“Secretos de Estado”: filtraciones y seguridad nacional

Cartel de la película Secretos de Estado. Cartel de la película Secretos de Estado.

MONTERREY, N.L. (apro).- Estados Unidos ha sido, en años recientes, el policía del mundo. En el nombre del orden global se entromete en cualquier país y atropella las soberanías.

Pero, ocasionalmente, hay personas que no están de acuerdo con las decisiones unilaterales que surgen de la Casa Blanca y protestan con temeraria determinación.

Secretos de Estado (Official Secrets, 2019) sigue a Katherine (Keira Knightely), una oficial de inteligencia británica que, haciendo uso de información privilegiada a la que tiene acceso, descubre un plan perverso, ideado por la Unión Americana, para presionar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El objetivo es permitir que la coalición invada Irak, para impedir que el régimen de Saddam Hussein continúe con la construcción de armas de destrucción masiva.

Ya se conoce el resultado de esta operación infame de principios de milenio, que provocó la muerte de decenas de miles de personas en Medio Oriente. El director Gavin Hood se encarga de revelar, con una narrativa parecida al documental, cómo inició la historia para desenmascarar ese juego de criminal política internacional, basada en una obscena manipulación de la opinión pública en todo el mundo.

Convertida en una anécdota tomada de la vida real, que contiene una larga lección moral sobre los riesgos de la democracia, la cinta muestra los alcances de los abusos del poder entre naciones y las enormes dificultades para detener el arrollador monstruo de la guerra. Katherine es ingenua e idealista. Al conocer que el Reino Unido respaldará la invasión a Bagdad, con base en presiones a métodos tramposos, toma partido del lado de los desprotegidos, los ciudadanos de una nación desprevenida que, tiene, por desgracia mayor, estar en manos de un dictador antipático. Ahí se encuentra el dilema de la chica, pues al hacerlo va a traicionar a su país, pero, al mismo tiempo, busca prevenir una masacre en la que estarán involucrados, también como muertos, los soldados británicos.

Es cierto, la chica comete un error, pues actúa desde las entrañas, pero lo hace siguiendo los dictados de la conciencia. En un mundo como el de la burocracia diplomática, desde donde se negocian las decisiones que llevan a conflictos bélicos, muy pocos siguen los dictados del corazón. De alguna extraña manera, el impulso se vuelve providencial, pues desencadena fuerzas que exponen uno de los grandes fraudes de la historia moderna.

La prensa es el gran aliado de la verdad, según se ve en esta aventura ética, precisamente documentada. Sin embargo, los caminos que sigue un reportaje son tortuosos y están llenos de obstáculos, como se ve en los lentos progresos del periodista que sigue la pista de las filtraciones, buscando exponer las mentiras de los servicios secretos.

Secretos de Estado es un drama que mezcla política y espionaje, con un trasfondo de periodismo de investigación. Expone un caso que provocó vergüenza en los más altos niveles de la política de Inglaterra y Estados Unidos. Pero, como queda demostrado, por más que sean exhibidos con historias como esta, los países tendrán, cuando les convenga, su guerra bíblica del bien contra el mal, Dios contra el Diablo, en el nombre de la libertad.

Con esta interesante historia se comprueba que los terroristas también visten corbatas, y se asumen, desde Occidente, como líderes del Planeta.

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