La falsa victoria de Trump

Donald Trump. Crisis. Foto: Even Vucci

Analistas consultados por Proceso reflexionan sobre los riesgos de una escalada bélica entre Estados Unidos e Irán, sobre los defectos del manejo de la crisis por parte de Donald Trump y lo que el mandatario ha conseguido tras semanas de tensión. “El conflicto continúa porque se alejan las posibilidades de llegar a un nuevo pacto nuclear. Escalar y evitar una guerra no es ganar. El riesgo de represalias iraníes permanece y se podría materializar en los próximos meses o años vía ataques terroristas, atentados y ciberataques…”, advierten los expertos.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Martes 7 a las 21:45 horas en Washington. Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escribió en su cuenta de ­Twitter “¡Todo está bien!”, medio mundo respiró porque se pensó que el mandatario había entendido y aceptado el mensaje de Irán de que era mejor detener la escalada del conflicto que conduciría a la guerra.

En estas dos últimas semanas de encontronazos con el régimen iraní Trump pudo cantar victoria, pero lo mismo hizo la república islámica en su guerra de propaganda cuando atacó con cohetes instalaciones iraquíes –donde estaba alojada la tropa estadunidense– y cuyo objetivo también era convencer a su pueblo y a los aliados de que habían golpeado y “humillado” a Washington al matar a 80 soldados el martes 7.

Después del golpe que Estados Unidos tuvo que aguantar en septiembre último tras el ataque contra las instalaciones petroleras más grandes del mundo en Arabia Saudita, Teherán debió resistir algo similar: el 29 de diciembre pasado un bombardeo estadunidense mató a 25 milicianos pro iraníes y el 3 de enero un ataque con dron aniquiló al general Qasem Suleimani, el militar de mayor prestigio de su país.

En ese contexto Irán respondió y el martes 7 lanzó cohetes contra instalaciones iraquíes que alojaban a soldados de EU. Se trató de un movimiento calculado que resultó en el saldo blanco para Washington.

Al día siguiente a la ofensiva iraní, el miércoles 8, se reportó la caída en Teherán del vuelo 752 de Ukraine International Airlines, con 180 personas a bordo. Las sospechas de que la aeronave fue derribada accidentalmente por la defensa iraní tienen su origen en la prontitud y opacidad con las que el régimen trata de convencer de que el desplome se debió a un desperfecto mecánico.

Si para algunos el “¡Todo está bien!” de Trump indicaba una victoria parcial de su país y también personal del mandatario, tras la extensa andanada de críticas que recibió dentro y fuera de territorio estadunidense por su peligroso manejo de la crisis, para algunos analistas ese éxito se percibe falso.

De acuerdo con la reflexión de los observadores consultados, aunque Irán se haya visto forzado a retroceder, el conflicto continúa porque se alejan las posibilidades de llegar a un nuevo pacto nuclear y todavía es más difícil de que Irán acepte controles sobre su programa de misiles.

Además, Irak se cansó de ser el tablero de juego en el que las potencias extranjeras, como Estados Unidos e Irán, mueven sus fichas para enfrentarse. Sobre ese tema, el gobierno iraquí podría expulsar a las tropas estadunidenses, minando el apoyo de los aliados de Washington.

Por si fuera poco, el Congreso de EU puede imponerle límites a Trump para hacer la guerra. Los sondeos indican que la mayoría de los electores desaprueba las agresivas jugadas de su presidente.

Sí, Trump “tomó un riesgo masivo, pero ¿para lograr qué?”, cuestiona el analista Ilan Goldenberg, entrevistado por Proceso vía Skype. “No creo que tenga idea alguna de lo que logró o no logró ni qué estaba tratando de hacer a largo plazo. Ni nadie más en su gobierno”.

Después del asesinato del general Suleimani en el aeropuerto de Bagdad mediante un ataque estadunidense con drones, el régimen de Irán quedó en una posición extremadamente delicada.

Cientos de miles de iraníes salieron a las calles para protestar contra el atentado y otros tantos más acudieron al funeral del militar. Fue tal la asistencia de la gente que hubo estampidas que dejaron un saldo de al menos 56 muertos y 200 heridos.

El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, quien tiene la última palabra por encima del presidente y otros poderes, lloró sobre el ataúd. Un par de días antes había advertido que una “cruda represalia” se aproximaba. En respuesta, Trump amenazó con una venganza de fuego si los iraníes devolvían el golpe.

Pese a que diversos acuerdos internacionales establecen que los ataques contra el patrimonio cultural son crímenes de guerra, Trump aseguró que ya había definido como objetivos “52 sitios culturales” de Irán. El mundo se tensó.

Opacidad de Trump

En occidente no sólo había nerviosismo, también dudas. ¿Por qué Donald Trump llevó a Estados Unidos al borde de una guerra contra una nación que es más fuerte que el resto que ha enfrentado desde que se retiró de Vietnam en 1975? ¿Con qué motivos se arriesgó si lleva casi dos décadas estancado, perdiendo vidas y gastando miles de millones de dólares en conflictos que no tiene posibilidad de ganar en Afganistán y en el propio Irak, y si le ha cedido a Rusia e Irán el terreno en Siria?

“No puedo hablar mucho de la naturaleza de las amenazas, pero el pueblo debe saber que la decisión del presidente Trump de eliminar a Qasem Suleimani salvó vidas estadunidenses”, declaró el lunes 6 Mike Pompeo, secretario de Estado.

“No hay duda sobre ello. (El general iraní) estaba planeando una gran acción en la zona que hubiera puesto en riesgo no docenas, sino cientos de vidas estadunidenses. Sabemos que era inminente (un ataque) a partir de información de inteligencia.”

Las palabras “inminente” y “vidas estadunidenses en riesgo” eran claves porque Trump no informó ni consultó al Congreso –como es su obligación legal– sobre las recientes maniobras militares contra Irán. El gobierno de EU no pudo explicarlo antes de atacar ni tampoco después cuando sí tuvieron tiempo.

El miércoles 8, además de Pompeo, Mark Esper, secretario de Defensa; Gina Haspel, directora de la CIA, y el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, se reunieron con los legisladores a repetir vaguedades.

Mark Pocan, legislador por Wisconsin, explica el encuentro con los funcionarios de Trump: “Cada vez nos decían que ‘absolutamente había una amenaza inminente; deberían ver la información, de verdad era inminente…’. ¡Y no nos mostraron nada!”.

Round de sombra

Luego del ataque con misiles de Irán contra “bases estadunidenses” en Irak, que en realidad son bases iraquíes donde se alojan tropas de EU entre una mayoría de soldados locales, se esperaba la represalia de Washington.

Pero el gobierno de Donald Trump fue paciente. Incluso, el mandatario dejó de escribir durante más de cinco horas en Twitter, su red predilecta.

En el lapso que transcurrió entre el ataque iraní y la primera declaración de Trump corrieron versiones de que la república islámica realizó movimientos deliberados de sus plataformas de lanzamiento de cohetes para que fueran detectadas por Washington, dándole tiempo de proteger a sus soldados.

Así, no hubo muertos. La Casa Blanca convocó a una conferencia de prensa para la noche del martes 7 en la que Trump, después de reunirse con su gabinete de seguridad, anunciaría una respuesta.

Si seguía queriendo escalar el conflicto, ahí lo daría a conocer. Pero la rueda de prensa fue cancelada y el presidente sólo tuiteó que todo estaba bien y que continuaba la evaluación de daños.

En la mañana siguiente, el mandatario estadunidense anunció que el ataque iraní no causó bajas y trasladó sus amenazas al campo de “nuevas y poderosas sanciones económicas y comerciales”.

Desaprobación

“Mató a un tipo malo, se hizo ver duro en Medio Oriente”, describe Ilan Goldenberg, director para esa región del Centro para una Nueva Seguridad Americana. Pero “escalar y evitar una guerra temerariamente no es ganar”.

Desde su perspectiva, el riesgo de represalias iraníes permanece y se podría materializar en los próximos meses o años. Ataques terroristas, atentados y ciberataques “están en la mesa en Teherán y siendo considerados”.

Es cierto que “el efecto disuasorio del asesinato de Suleimani es más impactante” que los llamados en Irán a dar pasos más rudos contra Estados Unidos, “pero la cuestión más fundamental es: ¿qué trata Trump de lograr? ¿Esto sirvió para avanzar en esos objetivos?”.

El analista recuerda que las metas de Washington son “impedir que Irán construya un arma nuclear, sentarlo a negociar para conseguir un mejor acuerdo y detener su programa de misiles”.

Si bien el experto considera que esos objetivos son buenos, “eso no está pasando. Irán están más cerca de un arma nuclear que cuando Trump tomó posesión porque él se retiró del pacto nuclear y los iraníes no se van a sentar a negociar después de esto”.

Goldenberg considera que el ataque con misiles de Irán fue una demostración pública de gran simbolismo y que es pura imaginación la idea de que el régimen se va a sentar a negociar con limitaciones.

Advierte que ahora Washington va a tener que incrementar sus tropas en Medio Oriente en lugar de terminar sus guerras. Además, agrega, deberá ponerle atención a China y eso tiene un elevado costo estratégico. “Echamos a perder una buena oportunidad en Irak y podrían expulsarnos de ahí sin ceremonias”.

El experto también advierte que esta escalada con Irán ha minado las alianzas que Estados Unidos tiene con naciones del Golfo Pérsico.

“Cada vez más ven a Trump como no confiable y errático, tienen miedo de un conflicto mayor con Irán. La república islámica también está viendo esto y lo va a utilizar para generar divisiones entre Estados Unidos y sus socios”, dice Goldenberg.

Tampoco en Estados Unidos le salió bien la jugada a Trump, asegura el analista. Recuerda que las primeras encuestas indican que sólo 34% de los entrevistados aprueba el manejo de la crisis contra Irán y que 52% lo desaprueba.

Este reportaje se publicó el 12 de enero de 2020 en la edición 2254 de la revista Proceso

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