La vida es sueño con la CNT

Instante de tres horas. Foto: Sergio Carreón Ireta / CNT / INBAL Instante de tres horas. Foto: Sergio Carreón Ireta / CNT / INBAL

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Claudia Ríos se lanza al ruedo con la puesta en escena de La vida es sueño, un clásico español de siglo XVII, escrito por Calderón de la Barca. Nos invita a reflexionar sobre los conceptos de sueño y realidad y a confirmar que la vida, como agua que corre, es imposible de atrapar y tener la certeza de lo que es real y lo que no. Cuándo soñamos y cuándo vivimos. Cuándo estamos en la miseria y cuándo nos erigimos triunfantes sobre los demás. Relatividad que cuestiona el egocentrismo y restablece esa inseguridad vital que hace a los humanos más comprensivos y empáticos con los otros. 

Desde la síntesis escénica, Claudia Ríos, junto con Kay Pérez, abstraen los espacios y colocan al centro una superficie reflejante circular que fluctúa en sus colores, a partir de la luz, desde lo oscuro hasta tonalidades verdes que crean una interesante sensación de irrealidad, rodeada de un camino (que parecería infinito) que nos lleva y nos trae de un espacio a otro, dándonos la idea de un tránsito continuo del ser. La directora se arriesga al romper con la frontalidad y coloca a los espectadores rodeando el espacio, un círculo informe que acerca, al que observa, al lugar de los hechos.

Esta cercanía la confirma al finalizar la obra, cuando los actores estrechan las manos del público en agradecimiento de haber compartido ese instante, de tres horas; ese tiempo de vivir con ellos una historia escrita en verso llena de poesía, metáforas y profundidad existencial. 

En La vida es sueño Segismundo ha sido encerrado en una torre por su padre, temeroso del horóscopo que predijo que su hijo sería un príncipe cruel y lo haría arrodillarse ante él. Su padre lo pone a prueba y lo libera haciéndole creer que está soñando y confirma esa predicción, por lo que lo vuelve a encerrar creando en Segismundo esa confusión de lo que es real y lo que es sueño. Simultáneamente se cuenta la historia de Rosaura, que disfrazada de hombre ha llegado al reino a cobrar venganza. 

Son ocho personajes interpretados por actores de la Compañía Nacional de Teatro que sobresalen en su interpretación, en particular Fernando Huerta Zamacona en el papel de Segismundo, el cual se adentra en lo emotivamente existencial de sus soliloquios, para lograr transmitirnos el desasosiego, la confusión y el dolor que le provocan esos cambios de realidad que no llega a entender.

Cecilia Ramírez como Rosaura cambia su expresión de ser un muchacho a cuando revela su verdadera identidad de mujer. A ella la acompaña Olaff Herrera como Clarín que intentan hacer las veces de bufón. También participan Arturo Berinstáin como el padre, Marco Antonio García, David Lynn e Ichi Balmori. 

La vida es sueño, una obra fundamental dentro de la dramaturgia universal, responde a la literatura que se adentra en la idea de la libertad a partir del juego entre la vida y el sueño. Tiene sus fuentes en la leyenda de Buda y el cuento “Durmiente despierto” de Las mil y una noches, así como del mito de la caverna de Platón, y también con el sentido trágico de los griegos, como en Edipo rey, pues el monarca manda matar a su hijo precisamente porque un oráculo le predice la fatalidad de su muerte.

La vida es sueño, bajo la dirección de Claudia Ríos, es una buena oportunidad para acercarse a un clásico del barroco español que nos obliga a cuestionar las estructuras del presente tangible, implantando la relatividad del tiempo y de las realidades. Da funciones de jueves a domingo en su sede, en Coyoacán, con entrada libre, previa reservación, hasta el 23 de febrero.   

Este texto se publicó el 2 de febrero de 2020 en la edición 2257 de la revista Proceso

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