México truena contra Almagro en asamblea donde fue reelecto como secretario general de la OEA (Video)

Luz Elena Baños Rivas, representante mexicana, en la asamblea de la OEA. Foto: OEA Luz Elena Baños Rivas, representante mexicana, en la asamblea de la OEA. Foto: OEA

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La embajadora Luz Elena Baños Rivas, representante de México ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), criticó con vehemencia la reelección “muy lamentable” del uruguayo Luis Almagro en la Secretaría General del organismo, a la que calificó como “triunfo de las malas prácticas democráticas”.

El discurso al vitriolo, que leyó la embajadora después de la votación –en la que Almagro obtuvo 23 de los 33 votos, con el apoyo del bloque de gobiernos conservadores de América, entre ellos Estados Unidos y Brasil–, agrava la brecha entre el gobierno mexicano y el excanciller de Uruguay, que se abrió y se profundizó a lo largo del año pasado, respecto a los temas de Venezuela y Bolivia.

Luis Almagro, reelecto en la OEA. Foto: OEA

“Inicia Usted, señor secretario, un segundo periodo, no solo con la falta de apoyo, sino con el rechazo de un grupo importante de Estados. Su elección es una patética expresión de lo que cualquier Misión de Observación Electoral (MOE) observaría como malas prácticas. Expresa la profundización de las diferencias y de las fracturas en el hemisferio”, asestó la embajadora.

“Es muestra del triunfo de la conducción parcial de la OEA, de un Secretario General que actúa como otro Estado miembro, y no como un facilitador. Un Secretario General que no cree en la reelección e hizo todo lo posible por reelegirse, usando nuestros recursos para lograrlo”, abundó Baños y, en conclusión, soltó: “Muy lamentable su reelección, señor Secretario General (…) Hoy la OEA no celebra nada, queridos compañeros y compañeras. Excepto el triunfo de las malas prácticas democráticas y de la confrontación entre los Estados.

En esta contienda, el gobierno mexicano –que tuvo varios desencuentros con Almagro el año pasado– apoyaba a la diplomática ecuatoriana María Fernanda Espinosa; todavía antier, la Misión Permanente de México ante la OEA pidió que se pospusiera la elección debido a las medidas adoptadas ante la pandemia de Covid-19, petición que no tuvo efecto.

El funcionario mexicano Efraín Guadarrama Pérez, Director General de Organismos y Mecanismos Regionales de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), menospreció desde su cuenta de Twitter la reelección de Almagro: señaló que, a diferencia de sus antecesores –quienes fueron reelectos con unanimidad–, el uruguayo logró su permanencia en el cargo con “10 votos en contra”.

Al frente de la Secretaría General de la OEA, Almagro adoptó posturas y posicionamientos muy críticos contra los gobiernos de Nicolás Maduro en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia, dos líderes regionales que se asumen “antiimperialistas” y opositores a la influencia de Estados Unidos en la región.

El expresidente uruguayo José Mujica, quien impulsó a Almagro para la Secretaría General de la OEA, incluso desconoció a su excanciller en una carta que le envió en noviembre de 2015, mientras el hombre encabezaba una embestida contra Maduro desde la OEA. En ella, Mujica expresó: “Lamento que los hechos reiteradamente me demuestren que estaba equivocado (…) Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el gobierno mexicano formaba parte del grupo de Almagro en la OEA –con Colombia, Estados Unidos, o Argentina, en tiempos de Mauricio Macri–, pero tras la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, México dejó de seguir la línea del uruguayo: en las primeras semanas de 2019, por ejemplo, la diplomacia mexicana rechazó dos declaraciones internacionales que desconocían al gobierno de Maduro.

Los roces entre Almagro y la diplomacia mexicana respecto a Venezuela continuaron en 2019, pero el rompimiento definitivo se alcanzó durante la crisis boliviana, en la que Almagro jugó un papel clave: tomando de sorpresa al gobierno de Morales, su equipo divulgó un informe preliminar que refería a supuestas irregularidades observadas durante las elecciones del pasado 20 de octubre.

La publicación de dicho informe, el 10 de noviembre, sirvió de pretexto a la cúpula militar para pedir la renuncia del expresidente boliviano, lo que ocurrió el mismo día; de inmediato, el gobierno mexicano otorgó el asilo a Morales y llamó al diálogo para resolver la crisis boliviana.

Durante las reuniones posteriores en la OEA, la representación mexicana criticó en varias ocasiones a Almagro: el 21 de noviembre, la embajadora Luz Elena Baños Rivas afirmó por ejemplo que el uruguayo “nuevamente se ha excedido en sus funciones, al reconocer a la señora Jeanine Áñez como presidenta interina cuando se trata en realidad de una autoridad de facto”.

Almagro, por su parte, recrudeció sus ataques contra el gobierno derrocado de Morales: el 12 de noviembre –dos días después de la renuncia del líder indígena– lo acusó incluso de haberse asestado un “autogolpe”; un hecho, que, aseguró, le dolía “en el alma”.

El reclamo de México hacia Almagro se avivó el pasado 27 de febrero, cuando el Washington Post publicó las conclusiones de un análisis que demolió las conclusiones del estudio de la OEA sobre las elecciones en Bolivia; dicho análisis planteó que, según las evidencias estadísticas, Morales ganó “muy probablemente” las elecciones del pasado 20 de octubre, desde la primera vuelta, con una ventaja de más de 10 puntos sobre su rival, Carlos Mesa.

Al día siguiente, el gobierno mexicano exigió formalmente a Almagro que explique las “discrepancias” entre ambos informes y, en su caso, que el uruguayo reconozca “las afectaciones de derechos humanos derivadas de los errores en el análisis de la OEA”.

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