“No soy quien crees”: pasión, redes sociales y mentiras

Juliette Binoche. Foto: diaphana.fr Juliette Binoche. Foto: diaphana.fr

MONTERREY, N.L. (apro).- El entusiasmo de Claire es dolorosamente patético: se enamora, a través de chats de redes sociales, de un hombre joven al que no ha visto en persona. Como mujer madura, vive un éxtasis virtual que experimentan las chicas en la adolescencia.

Inmiscuyéndose, voluntariamente, en una relación incorpórea, se vuelve loca de amor. Prendada de un fantasma, al que cree conocer, comienza a desapegarse de la realidad, mostrándose cada vez más emocionada y feliz con una ilusión que le ha regresado vitalidad a su aburrida existencia.

Hasta que la fantasía llega demasiado lejos y se estrella en la realidad, a través de una terrible tragedia.

O al menos eso es lo que parece.

No soy quien crees (Celle que Vous Croyez, 2019) es un elegante psicothriller pasional francés que lleva a los extremos los intercambios que ocurren a diario en redes sociales, y exhibe, en su triste dimensión, el engaño espiritual al que se someten las personas que creen que han encontrado su alma gemela, únicamente porque se entienden a través de una conversación entusiasta de Facebook.

Es obvio que Claire (Juliette Binoche) tiene un trastorno severo de personalidad. Expone su triste vida de atractiva divorciada con dos hijos y sin ilusiones, a una especialista que trata de entender cómo funcionan los meandros de su cerebro, afectado por decepciones. A partir de ese relato de diván, comienzan a desfilar los flashbacks para explicar que la llevó a ese estado alterado.

En su primera parte, la historia se aproxima muchísimo a Ella (Her, 2013). La mujer enloquece de pasión por un hombre al que se contacta únicamente por teléfono y computadora. Hasta llegan a tener algo parecido al sexo, mediante alguna sesión furtiva de Whatsapp. Pero él también pierde la razón, esperanzado en conocer a una chica que no sabe si es quien dice ser.

Juliette, en perpetua búsqueda de Binoche

Hasta que la relación termina abruptamente. Sin embargo, el director Safy Nebbou guarda la sorpresa para la segunda parte. La presentación parece decepcionante, pues no puede ser que dos personas maduras se involucren de una manera tan ingenua y extrema en un juego de llamadas y chats en la web.

Entonces comienza a jugar con múltiples posibilidades de desenlace de una historia interrumpida y comienza a manejar, inteligentemente, un juego de suplantación de identidades. Es como si estuviera haciendo travesuras con el relato. Ya no se sabe de qué manera la imaginación se superpone a la realidad, a través de enredados intercambios telefónicos, citas y encuentros casuales que no lo son tanto.

Al final, las piezas comienzan a tomar su lugar para componer el rompecabezas. La imagen distorsionada se va completando hasta presentar un cuadro de la realidad real que viven los personajes, muy diferente a la ensoñación que, al parecer, vivieron en los encuentros virtuales.

No soy quien crees es un drama muy intenso. Exige paciencia, pero al final ofrece la recompensa de una buena pieza sobre simulaciones, engaños y el ardor de una cincuentona necesitada de amor.

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