Los dos congresos feministas de Yucatán en 1916 

El feminismo histórico de nuestro país debe mucho a la yucateca Elvia Carrillo Puerto: “olvidada de todos y en la pobreza” Foto: Alejandro Saldívar El feminismo histórico de nuestro país debe mucho a la yucateca Elvia Carrillo Puerto: “olvidada de todos y en la pobreza” Foto: Alejandro Saldívar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Su nombre casi no dice nada a la nación mexicana de hoy; pero el feminismo histórico de nuestro país debe mucho a la yucateca Elvia Carrillo Puerto, nacida en Motul un 6 de diciembre de 1878 y fallecida en 1967, “olvidada de todos y en la pobreza”, como escribe Elena Poniatowska en la introducción a la biografía de Monique J. Lemaître, Elvia Carrillo Puerto. La Monja Roja del Mayab (Ediciones Castillo, 1998), así:

En 1916 se celebra en Mérida, Yucatán, el Primer Congreso Feminista de México. Este congreso es sin duda alguna el punto de partida del feminismo en nuestro país. Elvia, socialista convencida, promueve la ley feminista que cambia la edad de la emancipación de la mujer de los 30 a los 21 años y sentada al lado del general Alvarado –el hombre máximo de Yucatán en ese momento–, lo convence de todo, hasta de liberar a su hermano Felipe Carrillo Puerto [1872–1924, quien ocupó la gubernatura yucateca en 1922 y pronunció el primer discurso de su mandato en lengua maya], preso injustamente.

El Primer Congreso Feminista de Yucatán es obviamente el antecesor del Año Internacional de la Mujer en 1975. Por primera vez plantea cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no sólo sea elemento dirigido sino dirigente de la sociedad. A partir de ese momento Elvia consolida su lucha por los derechos de la mujer y subraya al igual que su hermano Felipe, el valor del trabajo frente al capital. 

Formidable activista, Elvia adiestra a campesinas en la exigencia de sus derechos y llega a pensar en clínicas para instruir a las mujeres sobre métodos moderados de anticoncepción. Va más allá y promulga la obligación legal de las prostitutas de exigirle un certificado de buena salud a sus clientes. 

La llaman “la sufragista bolchevique” y muchos se preguntan: “¿Hasta dónde va a llegar Elvia?” Sin embargo, su feminismo no es considerado agresivo ni violento, sino seductor y tan bello como su apariencia física…

Después del asesinato de Felipe Carrillo Puerto y tres de sus hermanos en 1924, Elvia vive meses de terror. Sólo al final de su vida vendrá a vivir a la ciudad de México con su hijo Marcial ya grande, divorciado y padre de una niña que Elvia sacará adelante. Honrada, en 1939 por el general y presidente Lázaro Cárdenas, es nombrada Veterana de la Revolución.

Muere en 1967, sin pena no gloria, olvidada de todos y en la pobreza, a los 89 años. 

Monique Lemaître se identifica con esta mujer extraordinaria y la rescata como deberían serlo muchas mexicanas, hoy olvidadas: la editora Juana Gutiérrez de Mendoza, la ferrocarrilera Elvira Trueba; la huelguista de Río Blanco, Lucrecia Toriz, la cantante Concha Michel, hasta llegar a Adelina Zendejas que junto con otras mujeres consiguió en 1946, durante la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines el voto para la mujer. De todas ellas, la única que ha recibido un merecido reconocimiento es Carmen Serdán…

Valentía de revolucionaria

Elvia Carrillo Puerto. La Monja Roja del Mayab, es un libro prácticamente desconocido como su autora, Monique J. Lemaître (D.F., 31 de marzo de 1934-Pittsburgh, Pennsylvania, Estados Unidos, 5 de noviembre de 2015). Consta de 157 páginas, seis capítulos, notas, bibliografía y fotos.

Ya desde 1912, en la Liga Feminista de Mujeres Campesinas fundada por Elvia, se discuten los temas que giran alrededor de la tenencia de la tierra que debería ser de quien la trabaja, las jornadas de ocho horas, la liberación de todos los indios acasillados, la necesidad de construir escuelas rurales en todas las poblaciones y haciendas del estado y de introducir en ellas el método de enseñanza racionalista, el problema del alcoholismo, la necesidad de educar a las mujeres sobre métodos modernos de contracepción y sobre el “amor libre”. Como veremos más adelante, ninguna de estas reivindicaciones será verdaderamente discutida (con la excepción de la necesidad de imponer el sistema de educación racionalista desde el primer año de enseñanza primaria), durante el Primero y Segundo Congresos Feministas de Yucatán, en 1916…

  Los temas que se discutieron durante el Congreso fueron cuatro:

1) ¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir [liberar de la esclavitud] a la mujer del yugo de las tradiciones?

2) ¿Cuál es el papel que corresponde a la Escuela Primaria en la reivindicación femenina, ya que aquella tiene por finalidad preparar para la vida?

3) ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa del progreso?

4) ¿Cuáles son las funciones políticas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la sociedad?

  En el capítulo dos de La Monja Roja del Mayab, “Elvia revolucionaria”, leemos que partir de 1909, ella empezó a trabajar activamente para la causa antirreeleccionista yucateca. Escribe Lemaître el contexto de aquella lucha:

Los morenistas saben que los molinistas nunca sospecharán de una mujer joven y bella y de apariencia tan catrina y la contratan para ser propagandista y mensajera.

Ese año, se suman a los “morenistas” (partidarios de Moreno Cantón) y “molinistas” (partidarios de Muñoz Arístegui, títere del exgobernador yucateco Molina Solís, entonces Ministro de Fomento del dictador Porfirio Díaz) el conjunto llamado los “pinistas” (partidarios del único grupo antirreeleccionista que postula la candidatura de José María Pino Suárez). Encarcelado injustamente, Felipe Carrillo Puerto no saldría de prisión sino hasta el 25 de marzo de 1913. Lemaître sugiere que los “pinistas” contrataron ya en 1924 a un hombre (Néstor Arjonilla), que era protegido de Felipe Carrillo Puerto, para que asesinara a éste.

Pino Suárez, durante su breve gobernatura en Yucatán en 1911 y después, al ser electo vicepresidente en el gobierno de Francisco I. Madero, se negó a otorgarle la libertad, recordando el papel que Felipe Carrillo Puerto había desempeñado en 1909. Elvia es quien más visita a su hermano Felipe en la penitenciaría Juárez durante esos años. Le ayuda con su traducción de la Constitución en maya (que ella habla muy bien por ser profesora rural), le lleva textos socialistas, feministas, y otros para que aprenda inglés. Conforme a Lemaître, Elvia se ha convertido en una “verdadera revolucionaria”.

El 14 de julio de 1912, Elvia Carrillo Puerto organizó la Primera Liga Feminista Campesina, 4 años antes de ingresar como propagandista y organizadora de las Ligas de Resistencia Feministas-Socialistas durante el gobierno de Salvador Alvarado (nombrado por Carranza en marzo de 1915). Recordemos además que el 22 de febrero de 2013 se produjo la “Decena Trágica”, cuando El chacal Huerta ordenó asesinar a Madero y Pino Suárez.

Lápiz masculino

El Primer Congreso Feminista de Yucatán fue el primero en su temática de la República Mexicana y el segundo de América Latina, congregando a las mujeres en el Teatro Peón Contreras de la capital yucateca del 13 al 16 de enero de 1916. Los Anales de congreso se conformaron por tres textos fundamentales, sin firma, siendo editados el mismo año por los Talleres del “Ateneo Peninsular” y publicados por segunda ocasión en junio de 1975, “Año Internacional de la Mujer”. El primer artículo: “La evolución del feminismo. La mujer y la historia”, establece la filación entre feminismo y socialismo.     

El feminismo, igual que el socialismo (del que es aliado y derivado natural) pertenece en realidad al siglo XIX, por más que antes de su advenimiento rebrotasen en el seno social de Europa algunas protestas en favor de la mujer y del obrero.

Hay múltiples referencias a precursoras feministas francesas, como Madame de Staël y George Sand. El siguiente párrafo seguramente lo escribió un hombre y resume el punto más controversial de las feministas radicales yucatecas, notablemente de Elvia Carrillo Puerto:

Cuando la mujer sin desdoro de su honra pueda decirlo todo; cuando no se avergüence a los pudibundos tenorios y a las viejas cocotas blasonadas al hacer pública ostentación de sus inclinaciones amorosas; cuando no sea un crimen el desliz, sino una simple equivocación que se remedia y se enmienda; cuando no sufra el galanteo brutal del chulo y del señorito afeminado y pueda escupir el rostro de los soeces, la injuria que a diario se le hace en admiraciones cínicas y eróticas; cuando sea dueña de ir y venir adonde le plazca, sin miedo a los sátiros profesionales, y las leyes civiles y políticas la igualen al hombre, entonces –yo opino–, la mujer vencerá a su enemigo.

A decir de Lemaître, el segundo artículo intitulado “La mujer a través de la Literatura”, empieza por una descripción de la deificación de la mujer en los grandes poemas épicos de Persia y la India como el Gita-Govinda, El libro de los reyes y El Diván. Continúa con una larga comparación entre las mujeres homéricas, la cual concluye con el alabo de la figura de Andrómaca, quien es “una santa”, frente a la pagana Elena quien simboliza al “pecado”.

El tercer artículo que precede a la Convocatoria y a los Anales, “La mujer en nuestro medio”, comienza por citar profusamente lo que varios Cronistas de Indias escribieron en torno a las mujeres mayas:

Sumisa al marido, en una sociedad patriarcal, sufría que se la repudiase a voluntad y agotaba su vida en la ardua lucha familiar y en ayudar al hombre a labrar la tierra. Era por lo tanto, por más elogios que le rindan los historiadores, apenas algo más que una esclava y hasta no falta alguien que, como Ternaux Compans, asegure que los indios yucatecos vendían a sus mujeres. 

A la llegada de los invasores europeos, prosigue el artículo, nada cambió:

El verdadero movimiento en favor de la mujer parte de la Independencia y vino a realizarse en Yucatán con la fundación del Instituto Literario de Niñas, después del triunfo de las ideas liberales, contra el Imperio… En realidad, hasta no hace dos décadas la mujer yucateca pedía sumar su existencia en aquel adagio vulgar en Sur-América, de “vivió, elaboró tortillas y murió”. 

Monique J. Lemaître no duda que haya sido una mujer quien redactó los el tercer texto, pero ¿quién fue la autora? Se pregunta: ¿Rosa Torre? ¿Elvia Carrillo Puerto? ¿Beatriz Peniche? ¿Raquel Dzib Cicero? 

Es de extrañarse que el nombre de Elvira Carrillo Puerto no aparezca en los Anales y sí aparezcan otros de delegadas de Motul, sobre todo el de Rosa Torre. […] el artículo segundo de la ‘Nueva Convocatoria’ que decía “Constituirán el mencionado Congreso, todas las señoras y señoritas que posean cuando menos conocimientos de Educación Primaria”, le pareció discriminatoria [a Elvia] pues muchas de las campesinas mayas que pertenecían a la Liga Feminista apenas sabían leer y escribir…

El texto inaugural del Congreso fue escrito por Hermila Galindo, yendo mucho más allá que las intervenciones de la vasta mayoría de las organizaciones del Congreso Feminista de 1916, pues “reclama el cuerpo de la mujer para sí misma y se atreve a mencionar el problema de la prostitución, del infanticidio y del aborto, a los cuales no se refiere ninguna de las concurrentes cuyas palabras fueron transcritas en los Anales”.

Para el Segundo Congreso Feminista que tuvo lugar en Mérida del 23 de noviembre al 2 de diciembre de 1916, sólo 234 delegadas estuvieron presentes de las 700 quienes asistieron al Primer Congreso Feminista.

La profesora Rosa Torres (quien participó en el Primer Congreso Feminista de Yucatán, en enero de 1916) fue, en 1922, la primer mujer en desempeñar un cargo de elección popular al ser Presidente del Consejo Municipal de Mérida.

El voto se concedió a la mujer en México en 1946 a nivel municipal, en 1954 a nivel del Congreso y finalmente, en 1958, 21 años después del intento cardenista, a nivel presidencial. Ese año, un periodista, Florencio Zamarripa, que escribía para la revista Atisbos, realizó la única entrevista que jamás se le hizo a Elvia Carrillo Puerto.

Y culmina la biografía de Lemaître, publicada en el volumen 23 de la “Colección Más Allá” de Ediciones Castillo, en Monterrey, Nuevo León:

Los bisnietos de Elvia Carrillo Puerto son quienes quizás podrían iluminarnos sobre la vejez de Elvia, ya que ésta sobrevivió por muchos años a todas las feministas que la conocieron de cerca.

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