Los migrantes víctimas de “La Hielera”

Agentes de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Udnidos trabajando en una instalación de procesamiento de migrantes en Brownsville, Texas. Foto: Foto AP / Eric Gay, Pool Agentes de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Udnidos trabajando en una instalación de procesamiento de migrantes en Brownsville, Texas. Foto: Foto AP / Eric Gay, Pool

Para los migrantes centroamericanos hacinados en albergues de Tijuana y Mexicali la vida se ha vuelto un infierno. Muchos de ellos insisten en pedir asilo en Estados Unidos y se someten a innumerables medidas impuestas por las autoridades estadunidenses, incluidos los viajes a la Corte de San Diego, donde son encerrados en “La Hielera” –una jaula en la que deben soportar el aire acondicionado que los enferma–. Saben de la letalidad del coronavirus y temen contraerlo, pero es mayor su sueño por internarse en Estados Unidos.

MEXICALI, BC (proceso).- “De repente siento que no hay escapatoria”, dice Mayra. Lucha por contener el llanto cuando pronuncia la frase con la que expresa su angustia, motivada por múltiples factores: porque está varada en México, donde tiene que cuidarse de las balas; por no poder cruzar a Estados Unidos; por ser asmática, y ahora… porque se sabe vulnerable ante el coronavirus por el que, según ha escuchado, la gente se muere.

Hace un año salió de Honduras huyendo del crimen organizado, luego de que mataron a su pareja. Hoy, carga con dos pequeñas que, como ella, son asmáticas. Las tres residen en el albergue Espacio Migrante de Tijuana.

“En México te puede matar una bala; en Estados Unidos, el coronavirus –dice–. Allá es más difícil que te encuentren para hacerte daño”. Por eso espera con ansia el otorgamiento de asilo, aunque no oculta su miedo a contraer el virus del otro lado de la frontera.

Mayra es una de las 41 residentes del albergue donde la abogada Tania García recrimina al gobierno federal que no cuente con un plan para atender a personas en proceso de movilidad ni tenga una estrategia para evitar posibles contagios.

De la treintena de albergues que hay en Tijuana ninguno cuenta con espacios privados, “por lo que la propagación del contagio sería muy rápida”, dice.

–¿Ya hablaron con las autoridades de salud sobre este tema?

–Sí, y su respuesta fue: “Si alguien se contagia, aíslenlo”. Eso, en un albergue, es imposible.

A la fecha, el gobierno del estado sólo ha dado una plática a representantes de los albergues para enfrentar la pandemia, pero no les ha proporcionado material de higiene ni carteles con los pasos a seguir.

Los viajes a la Corte

Cuando las caravanas migrantes se desbordaron, el presidente estadunidense Donald Trump amenazó al gobierno mexicano con imponer aranceles al acero si no las frenaba.

Para mitigar el caudal humano, México firmó con Estados Unidos el llamado Protocolo de Protección al Migrante, donde acepta que los solicitantes de asilo sean retornados a México para que, desde aquí, esperen su proceso.

En Baja California hay aproximadamente 7 mil personas en espera de asilo en Estados Unidos; son 60 mil en toda la frontera.

Soraya Vázquez, encargada del capítulo mexicano Families Belong Together, explica que la llamada Customer Border Patrol de Estados Unidos elabora “una lista” –que ella considera violatoria de los derechos humanos– que incluye a los solicitantes de asilo.

Después, le dice al Instituto Nacional de Migración (INM) de México que elija “10 números”, y el instituto decide a quiénes se los otorga.

“Al migrante que le tocó el número le dicen: ‘Tu Corte es tal fecha’. Le dicen dónde debe presentase y luego lo retornan a Tijuana, Mexicali o Tecate, dependiendo del albergue en el que se encuentre”.

La Corte es el lugar donde el juez escucha los alegatos de asilo. Para Baja California hay sólo una Corte, en San Diego. La abogada de Espacio Migrante, Tania García, detalla: “Los migrantes, cuando cruzan a sus audiencias, lo hacen en grupos, varias veces al día. Cuando cruzan, los meten en unas celdas, después los trasladan en autobús a la Corte y, tras regresarlos, los detienen temporalmente.

“Ahí están –dice– hacinados todo el tiempo. Permanecen uno, dos días o una semana. Después los sueltan. A esos lugares les llaman ‘La Hielera’ porque el aire acondicionado es muy alto; tanto, que cuando salen tienen las defensas bajas, lo que aumenta la posibilidad de que se contagien del coronavirus.”

Ayer fue una muchacha a su Corte, dice Mayra. Lo primero que pensé fue: “¡Ojalá y no se relacione con tanta gente ni se contagie!”, porque aquí hay niños con defensas bajas.

Las dos pequeñas de Mayra padecen asma; la más pequeña, al igual que ella, ha padecido ataques de neumonía.

“No duele, pero sí te falta la respiración. Sientes ansiedad, desesperación, tiembla el cuerpo. Se te acaba la fuerza de las manos, se ponen frías… tienes miedo de morirte. Al principio te da fiebre, catarro, dolor de garganta. Eso pasa con la neumonía, con el coronavirus sería difícil distinguirlo

“La neumonía puedes controlarla: el coronavirus, dicen, mata.”

–Asilarse en Estados Unidos pudiera llevar a la muerte –le comenta la reportera.

–Allá te puedes contagiar y morir.

–Entonces, se vuelve contradictorio querer estar allá.

–Pero es más fuerte querer salir de aquí. Mi sueño es llegar a Texas, darles a mis hijas una vida estable, seguridad.

Mayra voltea y fija su mirada por primera vez, luego suelta la frase: “Todos estamos en peligro”.

 Sin estrategia, sin protocolo

El pastor José Antonio Altamirano Trujillo está al frente del albergue Camino de Salvación, que abrió sus puertas un año antes de la crisis haitiana, en 2016.

Con capacidad para 45 migrantes, el albergue de la Iglesia Cristiana está al 50% de su capacidad. “El flujo ha bajado en las últimas semanas, probablemente porque el gobierno no los deja avanzar más allá de Chiapas”, dice el pastor.

La semana pasada, de Camino de Salvación salió una familia nicaragüense hacia la Corte; estuvo allá tres días. Al salir de Estados Unidos se les aplicó el protocolo de salud, pero al ingresar a México “parece que no lo hicieron”.

El miércoles 4, el capítulo mexicano de Families Belong Together pagó el traslado de un grupo de 24 migrantes y les proporcionó orientación jurídica; el jueves 5 lo hizo con otras 21 personas; el martes 10, con 18 migrantes, todos provenientes de los albergues de Mexicali; también apoyaron la movilización de los migrantes albergados en Tijuana.

Todos esos grupos entraron a Estados Unidos y regresaron a México sin ser atendidos por autoridades de salud del lado mexicano. En Estados Unidos “hay organizaciones que no tienen claras las medidas para los centros de detención en el tema de prevención”, advierte García.

El tema resulta preocupante, dice, ya que los albergues son espacios abiertos donde no hay privacidad; por lo tanto, un contagio se puede propagar rápidamente. Además, los encargados de los albergues no son médicos ni están capacitados para atender el contagio de coronavirus ni cualquier otra enfermedad.

La Coalición Pro Defensa del Migrante, Asociación Civil, que aglutina a ocho albergues –Casa del Migrante en Tijuana, AC; Instituto Madre Asunta, AC; Casa YMCA (para menores); Ejército de Salvación; Casa Puerta de Esperanza del Ejército de Salvación; Albergue del Desierto; Centro del Apoyo al Trabajador Migrante; y Centro de Derechos Humanos y Educación Cívica, AC–, manifestó su preocupación por que en México ninguno de los tres niveles de gobierno tiene una estrategia binacional o un protocolo de atención y coordinación para enfrentar al coronavirus.

El miércoles 18 en un comunicado expresó su inquietud por “el hacinamiento en los centros de detención en que se encuentran los solicitantes, previo a su cita en la Corte de Inmigración en San Diego”.

Ante la amenaza de mayores deportaciones, la Coalición Pro Defensa del Migrante pidió al gobierno federal que les dé prioridad de alojamiento en el Centro Integrador para Migrantes Carmen Serdán, “dado que los albergues tradicionales tendríamos muy poca capacidad para atender población de gran magnitud”.

Hasta el cierre de edición ninguna autoridad había brindado ayuda a los cerca de 30 albergues ubicados en Tijuana.

Soraya Vázquez cuestiona que las autoridades no consideren a esas personas seres humanos con derechos. “No los visualizan así ¡Se les despojó de su humanidad!

“¿Crees que van a tener una consideración para prevenir en esta pandemia el contagio y demás, cuando no valen nada, no les importa si se enferman o se mueren? Lo vemos aquí con la atención a la salud donde han muerto bebés por un parto mal atendido”, dice indignada.

Las organizaciones son las que se encargan de atender a los migrantes. Lo que les molesta, dice Vázquez, es que pareciera que no pasa nada, que no hay crisis migratoria.

“Sí la hay –insiste–, nada más que el gobierno no la atiende… Te voy a decir una cosa: todo el tema de la política migratoria se decide a nivel central y no se da un paso si Garduño (Francisco, el comisionado del INM) no dice algo. Pero Garduño no está aquí; ni los ve ni los oye ni entiende nada.”

Pese a todo, las organizaciones demandan al gobierno federal una estrategia urgente y un protocolo para atender a los migrantes en esta emergencia sanitaria, pues los albergues no cuentan con las herramientas para atender casos de contagio de covid-19.

–¿Y qué pasará si el gobierno estadunidense cierra la Corte? –se le pregunta a la abogada Tania García.

–Será un caos pues los albergues no cuentan con la capacidad para recibir a repatriados ni a migrantes. Con todo, esos albergues son el único lugar donde gente como Mayra se siente protegida.

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