy reticente para hablar de su vida privada y asuntos muy personales, le reveló algunos momentos de su vida. Habla, por ejemplo, del momento en el cual conoció a quien sería su esposo, el también investigador Carlos Bosch García, hijo del exiliado español Pedro Bosch Gimpera, de origen catalán. Se casaron en 1954 y su testigo de boda fue O’Gorman.

Su esposo murió el 23 de febrero de 1994. Y confiesa que pese a los años lo extraña, aunque “a fuerza” tuvo que acostumbrarse a estar sin él. Compartieron su gusto por la historia, los congresos, los monumentos y los viajes.

Al recibir la medalla Federico Sescosse el pasado 10 de diciembre, la investigadora destacó que los viajes han sido para ella una forma de satisfacer el compromiso de encontrarse con el arte colonial, y cada uno guarda su propia historia.

Entre los acreedores al Premio Federico Sescosse pueden mencionarse al profesor Antonio Martínez Sánchez, el pintor Francisco Toledo, el historiador Miguel León Portilla, y los arquitectos Sergio Zaldívar Guerra, Alberto González Pozo y Carlos Flores Marini.

 

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