Análisis | El #8M feminista: vaivenes históricos

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer ha variado tanto en la fecha como en su percepción en distintas parte del mundo desde el siglo XIX Foto: Eduardo Miranda La conmemoración del Día Internacional de la Mujer ha variado tanto en la fecha como en su percepción en distintas parte del mundo desde el siglo XIX Foto: Eduardo Miranda

Durante varios años circuló el mito de que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se había instituido en memoria de las costureras y obreras textiles que en 1857 habían sido brutalmente reprimidas en las calles de Nueva York, por denunciar sus bajos salarios y sus jornadas de 12 horas. Así se creyó que el 8 de marzo de 1907 respondía a esa trágica protesta.

El origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora no se puede separar de la acción política de Clara Zetkin quien, en un clima de gran efervescencia política y junto a Luxemburgo y cincuenta y ocho delegadas de 15 países, celebraron la I Conferencia (Reunión)  Internacional de Mujeres en Stuttgart en 1907.

Al finalizar esta conferencia se realizó un pronunciamiento por el derecho al voto de las mujeres, se constituyó un Secretariado Internacional y el periódico dirigido por Clara Zetkin -“Die Gleichheit” (“La Igualdad”)- se convirtió en su órgano periodístico.

En ese tiempo, tanto en Europa como en Estados Unidos, las socialistas y comunistas no asumían claramente la lucha por el sufragio femenino, ya que consideraban que los derechos políticos de las mujeres vendrían con la transformación provocada por el triunfo del proletariado.

En todo el mundo, era común que los izquierdistas consideraran la lucha sufragista como una batalla secundaria, incluso conservadora. Sin embargo, en Estados Unidos el Partido Socialista designó un Comité Femenino Nacional en la Campaña para el sufragio, y el 8 de marzo de 1908 la sección 3 de la New York City Social Democratic Society llevó a cabo una  manifestación por el voto femenino.

Los socialistas estadounidenses  declararon que el último domingo de febrero sería el Día Internacional de la Mujer, y así, el 23 de febrero de 1909, dos mil personas se reunieron para apoyar la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y el derecho al voto femenino.

Al año siguiente, el 27 de febrero de 1910, la reunión donde las oradoras reivindicarían la importancia de la reunión de Stuttgard en 1907 inició con las asistentes cantando “La Marsellesa”. 

La II Conferencia Internacional de Mujeres se realizó en 1910 en Copenhague, y  cien delegadas de 17 países votaron una resolución contra la guerra y eligieron el día 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, enfatizando las reivindicaciones de las proletarias y el derecho al voto. Sin embargo, en 1911 la celebración del Día Internacional de la Mujer en varios países europeos se llevó a cabo el 18 de marzo, para así coincidir con el cuadragésimo aniversario de la Comuna de París.

En Rusia, desde 1913, las mujeres lideradas por la feminista Aleksandra Kollontai  celebraban ese día el último domingo de febrero (de acuerdo con el calendario gregoriano).

En 1917, la manifestación femenina del 23 de febrero (8 de marzo del calendario occidental) cobró un cariz más radical, debido al contexto. Los obreros metalúrgicos se sumaron a una marcha que se transformó en movimiento alzado. Dos días después, el Zar ordenó al general Khabalov disparar si era necesario, para detener a ese movimiento de  mujeres que había pasado de pedir pan a exigir el fin de la autocracia. Así inició la Revolución Rusa, y el 27 de febrero (calendario gregoriano) el Zar fue obligado a abdicar. Lo demás ya es historia conocida.

Los acontecimientos en Rusia sellaron el 8 de marzo como Día Internacional  de la Mujer, y en 1918 las primeras en celebrarlo fueron más de tres mil mujeres en Austria. Con Clara Zetkin, Lenin instituyó en 1922 el Día Internacional de la Mujer como un día oficial festivo, y también ese año se empezó a celebrar en China.

En México, el 8 de marzo se festejó oficialmente por primera vez en 1926, bajo el gobierno del presidente Calles y por la presión de los grupos feministas de aquella época.

Curiosamente esa celebración se llevó a cabo muy pomposamente en Bellas Artes.  El 8 de marzo se siguió celebrando a lo largo de 25 años, desde 1926 hasta 1951.

Al concederse el voto a las mujeres mexicanas en 1953, en el sexenio de Ruiz Cortines, el gobierno mexicano realizó la misma maniobra que hicieron otros países capitalistas: transformar la celebración revolucionaria e internacional en un simple festejo nacional.

De esa manera el 15 de febrero se convirtió en México en el Día de la Mujer. La sustitución mostró que el carácter socialista, internacionalista y abiertamente pro obrero de la celebración molestaba a un gobierno cada vez menos revolucionario.

“No ‘conviene alborotar’ a las obreras, no se desea buscar una unión de clase con las trabajadoras de otros países ni se deben “fomentar” ideas socialistas y feministas”.

En 1978, un frente amplio de mujeres independientes, feministas, sindicalistas y  militantes de partidos (que iba desde los comités femeniles de la Tendencia Democrática del SUTERM, el STUNAM, la sección 14 del Sindicato de Salubridad y Asistencia (Hospital General) hasta la Coalición de Mujeres Feministas y la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas, e integrantes del  Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Partido Comunista Mexicano) reivindicó la celebración del 8 de marzo.

El 15 de febrero cayó en el olvido, y hoy el 8 de marzo se perfila como una celebración radical y democrática. Ojalá también recupere su sentido socialista e internacionalista.

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