Chapultepec: Sólo déjenme trabajar, pide Gabriel Orozco

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El Complejo Cultural Chapultepec está destinado a convertirse en el más grande del mundo, y por eso el artista lo califica de “titánico”. Algunas construcciones existentes se aprovecharán para hacer una cineteca, una bodega nacional de museos, una universidad de la salud: “Más un espacio de entretenimiento ambiental, no tanto de parque recreativo, de diversiones y de espectáculo, sino de apreciación de la naturaleza, de nuestra cultura, nuestra biocultura, nuestra biodiversidad”, donde “podamos dialogar con la contemporaneidad mexicana y en el que adolescentes y jóvenes puedan tener actividad, educación y expresión”. 

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En Gabriel Orozco no cabe la duda: El Complejo Cultural Chapultepec, destinado a convertirse en el más grande del mundo, será exitoso porque así son, dice, las propuestas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Es que el artista nacido en Jalapa, Veracruz, en 1962, no forma parte de las huestes decepcionadas por AMLO:

“No, yo al revés, sigo bastante entusiasmado. A mí me cae muy bien, me gusta cómo se está comunicando con el país, creo que ha restablecido y regenerado la cultura política de una manera muy interesante.”

A decir suyo, ahora la gente vuelve a hablar de política y de política pública, “y no siempre con comentarios de total y absoluta desconfianza con la clase política”. Considera que eso motiva hasta a la gente “como yo, a quien le gusta cómo se está planteando la cultura política, con sentido de participación, activismo, comunidad y análisis, pero también práctica ejecutiva para plantear ideas y tratar de desarrollarlas. Eso me parece muy motivante, la verdad. Yo creo que está muy interesante el momento”.

Como yo –reafirma–“que nunca está haciendo declaraciones políticas, ni criticando y buscando más presupuesto para trabajar, ni nada de eso, porque realmente nunca he dependido del gobierno, nunca”.

Hace un paréntesis para ejemplificar con el esqueleto de ballena que pende del techo en la Biblioteca Vasconcelos, construida en el sexenio de Vicente Fox, y que fue muy controvertido en su momento. Según el artista se trató de la vez inicial en que aceptó una comisión de un gobierno, pues no hace comisiones. Pero le gustó la biblioteca (que fue calificada públicamente como “la megablioteca” en su carácter de elefante blanco) y salió la idea de la ballena, una osamenta que no puede venderse o comprarse, porque los huesos son propiedad de la nación.

Lo que –continúa– fue presupuestar el costo de ir a recogerla, sanear los huesos, consolidarlos, hacer la armadura, el transporte y la instalación. Y “eso fue lo que costó”. Alrededor de 350 mil dólares, “pero de repente en la prensa salía que eran 300 o 350 millones, entonces se arman polémicas por el dinero cuando en realidad lo que se pagó en ese proyecto fue el tiempo”.

A López Obrador le dijo “en broma” que le pagara como a Diego Rivera le pagaban los murales: ocho pesos el metro cuadrado. Pero son 800 hectáreas en Chapultepec. Al final, asegura que no está cobrando, no sabría cómo hacerlo porque es demasiado tiempo y demasiado trabajo.

Además, dice, no es de los que proponen proyectos de mil millones y si no se los dan “le queda feo”. Por el contrario, sus proyectos “están basados en hechos muy concretos, muy específicos”. 

Para este 2020 se le asignó al Proyecto Chapultepec un monto de 1 668 millones de pesos, que representan el 12.4% del presupuesto de Cultura. En entrevista con Proceso en su casa-estudio de San Ángel, Orozco califica de “error muy grave” pensar que se le está quitando presupuesto a una secretaria u otra para Chapultepec. Indica que se ha calendarizado un presupuesto en función de lo que ha previsto para el complejo cultural, que será el más grande del mundo.

Cuánto cree que se necesitará en total es la cuestión que se le plantea, Según sus cálculos “lo mismo que va a costar rellenar el Lago de Texcoco”, es decir, 10 mil millones de pesos, aunque no es una cifra oficial:

“Obviamente el presupuesto se planteó en función de los parámetros iniciales y con la ayuda de mi equipo de trabajo, que son expertos en obra pública, edificios, y esas cosas. Es lo que calendarizamos. Lo vimos por etapas y alcances a dos y tres años y luego a cinco y seis. 

“Al presidente le pareció bien. Lo revisó –eso sí quiero decirlo, hablando de cómo nos reunimos–, se le presentó calendarizado, lo revisó y todo. No pensé que lo fuera a revisar con tanto detalle, se volteó con Claudia Sheinbaum (jefa de gobierno de la Ciudad de México) y Alejandra Frausto (secretaria de Cultura), y dijo: ‘Va, me parece bien. ¿Cómo empezamos? Ya hay que empezar’. Porque le gusta hacer las cosas rápido, entonces así fue.”

Titánico

Frente a una de las varias maquetas de Chapultepec sobre las que trabaja –junto con planos que se acumulan en rollos–, Orozco va describiendo el proyecto. Está “a punto de terminarse un plan maestro general”, dice, consistente en doce a quince nodos principales (infraestructura ya existente o por hacer, como el Castillo de Chapultepec, por ejemplo). A presentarse públicamente en breve.

Comienza en la segunda sección, donde proyecta un centro de cultura ambiental que se una con el Museo de Historia Natural, el Lago Menor, el estacionamiento que está a un lado, para contar con un centro de exposiciones y “un posible jardín botánico”.

En esa zona están también el Papalote Museo del Niño, el Museo Tecnológico de la Comisión Federal de Electricidad (Mutec), el Cárcamo del Lerma con los murales de Diego Rivera y los tanques, y el Panteón Dolores, que será restaurado, para que sea “un bonito paseo, es como nuestro Père Lachaise, y la Rotonda de las Personas Ilustres:

“Toda la parte de atrás está muy abandonada y todavía hay fosas comunes que se siguen usando y están abiertas. Los cuerpos deben estar a cielo abierto para su posible identificación. Ahí están enterrados todos los cuerpos no identificados del temblor de 1985. Después del Servicio Médico Forense (Semefo), después de la UNAM, ahí ponen los cuerpos, entonces queremos dignificarlo, hacer un mausoleo para los olvidados y que la gente lo pueda visitar.”

La tercera sección, narra, se imaginó en el pasado como un jardín utópico, una especie de “barbacoa a la americana que nunca funcionó”. Ahí están abandonados los balnearios El Rollo y Atlantis, así como el Foro Cri-Cri. Pero “los chavos del barrio, los grafiteros, ya lo hicieron un centro cultural muy interesante”. Su propósito es respetar lo más posible los grafitis y hacer un centro de cultura urbana. Es una zona muy descuidada, incluso hay perros ferales, dice el artista.

La “parte buena”, añade, es lo que ha ocupado el ejército, donde está el club hípico militar:

“Ahí vamos a hacer un pequeño tajo, va a estar muy polémico, pero esa es la idea, y vamos a entrar por un puente a la cuarta sección. La idea es que de esta punta, que es el manantial de Santa Fe, al manantial del Castillo de Chapultepec, o sea los Baños de Moctezuma, que son como doce kilómetros, pueda caminar una persona.”

Admite que el proyecto es titánico, “nunca se ha hecho un proyecto tan grande en México de cultura”, y agrega lo ambiental, que contempla un plan de manejo para las partes hídricas, la restauración de las partes bajas, porque tiene aguas residuales de los que “llamamos fifís”, pero también de instituciones gubernamentales que fueron ocupando partes del bosque.

Se restaurarán las colindancias para establecer zonas de amortiguamiento y se contempla igualmente restaurar las partes altas, con “agroforestería”, para lo cual se ha invitado a Namastê Messerschmidt, un especialista brasileño “muy famoso” por haber trabajado en el Amazonas durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. El propósito es no hacer “una reforestación típica de monocultivo y bosquecito inútil, sino que va a ser de alguna manera productiva y con mucha más participación comunitaria, por eso le llamamos biocultural”.

El proyecto global mantiene la idea de unir las diferentes secciones del bosque mediante puentes, como lo anunció en la conferencia mañanera del 2 de abril de 2019. Y comenzarán con uno que cruza Periférico. Indica que la “poda” no se limita a árboles y plantas muertos, incluye algunas construcciones, porque hay demasiada arquitectura. Otras se aprovecharán para hacer infraestructura cultural: una cineteca, una bodega nacional de museos, y la Universidad de la Salud.

Plataforma 

En opinión de Orozco, la avenida Constituyentes es “una grieta vial” que separa por estratos sociales a los habitantes de la zona. Por un lado, Lomas de Chapultepec, y por el otro, colonias populares a las cuales cuesta más trabajo cruzar para disfrutar del bosque, “entonces estamos trabajando con eso”.

–Antes de aceptar el proyecto ¿tuvo que recorrerlo?

–Bueno, la verdad es que todo el proceso de invitación y aceptación al reto fue antes de recorrer la zona. Ahora ya la recorrí porque, por ejemplo, la cuarta sección estaba cerrada al público. Todavía ahora, cuando vamos, tiene que ser con los militares porque aún no se han mudado… es un proceso que lleva su tiempo porque allí hay polvorines, bodegas, maquinaria, industria militar que va a llevar aproximadamente un año en moverse, pero ya estamos planificando qué hacer. Hay mucha infraestructura, muchos edificios y está relativamente bien conservada porque los militares son buenos para regar las plantas y mantener las cosas.

Se le pregunta asimismo por qué acepta este proyecto que no estará exento de polémicas y presiones pues llevará varios años de trabajo, contar con el presupuesto necesario que pudiese incrementarse al paso del tiempo, y además habrá que negociar con gente que ha invadido terrenos en el bosque, con vendedores ambulantes, en fin.

De los ambulantes dice que ni han tocado el tema, porque el proyecto “no va por ahí”. Su propósito central es que sea un plan sustentable desde los changarros hasta los museos y la basura que se produce. Para él no es problema que haya ambulantes, “me tiene sin cuidado, nada más que no tiren basura, que estén regularizados de alguna manera y participen dentro del organismo de saneamiento del espacio cultural, pero no son problema”.

Tampoco se concentrará en tratar de solucionar problemas que han venido arrastrando los museos como el de Arte Moderno, desde hace tiempo, pues no podría establecer la plataforma que desea para sanear el bosque, el espacio cultural y ambiental en su conjunto.

Y al responder sobre lo polémico que podría llegar a ser el proyecto, las trabas que podría encontrar, pese a afirmar que al presidente le guste hacer cosas que logrará, confiesa que cuando se le invitó realmente no había planes, fue para realizar una propuesta de “a ver qué hacer”, pero justo eso le pareció un reto.

No se trata sólo de las “buenas intenciones del presidente”; le pareció buena idea y calculó que era posible llevarlo a cabo. Muchas veces, agrega, “las buenas ideas son polémicas y eso me consta”. Ha habido anteriormente proyectos fallidos:

“Obviamente es un parque para muchos años, pero nosotros tenemos un plan para hacer lo más que podamos y dejar una plataforma muy bien establecida, muy bien balanceada, muy sana a nivel sustentable en todos los sentidos para su desarrollo posterior”.

–¿Cómo es el proceso de trabajo?

–Mucha práctica de campo, o sea muchas visitas. Y lo he hablado con todo mundo: la razón fundamental para entender el proyecto y su especificidad y sus diferentes situaciones, es estar yendo. Hay que visitarlo mucho, hay que recorrerlo.

–Dice que no es utopista, ¿pero podría ser este proyecto punto de partida para recuperar la viabilidad de la Ciudad de México, salvarla del punto de desorden absoluto al cual ha llegado?

–No me atrevería a hablar de toda la ciudad porque la verdad es que en la misma ciudad hay barrios que suben y bajan de una manera increíble, de repente hay unos que se deterioran muchísimo o mejoran. A mí siempre me ha gustado vivir en la Ciudad de México y sí, estoy tratando de que Chapultepec sea un lugar al cual yo fuera más seguido, donde sucedieran cosas que invitaran a los ciudadanos a regresar más seguido.

“Hace falta una expresión de nuestro mundo contemporáneo ahí. Una especie de lugar en el cual tanto turistas como nosotros los capitalinos, podamos expresar y dialogar con la contemporaneidad mexicana, siento que falta ese espacio en Chapultepec. Falta más espacio para que adolescentes y jóvenes puedan tener actividad, educación y expresión. Falta más una noción de entretenimiento ambiental, no tanto de parque recreativo, de diversiones y de espectáculo, sino de apreciación de la naturaleza, de nuestra cultura, nuestra biocultura, nuestra biodiversidad”.

En su opinión, existen el Museo Nacional de Antropología para lo prehispánico, el Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, el de Arte Moderno “que ojalá estuviera mejor, pero viene de una manera de ver los museos del siglo XX”, y luego el Tamayo de arte internacional. Pero los visitantes quieren ver la vida contemporánea y no hay ese espacio. No quiere llamarle de arte contemporáneo para que no se comience a decir “que es mi museo, y no es mi museo, es para todos”.

Su idea es un espacio activo, a la manera de un kunsthalle, que es una sala de arte, aunque en México eso no suena bien. Tendría una biblioteca. Cuando se le pregunta qué arquitecto lo está haciendo, se niega a revelarlo porque “es una sorpresita”.

Polémica autoría

Luego de que Orozco presentara su propuesta en la mañanera, se difundió en los medios que había recogido el plan maestro que quince años atrás elaboró el arquitecto Alberto Kalach.

Se le pregunta si es verdad que se distanció de él. Señala que fue una imprecisión de la crítica de arte de Proceso, Blanca González Rosas. Y añade que el plano que presentó en la mañanera es de él, porque además era sólo un Google Maps de Chapultepec “con círculos de diagrama, era un diagrama, ni siquiera un plano, no sé qué vio ella ahí”.

Asevera que hubo un plan maestro para la tercera sección, del arquitecto Mario Schjetnan, quien trabajó muchos años en Chapultepec. Kalach “tenía algunas nociones que había desarrollado e incluso publicado en algunos momentos”, y otros arquitectos han trabajado proyectos, como Felipe Leal y Enrique Norten, “o sea, todos los arquitectos le han metido mano a Chapultepec de una u otra manera. Entonces lo siento mucho, ya hicieron lo que pudieron, ahora déjenme trabajar tranquilo y ya”.

Recuerda que su papá, el pintor Mario Orozco Rivera (1930-1988), trabajó en murales del Castillo de Chapultepec, y en cambio él nunca ha hecho algún proyecto, sólo ha expuesto en los museos de Arte Moderno y en el Tamayo, pero “eso no quiere decir que no conozca Chapultepec”:

“Entonces hay una cosa de autoría de parte de los arquitectos que son a los que normalmente los gobiernos les da los proyectos, porque además son muy buenos para hacer presupuesto y los porcentajes de construcción impactan en cómo se planifican las cosas. Aquí casi no hay arquitectura por hacer. Se necesita urbanización, claro, se necesita movilidad, se necesita muchísima restauración, como en la ermita Vasco de Quiroga, El Rollo, que yo le llamo el Chernóbil de cariño, se necesita un plan hídrico.

“Pero todo eso tiene poco que ver con un diseño arquitectónico. Normalmente la propuesta arquitectónica es de ‘quema y roza’, o sea todo lo tiran y lo vuelven a hacer nuevo. Es muy rara una remodelación de un arquitecto que respete y realmente redignifique un edificio antiguo, y muy pocas las afortunadas.”

Él sí está trabajando con arquitectos, pero “los indicados para desarrollar los diferentes proyectos que estamos haciendo… están volcados más a nivel de cancha, conocer los terrenos bien, haciendo nuestros estudios topográficos, lo más avanzados que podemos, pero también toda la movilidad y el sistema de transporte interno y cómo vamos a generar la interconectividad en el organismo del bosque. Estamos llevándolo a cabo con la Ciudad de México y sus especialistas en el ramo”.

Invitó a Mauricio Rocha, quien reorientará el plan maestro de la cuarta sección; Benjamín Romano (creador de la Torre Reforma), para los puentes e interconexiones; y Rozana Montiel está ayudando en la zona de amortiguamiento en la tercera sección. Otro arquitecto invitado es Óscar Hagerman, quien intervendrá en la creación del Museo del Maíz, en el Molino del Rey, junto con la especialista en gastronomía Cristina Barros.

En el proyecto participan además las secretarías de Cultura y de la Defensa. Y el presupuesto del cual ha hablado será para “los puentes, la movilidad, algunos edificios, muchas remodelaciones, la restauración ecológica”. El monto, concluye, puede venir de cualquiera de las instancias de gobierno que participan.   

Este reportaje se publicó el 2 de febrero de 2020 en la edición 2257 de la revista Proceso

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