Tuto Quiroga, bufón estridente de la ultraderecha

Jorge Tuto Quiroga, expresidente de Bolivia por un año, entre 2001 y 2002. Foto: Demian Chávez Jorge Tuto Quiroga, expresidente de Bolivia por un año, entre 2001 y 2002. Foto: Demian Chávez

El súbito ascenso al poder de la derecha boliviana, enardecida por el debilitamiento del gobierno izquierdista que desembocó en la renuncia y exilio de Evo Morales, le dio nuevo protagonismo a oscuros personajes como Jorge Tuto Quiroga. Este político, conocido en su país como personero y sucesor del dictador Hugo Banzer, fue derrotado dos veces por Morales en comicios presidenciales y ahora se encarga de atacar a los detractores de la autoproclamada mandataria Jeanine Áñez.

BOGOTÁ (proceso).– Se ostenta como un demócrata, pero su mentor político fue el dictador boliviano Hugo Banzer. Se presenta como un defensor de la moral y la decencia públicas, cuando ha sido procesado por corrupción. Dice abogar por los derechos humanos, pero fue el arquitecto y ejecutor de un plan antidrogas que produjo represión generalizada y el asesinato de unos 50 campesinos en el Chapare.

Es Jorge Tuto Quiroga, quien a pesar de que ocupó la presidencia de Bolivia sólo un año, entre 2001 y 2002, y de que lo hizo sin que haya sido electo por el voto popular para ese cargo, ha lucrado desde entonces con su condición de “expresidente” y con su papel de detractor oficioso de la izquierda latinoamericana.

Quiroga es repudiado en su país por amplios sectores, que lo consideran un político elitista alineado con los intereses de la clase empresarial, los terratenientes, los inversionistas extranjeros y Estados Unidos, país en el que se educó y en el que trabajó siete años en una firma multinacional.

Frente a la escasa aceptación interna, que se corroboró en las derrotas que sufrió frente al líder indígena Evo Morales en las elecciones presidenciales de 2005 y 2014, Quiroga encontró acomodo en los círculos de la ultraderecha iberoamericana.

Expresidentes que pertenecen a esa corriente ideológica, como José María Aznar (España), Álvaro Uribe (Colombia), Felipe Calderón y Vicente Fox (México), lo alentaron a ejercer como vocero de la causa conservadora antichavista, anticastrista, antisocialista y antitodo lo que luzca como un proyecto político de izquierda en América Latina.

Tuto Quiroga ha cumplido a cabalidad ese papel. Lo ha hecho con estridencia, con demagogia, con soberbia y con agresividad, como les gusta a sus aliados políticos de la región y a las fundaciones y grupos ultraconservadores que lo contratan como conferencista para despotricar contra los movimientos que están en las antípodas de sus preferencias políticas.

El portal de la firma Thinking Heads, que ofrece sus servicios como conferencista, destaca que “su estrecha relación con la OEA y sus estudios en Estados Unidos le hacen un orador excepcional para el análisis de la actualidad de las relaciones internacionales del continente y, más especialmente, de las tendencias políticas más relevantes en cada momento”.

Pone el foco “en temas como el populismo o la libertad” y ofrece en sus conferencias “un interesante y equilibrado análisis de la actualidad política latinoamericana”.

El profesor e investigador de la Universidad Mayor de San Simón en Cochabamba, Bolivia, Fernando Salazar, dice a Proceso que Quiroga vende “un discurso antiizquierdista totalmente distorsionado, en el que tramposamente ubica cualquier proyecto de la izquierda latinoamericana en el marco del Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez”.

En esa retórica, explica el doctor en ciencias sociales, no existen diferencias entre lo que han sido como presidentes José Mujica en Uruguay, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil o Nicolás Maduro en Venezuela. Para él, agrega, no hay matices. Es una visión maniquea en la que los proyectos izquierdistas son malos y perversos y los derechistas son buenos e impolutos.

En octubre pasado, Quiroga llamó a Lula da Silva un “símbolo de la corrupción trasnacional y líder de los corruptos socios listos XXI”. Así lo escribió en su cuenta de Twitter. El forzado juego de palabras “socios listos XXI” sugiere que el exgobernante brasileño, quien enfrenta un proceso por “corrupción pasiva”, postula los principios del Socialismo del Siglo XXI que defendió Hugo Chávez, lo cual es falso.

Quiroga tiene una larga lista de dirigentes izquierdistas latinoamericanos sobre los que suele emitir juicios de valor desde su púlpito ideológico.

Así lo hizo con Hugo Chávez, con dirigentes socialistas chilenos, con el líder cubano Fidel Castro, y así lo hace ahora con los expresidentes Lula da Silva, Mujica, Rafael Correa (Ecuador) y con personajes de la izquierda latinoamericana, como el senador colombiano Gustavo Petro.

A esa larga lista de villanos favoritos, Quiroga sumó hace unos días al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, a quien puso en la mira desde que en noviembre pasado México le concediera asilo político a Morales, luego de que éste renunciara como presidente de Bolivia, presionado por el alto mando militar.

El pasado 26 de diciembre Quiroga convocó a una rueda de prensa en Cochabamba, Bolivia, en la que se despachó contra López Obrador. Lo llamó “padrino de los tiranos latinoamericanos” y lo tildó de “cobarde matoncito”.

“Lo hemos visto pasar vergüenza, arrodillado ante (el presidente estadunidense Donald) Trump, que le pone exigencias, que lo obliga a deportar a centroamericanos y que le está metiendo inspectores laborales hasta el baño de su departamento”, remató Quiroga.

Fragmento del texto publicado en la edición 2253 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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