El evangélico, “ejército de la Cuarta Transformación”, apoya al INM

Albergues para migrantes. Foto: Alejandro Saldívar Albergues para migrantes. Foto: Alejandro Saldívar

Como en otras ocasiones, el pastor evangélico Arturo Farela desplegó a su “ejército de la Cuarta Transformación” en Chiapas para recibir, albergar y alimentar a los migrantes que esta semana salieron de Honduras. Se ufana porque, dice, su organización cuenta con 7 mil iglesias distribuidas en todo el país, suficientes para apoyar a los integrantes de las caravanas, una infraestructura que no tiene el Instituto Nacional de Migración.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Por su incapacidad para afrontar los flujos de migrantes que llegan a territorio mexicano, el Instituto Nacional de Migración (INM) tuvo que recurrir al apoyo del pastor Arturo Farela Gutiérrez, amigo del presidente Andrés Manuel López Obrador y líder de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), quien en la frontera sur ya empezó a habilitar sus templos en albergues para migrantes, donde les está dando techo, alimentación y asesoría legal a estos extranjeros provenientes de distintos países.

Pese a los señalamientos de que su alianza con el gobierno de la Cuarta Transformación violenta la laicidad del Estado, el polémico pastor ahora proyecta ampliar su ayuda al INM en la frontera norte, abriendo albergues en Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Matamoros.

Entusiasmado por su creciente participación en política migratoria, Farela asegura categórico: “El Instituto Nacional de Migración no tiene la capacidad para atender a tantísimos migrantes. Pero nosotros sí la tenemos. Por eso lo estamos apoyando”.

Comenta que, por lo pronto, en Tapachula, principal punto de entrada de los migrantes a México, Confraternice ya habilitó como albergues 50 templos evangélicos, aparte de que muchos fieles de su Iglesia hospedan a migrantes en sus casas.

En entrevista en sus oficinas de la Ciudad de México, dice Farela:

“Según nuestro conteo, sólo de septiembre a diciembre del año pasado en Tapachula hemos atendido a 20 mil migrantes. Imagínese lo que implica dar 20 mil raciones de alimentos. Con qué personal podría hacer eso el Instituto Nacional de Migración.”

–¿Y de dónde sacan ustedes recursos para atender a tanta gente?

–De los donativos, de las aportaciones económicas o en especie de nuestros fieles y pastores, que son muchísimos en todo el país. Aparte de nuestros templos, aportamos colchonetas, víveres, tiendas de campaña, ropa, lo que sea con tal de ayudar. Nos rige el mandamiento bíblico de ayudar al extranjero y al necesitado.

–¿Y solamente están en Tapachula?

–Sí. Por lo pronto apoyamos al Instituto Nacional de Migración sólo en Tapachula, porque es la puerta principal de la frontera sur por donde entran los migrantes para luego dispersarse por el territorio nacional. Ahí estamos ayudando no sólo a nuestros hermanos centroamericanos, también a muchos africanos y haitianos.

Refiere Farela que los apoyan de tres maneras: dándoles albergue, alimentación y asesoría jurídica. Esta última –dice– la realizan en estrecha coordinación con personal del INM y básicamente consiste en asesorar a los migrantes para que entren legalmente tanto a México como a Estados Unidos.

“Estamos combatiendo la internación ilegal, los flujos migratorios irregulares. Nuestro trabajo consiste en ayudar a los migrantes para que, de manera ordenada, se introduzcan legalmente en México y después a Estados Unidos.”

Los voluntarios de Confraternice

Farela saca su celular y muestra fotografías y mensajes de texto que le envió una familia africana de nueve miembros, a la que ayudó a sacar visas humanitarias para entrar a Estados Unidos.

“Es la familia de Priscila. Todos sus miembros vivieron en nuestros albergues de Tapachula. Hoy están en la ciudad de Portland, Estados Unidos… Es un ejemplo de lo que estamos haciendo”, dice satisfecho.

–¿Desde cuándo colabora usted con el Instituto Nacional de Migración? –se le pregunta.

El líder religioso –amigo de López Obrador desde hace varios años–, se acomoda en su asiento, entrecruza los dedos y empieza a relatar:

“Mire, todo comenzó a mediados del año pasado, a raíz de que el presidente estadunidense Donald Trump amenazó con imponer aranceles a los productos mexicanos si nuestro gobierno no contenía a los migrantes que pasan por nuestro territorio rumbo a Estados Unidos.

“Y López Obrador, que había iniciado su gobierno con una política migratoria de puertas abiertas, de ‘vénganse todos’, se vio en la necesidad de controlar los flujos de migrantes. Fue entonces que el presidente me telefoneó para que pronunciara un discurso en un evento que se realizó en la ciudad fronteriza de Tijuana, el 8 de junio. El objetivo de ese acto fue mostrar unidad nacional ante las amenazas de Trump. Andrés Manuel también invitó al sacerdote católico Alejandro Solalinde, quien igualmente trabaja con migrantes.

“En mi discurso mencioné una cita bíblica, del libro del Deuteronomio, en la que yo creo profundamente: si no ayudamos al migrante y al necesitado, se nos viene una maldición encima. Hay que evitar, pues, la maldición a toda costa. Había que ayudar a nuestros hermanos migrantes de manera distinta; a entrar al país legalmente, colaborando con el Instituto Nacional de Migración. Así empezó todo.”

Refiere que uno de los primeros trabajos que le solicitó el INM fue descongestionar su Estación Migratoria Siglo XXI, de Tapachula, donde se apiñaban migrantes de distintos países.

Cuenta: “Ahí los migrantes vivían en condiciones infrahumanas, no tenían ni siquiera dónde hacer sus necesidades fisiológicas. Hacían donde se podía. Pero Confraternice dejó entonces limpia la Estación Siglo XXI, a muchísimos migrantes los pasamos a nuestros albergues.

“Inicialmente me habían dicho que además había que ayudar a unos 400 migrantes que andaban dispersos en Tapachula. Pero cuando llego allá me doy cuenta de que eran como 10 mil, muchísimos de ellos africanos y haitianos… Y comenzamos a ayudar en lo que se podía.”

–¿En esta labor ha colaborado con el padre Solalinde, quien también apoya a migrantes y es muy cercano a López Obrador?

–No, porque el padre Solalinde carece de la infraestructura requerida. Tiene un solo albergue. En cambio, a Confraternice la forman 7 mil Iglesias distribuidas en todo el país.

–¿Y éstas pueden convertirse en albergues para migrantes ante una emergencia?

–Por supuesto. Y los fieles y los pastores que hay en cada uno de estos 7 mil templos pueden convertirse en voluntarios, como ya ocurre en Tapachula. Siempre lo he dicho y lo vuelvo a repetir: Confraternice es el ejército de la Cuarta Transformación. Estamos para apoyar al gobierno de López Obrador.

En efecto, prácticamente desde el arranque del actual gobierno, este “ejército” comenzó a trabajar en varios proyectos gubernamentales, como en el Programa Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, Jóvenes Transformando el Futuro y en el Banco del Bienestar, donde Farela está consiguiendo espacios para instalar sucursales bancarias (Proceso 2234).

Cautela de la CEM

Y para moralizar a la sociedad, Confraternice también está repartiendo en sus templos la Cartilla moral de López Obrador, además de que –con base en un meticuloso método pedagógico– actualmente imparte cursos sobre la Cartilla a 7 mil jóvenes inscritos en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que depende de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (Proceso 2251).

Ahora, la influencia de Farela, considerado “el capellán de la Cuarta Transformación”, se extendió al ámbito migratorio, gracias a su amistad con López Obrador, con quien comparte una profunda convicción cristiana.

En la entrevista, en sus oficinas de la calle de Liverpool de la Ciudad de México, Farela adelanta a Proceso sus proyectos para ampliar su colaboración con el INM, ahora entre los migrantes varados en la frontera norte.

Dice: “El trabajo que hacemos en la frontera sur lo vamos a realizar también en cinco ciudades de la frontera norte: Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Matamoros. En esa franja fronteriza hay mucha presencia evangélica que aprovecharemos para trabajar conjuntamente con el Instituto Nacional de Migración”.

El pastor coloca sobre su escritorio una misiva que le envió el comisionado del INM, Francisco Garduño Yáñez, mediante la cual lo invita a participar en una sesión de la Conferencia Nacional de Migración, a celebrarse el viernes 24 en el hotel Camino Real de Tijuana.

El objetivo de la sesión, le informa Garduño a Farela, es “compartir las aportaciones regionales a los proyectos nacionales para generar una mejor política migratoria”. Y le pide que su participación tenga una “duración de 20 minutos”, recomendándole que “concluya con un proyecto de punto de acuerdo”.

Con los membretes de la Secretaría de Gobernación y del INM, la invitación del comisionado tiene fecha del pasado 23 de diciembre.

Adelanta Farela que, en la reunión del viernes 24 a la que fue invitado, les expondrá a los funcionarios de Migración su proyecto de habilitar templos como albergues en esas cinco ciudades de la frontera norte.

Y agrega: “También aprovecharé para reunirme con líderes evangélicos de Tijuana y Mexicali. Les explicaré lo que estamos haciendo en la frontera sur, para que se vayan sensibilizando y preparando en su nueva responsabilidad. De hecho, ya hay iglesias evangélicas que apoyan a migrantes en la frontera norte, pero hace falta organizarlas. Eso es lo que voy a hacer”.

El pastor se muestra preocupado por la nueva caravana de migrantes que, todavía al cierre de esta edición, venía en camino de Honduras hacia el territorio mexicano.

“Se dice que vienen 2 mil personas en esa caravana. Pero habrá que esperar cuántas más se suman en el camino. Quizá vayan a requerir atención en nuestros albergues. No lo sabemos, como tampoco sabemos la reacción que vaya a tener el presidente Trump, que nos tiene bajo amenaza”, dice Farela.

A diferencia de Confraternice, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que aglutina a la jerarquía católica del país, ha venido criticando fuertemente la política migratoria de López Obrador por haberse plegado a los dictados de Trump, a través de la militarización de las fronteras para bloquear los flujos de migrantes.

En declaraciones a este semanario, el sacerdote Arturo Montelongo, coordinador de los 133 albergues para migrantes que tiene la CEM, señaló que la política migratoria de López Obrador no sólo criminaliza a los migrantes, sino también a los defensores de sus derechos humanos (Proceso 2229).

Muy al contrario, el pastor Farela exclama tajante:

“¡No hay ninguna militarización! ¡Ningún atropello contra los migrantes! ¡Eso es mentira! Sencillamente, ahora estamos haciendo respetar el estado de derecho en la cuestión migratoria.”

–A usted también se le achaca violentar la laicidad del Estado por participar en programas de gobierno, como ahora incursiona en política migratoria. Incluso se dice que sus Iglesias ya se convirtieron en Iglesias de Estado. ¿Qué responde a esto?

–Son acusaciones sin fundamento. No estamos quebrantando el principio de separación entre las Iglesias y el Estado. Simplemente estamos brindando un apoyo humanitario y cristiano de ayuda al prójimo. En este caso, a nuestros hermanos migrantes en el desamparo. Y lo hacemos porque es nuestra obligación como creyentes.

Este reportaje se publicó el 19 de enero de 2020 en la edición 2255 de la revista Proceso

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