“Ya no iba a ver a mi familia, ellos me lo dijeron”, dice periodista secuestrado en Cuernavaca

El periodista Adrián Fernández Guerra (centro) tras su liberación. Foto: Twitter @Fiscalia_Mor El periodista Adrián Fernández Guerra (centro) tras su liberación. Foto: Twitter @Fiscalia_Mor

CUERNAVACA, Mor. (proceso.com.mx).– Un día después de su cumpleaños, Adrián Fernández Guerra se fue a celebrar con sus amigos y compañeros del frontón. Decidieron ir al México Lindo, un conocido bar de Cuernavaca que frecuenta hace años, igual que otros tantos periodistas morelenses.

Pasadas las 8 de la noche, cuando ya le había dicho a su esposa por mensaje de texto que regresaría a su casa, se escuchó una detonación en el lugar, ahí comenzó la pesadilla.

“Nos metimos debajo de la mesa, éramos 20 amigos celebrando. Entonces, comenzaron a preguntar: ‘¿Quién es Adrián?, ¿quién es Adrián?’ Uno de ellos pareció identificarme y dijo: ‘es él, jálalo’. Me jalan y me llevan a rastras, todo, de las piernas, hasta las escaleras y me meten en los vehículos”, narra en entrevista.

Adrián Fernández Guerra es director de la revista Perfil, una publicación que aborda temas políticos, de circulación en la zona metropolitana de Cuernavaca. Se identifica a sí mismo como periodista y empresario.

Su secuestro, el miércoles por la noche, provocó la reacción de los periodistas morelenses, quienes el jueves exigieron su rescate en una carta al presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Lo increíble de todo esto es que ocurrió en un restaurante, en el mero centro de Cuernavaca, a las 8 de la noche, con tráfico. Dices ‘no puede ser que pase algo así’; yo incluso colgué el teléfono con mi familia, les dije que a las 9 me retiraba del lugar. Ya no pude, lamentablemente pasó esto”, dice antes de presentar su declaración en la Fiscalía.

Relata que al ser subido a los vehículos comenzaron a golpearlo constantemente en la cabeza con las mismas pistolas que portaban los plagiarios.

Según la Fiscalía, el periodista fue subido a una camioneta Mazda CX-7 color blanca, y en ella fue trasladado hasta la casa de seguridad donde lo retuvieron durante 19 horas.

“Me metieron al vehículo, me empezaron a pegar con las cachas de las pistolas, yo creo que traigo no menos de 20 heridas en la cabeza, golpes en las costillas, durante toda la noche me estuvieron golpeando y no quiero dar más declaración porque voy a entrar a la Procuraduría, voy a dar mi declaración y no quiero entorpecer la investigación”, expresó.

Le colocaron una capucha en la cabeza y fue atado de pies y manos. Lo tiraron en el piso de una pieza, dentro de la casa. A lo largo de la noche y durante el tiempo que estuvo ahí, constantemente se turnaban para vigilarlo y de paso darle algunos golpes.

“Fue una experiencia verdaderamente mala, verdaderamente como una pesadilla, es algo que no le deseo a nadie, yo creo que ni al peor enemigo”, dice.

De complexión delgada y 58 años de edad, Adrián Fernández tiene dos hijos, uno de 19 y una adolescente de 14. Vive con ellos y su esposa, quien el jueves al medio día, desesperada, acudió a la Fiscalía a exigir que se le buscara y se le presentara con vida.

En aquel momento ella confirmó que nadie le había llamado para pedirle rescate. Con una imagen de su marido, pidió a los periodistas hacer algo para encontrar a su compañero.

“Ya no iba a ver a mi familia, ellos (sus captores) me lo dijeron: ‘mira, te vas a…”, hace una pausa, los ojos se le enrojecen y traga saliva con dificultad. “Yo ya no los iba a ver. Estaba… te pasan muchas cosas por la mente. Mi hija tiene 14 años, mi hijo 19. Yo creo que el sueño de todo padre es ver a la hija ya grande, casada, nietos… Y yo dije ‘voy a ser de los que no lo van a poder ver’. Ahora, gracias a la vida, gracias a Dios, lo voy a poder lograr. La verdad pensé que no la libraba”, relata.

En algún momento, sus captores decían “que se habían equivocado, que no era yo al que buscaban, todo eso la investigación lo tiene que determinar, la procuraduría (Fiscalía) lo tiene que investigar y determinar”.

Dijo que todo el tiempo lo tuvieron encapuchado: “nunca pude ver a mis captores, entraban, salían, me estaban interrogando, me preguntaban muchas cosas”.

Asegura que lo tuvieron atado de pies y manos, lo que le ha provocado problemas y síntomas en las últimas horas: “Les pedía por favor que me aflojaran un poquito, porque la circulación no me llegaba, de hecho, aún ando con las secuelas de que no me fluye bien la sangre, y cuando yo les pedía un favor, me remataban con otro trancazo”.

Después de ser rescatado y reencontrarse con su familia, fue llevado a un hospital donde pasó toda la noche, siendo revisado por médicos. Luego acudió a la Fiscalía a presentar su declaración.

“Si a alguien le debo este rescate es a la sociedad, primero a Dios, a mi familia, a la sociedad y a ustedes, como medios de comunicación que me apoyaron, ustedes hicieron viral mi secuestro y eso aportó de alguna manera a que la autoridad se abocara a la investigación. Es una prueba fehaciente de que juntos, unidos, la sociedad, la autoridad y los gobiernos se pueden lograr muchas cosas”.

“El mío es un caso como el de muchos, yo afortunadamente lo estoy contando, hay gente que no lo cuenta y verdaderamente le agradezco a la vida, a Dios, esta nueva oportunidad que me dieron”, expresó. Luego decidió ingresar a la Fiscalía, pidió comprensión, pues la demás información la daría en su declaración ministerial.

 

Asesinato en México Lindo

La persona que fue baleada por los secuestradores perdió la vida, se trata de un hombre de unos 25 años que se desempeñaba como guardia de seguridad y valet parking en el bar México Lindo.

“Él qué culpa tenía, pobre chavo, lo mataron y su delito fue estar en la puerta”, concluye Fernández Guerra y se despide.

En Morelos, desde el gobierno de Sergio Estrada Cajigal en el año 2000, una treintena de periodistas, hombres y mujeres, han sido amenazados, particularmente por funcionarios de gobierno, elementos y mandos policiales, o autoridades municipales.

Con el panista Estrada Cajigal, dos reporteros, un hombre y una mujer fueron criminalizados, siendo presos durante varias semanas.

En el sexenio de Graco Ramírez fueron varios quienes sufrieron amenazas directas de la coordinación de asesores del gobierno, siendo objeto de hecho de demandas penales ante la Fiscalía Especializada de la entonces PGR.

En el pasado sexenio fue asesinado un locutor de radio en Tlaquiltenango. El 1 de mayo de 2017, Filiberto Álvarez Landeros fue asesinado a balazos.

En tanto, el 20 de febrero de 2019, ya en el sexenio de Cuauhtémoc Blanco, Samir Flores Soberanes, fundador de la radio comunitaria Amiltzinko, en Amilcingo, Morelos, fue asesinado.

Samir era uno de los principales opositores al Proyecto Integral Morelos. Sus amigos y familiares acusan que su activismo fue la causa de su muerte. Este activismo tenía como principal manifestación su voz al micrófono de la radio.

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