La defensa de la tierra frente a los megaproyectos

El activista Pedro Uc Be explicó por qué se oponen a los megaproyectos de extractivismo, energía y Tren Maya. Foto: Twitter @AnaLuzValadez El activista Pedro Uc Be explicó por qué se oponen a los megaproyectos de extractivismo, energía y Tren Maya. Foto: Twitter @AnaLuzValadez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Con una conferencia titulada “Identidad-Territorio”, el escritor, traductor, promotor cultural y activista maya Pedro Uc Be dio inicio al programa 2020 del Taller por la Defensa de los Territorios, organizado por la Dirección de Etnología y Antropología (DEAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Nacido en Buctzotz, Yucatán, el 13 de mayo de 1963, autor del poemario Yáanal Xya’axche’ (Debajo de la ceiba), y ganador en dos ocasiones (2015 y 2016) del Premio Estatal de Poesía “El espíritu de la letra en maya”, Uc Be expuso con detalle la concepción que las comunidades y pueblos mayas tienen de su entorno y su convivencia con la naturaleza, para explicar por qué se oponen a los megaproyectos de extractivismo, energía y Tren Maya.

La sesión se dedicó al activista Samir Flores Soberanes, asesinado hace un año, el 20 de febrero de 2019, a unos días de que se realizara la consulta por la termoeléctrica en el estado de Morelos. Fue moderada por la investigadora de la UNAM, Montserrat Gispert Cruells, y contó con la participación del también activista, Miguel López Vega, defensor del río Metlapanapa, en Puebla.

Uc Be dijo que en maya no existe el término identidad y sin embargo es una idea sumamente importante. Ellos utilizan la palabra ch’i’ibalil, que significa familia, no entendida como los miembros de una familia unidos por la sangre, sino como la gente de un pueblo y sus formas de vida.

“Entonces va más allá de lo que se puede entender por identidad, porque este ch’i’ibalil no puede entenderse sin un espacio y sin los elementos que lo conforman: sin la vida, los animales, los árboles, los bejucos, los pájaros, no se puede entender sin los modos de producción, principalmente la milpa”.

La idea de ésta que pudiera ser “una palabrita” encierra también una especie de dolor y profundidad, una carga que indica que la vida está conectada con todo. E implica, asimismo, respetar, conservar, mantener ese todo, detalla el escritor:

“Es una visión, una forma de ver, de entender la vida que tenemos en los pueblos. Por eso nos parece un poco extraño cuando nos juzgan con la mentalidad occidental. Esa mentalidad que consiste en que todo se tiene que separar, amurallar, dividir, y todo le tiene que pertenecer como propiedad a alguien”.

Para los mayas es “raro” y hasta les duele que se piense de esa manera. Pero les duele más cuando se hace oficial. Cuando deben enfrentarse con el sistema para defender sus concepciones y su territorio, que no le pertenece a un solo individuo sino a la comunidad.

El activista, amenazado tras haber puesto un amparo contra un megaparque solar que se construye en Valladolid, Yucatán, y opositor también a los parques eólicos y las grandes granjas porcícolas, recordó que cuando quisieron ampararse contra el Acuerdo General de Coordinación para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán de 2016, un juez les indicó que necesitaban demostrar su “interés jurídico y legítimo” en los territorios.

“¿Qué chingaos es eso?”, preguntaron. El juez les preguntó a su vez si les perjudicaba en su casa o el terreno era suyo, sólo así había “interés jurídico”. Además, tenían que demostrar que son indios, que son mayas. Le recordaron entonces que la Constitución dice que es suficiente con que se reconozcan como indígenas para serlo y admite, en la letra, que México es pluricultural y multiétnico. Y ellos hablan maya. El juez les reviró:

“Sí, pero yo trabajo con papeles, si me traen un papel firmado por alguna autoridad, donde diga que son indios, ya tendrían el interés jurídico legítimo y corre el amparo”.

Nadie se los dio. Insiste por ello en que son juzgados con una mentalidad occidental, lo cual es una violación a su vida como cultura maya. En el caso del Tren Maya les argumentan que si el riel no pasa por sus propiedades no tienen derecho a impugnar. El problema, a decir el poeta, es que en la cultura occidental no se ve a la península como un todo:

“Siempre nos acusan de ser tontos porque no entendemos la aplicación de la ley. Son ellos los que no quieren entender o qué es lo que está detrás de todo esto, que finalmente ya está decidido y sólo tienen que buscar justificaciones para hacerlo”.

Lamenta que, para justificar la destrucción de la tierra y la deforestación, sí tengan muy bien estudiada la forma en las universidades, pero se nieguen a entender sus concepciones culturales. Y además le ponen “nombres bien bonitos” como “sustentabilidad”, pero “deforestar 500 hectáreas no es sustentabilidad, ni desarrollo, ni sacar al pueblo indio de la marginación, ni hacerle justicia al sureste que está abandonado”.

Y remata que no pueden sentirse ajenos a los efectos que tienen los megaproyectos porque su relación con la tierra es histórica, “tiene que ver con lo que nos cuentan nuestros abuelos, que nos han dicho ‘hijos de esta tierra’, esta tierra en la que hoy vivimos, pues nos ha costado dolor y tristeza”.

La ponencia completa del escritor Pedro Uc Be puede encontrarse en https://www.youtube.com/watch?v=XpAmc1h3ktA. La próxima participación en el Taller por la Defensa de los Territorios de la DEAS-INAH, será de Neftalí Reyes Méndez y Rosa Angélica Castro Rodríguez de la red EDUCA, quienes presentarán el diagnóstico “Alternativas comunitarias en defensa de los territorios en Oaxaca”.

La cita es el 27 de febrero de las 11:00 a las 14:30 horas, en la Sala Bonfil Batalla de la Coordinación Nacional de Antropología (Avenida San Jerónimo 880, colonia San Jerónimo, en Magdalena Contreras).

 

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