“Chicas perdidas”: búsqueda angustiosa

"Chicas Perdidas" (Lost Girls, 2019), se transmite en Netflix. Foto: Especial "Chicas Perdidas" (Lost Girls, 2019), se transmite en Netflix. Foto: Especial

MONTERREY, NL (apro).- Mari es una mala madre. Desde joven tuvo un comportamiento errático con sus tres hijas. A la mayor, Shannan, la envió a orfanatos, para que fuera criada. La chica creció sin amor y, ya adulta, desapareció.

Aunque tuvo errores evidentes al criar a sus niñas, ¿debe la mujer ser indiferente al saber que su hija pudo ser víctima de un crimen? ¿La policía no debe buscarla porque supone que se involucraba en actividades riesgosas?
‘Chicas Perdidas’ (Lost Girls, 2019), estrenada en Netflix, interpreta el libro de Robert Kolker que indaga la suerte de una decena de jóvenes mujeres que en la primera década del milenio fueron asesinadas y tiradas en un pantano cerca de Nueva York.

La directora Liz Garbus mira con simpatía a los familiares, mayormente mujeres, que no se rinden ante la indiferencia de los detectives que, por negligencia o desinterés, se abstienen de efectuar las pesquisas precisas, cuando tienen numerosas evidencias y hasta sospechosos para llegar a la verdad.

En su carrera cinematográfica Garbus se ha enfocado en historias de corte policiaco y de nota roja global. Esta vez presenta a Amy Ryan como la madre que, en su obstinada determinación por encontrar a la chica, emprende su propia búsqueda en oscuros rincones del país, donde el aislamiento y el sigilo de los vecinos hacen escabrosos los progresos para llegar a la verdad.

La historia, de desarrollo rápido, es presentada como un thriller policiaco basado en la realidad, donde la mirada se concentra más en la devastación que deja la ausencia en las víctimas colaterales, los familiares.

Aunque la narrativa toma partido, no da concesiones. El retrato es crudo y desnuda las condiciones en las que crecen las chicas que se dedican a la prostitución y que entran en un tren de vida que no ofrece réditos. Mari es una mujer con muchos defectos, que incluso llega a solapar, por conveniencia, la conducta de su hija hasta que es demasiado tarde. Es pesada la carga de culpa que carga durante su doloroso calvario.

La historia, que transpira trabajo reporteril en su hechura, sabe que desafortunadamente los medios están convertidos en un actor determinante en el devenir de los asuntos públicos. Nadie puede resistirse a la presión de la prensa. Hasta que Mari invoca a la televisión y expone públicamente el caso, los políticos comienzan a mover sus inútiles traseros para ofrecer respuestas a la opinión pública, que determinará si siguen en sus cómodos despachos para los que fueron elegidos.

Luego de un intenso recorrido de búsqueda, el epílogo de Chicas Perdidas’ es altamente insatisfactorio. Al final del angustioso relato queda coraje acumulado. Sin embargo, el saldo, como lección de vida, es el ejemplo de una ciudadana determinada que tiene el poder de movilizar una corporación policiaca entera, para que haga su trabajo.

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