Una magnífica heroína

Juana Belén Gutiérrez. Foto: INEHRM Juana Belén Gutiérrez. Foto: INEHRM

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México ha propuesto la realización de 12 estatuas de heroínas para ser colocadas en Reforma. Todas son mujeres valiosísimas, con trayectorias impresionantes, y es un “deber de memoria” recordarlas públicamente para que no se olvide cómo aportaron a la construcción de un país mejor. Algunas, como sor Juana Inés de la Cruz o Leona Vicario, son famosísimas, pero otras son casi desconocidas y sus hazañas han caído en el olvido. Las estatuas son un dispositivo de recuerdo para que las personas que las vean se interroguen sobre ellas, e investiguen sobre sus méritos. 

De entre las primeras que se van a poner, siento especial admiración por Juana Belén Gutiérrez, una feminista liberal, anticlerical, socialista, maderista, anticarrancista, indigenista y zapatista, que nació en Durango hace 145 años, el 27 de enero de 1875. De origen humilde, tuvo tres desventajas sociales: ser mujer, pobre y no católica. A los 17 años casó con minero analfabeta, al que ella enseñó a leer y escribir, tuvo tres hijos de él y enviudó enseguida. Autodidacta, su facilidad para escribir la hizo tomar el camino del periodismo. A finales del siglo XIX y principios del XX las mujeres tenían varias limitantes, y Juana Belén las desafió todas; incluso se ganó fama de mujer “liviana” por tener relaciones intensas con amigos hombres, y también fue acusada de ser lesbiana, por compartir la vida con su amiga Elisa Acuña y Rosete. 

Fue una convencida socialista y anticlerical, y se mantuvo económicamente escribiendo. Un reportaje acerca de las miserables condiciones laborales en el mineral de La Esmeralda, en Chihuahua, le valió su primer encarcelamiento. Ella fundó un semanario que nombró Vésper, cuyo lema fue “Justicia y libertad”. Audaz y sarcástico, Vésper entusiasma a liberales y antiporfiristas. Se relaciona con los precursores de la Revolución Mexicana y en 1902, a sus 27 años, es una pieza clave en el frente de liberales radicales. 

En 1903, integrantes del Club Liberal Ponciano Arriaga (entre los que se encontraban Díaz Soto y Gama, Santiago de la Hoz, los Flores Magón y Juana Belén Gutiérrez) son encarcelados, acusados de rebelión y sedición. Belén es encarcelada, junto con Elisa Acuña y Rosete, en la terrible cárcel de Belem.

Al salir de la cárcel reanuda la publicación de Vésper, con su anticlericalismo y antiporfirismo, y organiza clubes liberales y antirreeleccionistas. Funda el periódico El Partido Socialista. Funda el grupo Socialistas Mexicanos. Es una maderista importante y se preocupa por la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Funda el Club Político Femenil Amigas del Pueblo, y el Club Hijas de Cuauhtémoc. Desde Vésper apoya la campaña sufragista que pide a Madero el derecho de las mujeres al voto. Cuando en marzo de 1910 Díaz suspende las garantías individuales para apresar a Madero y sus correligionarios, participa en el complot para derrocar a Díaz y, al ser traicionados, es nuevamente arrestada. 

Al triunfo de la revolución maderista, se va a vivir a Morelos, donde se suma a la lucha por las reivindicaciones agrarias dentro del zapatismo. Está muy cerca de Zapata y organiza el regimiento Victoria. Zapata la nombra coronela. Un día ella manda fusilar a un zapatista por violar a una mujer. Los demás hombres se quejan frente a Zapata de lo que consideran un exceso de la coronela, pero Zapata la respalda y expide un decreto que sanciona severamente cualquier abuso a las mujeres, ¡excepto si eran del bando enemigo! Cuando el huertismo, Juana Belén se dedica a atacar al gobierno de Huerta, vuelve a participar en un complot, y como otra vez es traicionado, pasa 10 meses en la cárcel de Belem por zapatista.

Juana Belén también fue una feminista convencida. En 1922, en la Ciudad de México, organiza agrupación Acción Femenil y forma parte del Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas. Además, se compromete con los grupos indígenas para rescatar sus valores, la dignidad y la cultura indígena. Publicó el libro Por la tierra y por la raza. Funda la revista Alma Mexicana. En plena lucha cristera contribuye a la causa anticlerical.

En 1935, a sus 60 años, en compensación por sus servicios prestados a la revolución mexicana el Estado le otorga una pensión de cinco pesos diarios. En 1941, un año antes de morir, vende su imprenta para sufragar los gastos de la enfermedad de su nieta. Cuando muere el año siguiente, el 13 de julio de 1942, a los 67 años, su hija tiene que vender la máquina de escribir donde Juana Belén pasó su vida luchando por la justicia y la libertad para solventar los gastos del entierro.

Juana Belén no sólo trasgredió los límites de su época, sino que cada vez que su bando triunfaba, se corría para una siguiente trinchera. Siempre fue independiente, contravino el estereotipo de la mujer pasiva y religiosa, y enfrentó los prejuicios sexistas, clasistas y racistas de su época. Combatió por los derechos de los pobres, de las minorías religiosas, las mujeres y los indígenas. Su aspiración de libertad la llevó a vivir fuera de los convencionalismos. 

Celebro que la Secretaría de Cultura la haya elegido para ser una de las doce “heroínas” cuyas estatuas serán colocadas en Reforma.

Este análisis se publicó el 2 de febrero de 2020 en la edición 2257 de la revista Proceso

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