Música, arte, historia y reflexiones en el hogar

Iluminación musical. Foto: Alejandro Saldívar Iluminación musical. Foto: Alejandro Saldívar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En las novelas de G. K. Chesterton LAS PARADOJAS DE MR. POND, hallamos la de “El terrible trovador”: “En la naturaleza hay que buscar a un nivel muy inferior para encontrar cosas que lleguen a un estado muy superior”.

Entre aquellos dedicados a la música hallamos algunas, pues ejecutan su arte en tiempos del coronavirus colectivamente, así; mas no de manera personal, juntitos con otros colegas, sino a la distancia, y entonces alcanzan latitudes y públicos insospechados, virtuales, que jamás hubiesen podido lograr de hacer música grupal en vivo o en un cuartito de estudio.

Aquí solicitamos aforismos sobre la paradoja de hacer arte en tiempos de coronavirus, a músicos como Alejandro Mojica Díaz (pintor y promotor cultural nacido el 18 de julio de 1955 en Teocaltiche, Jalisco, desde Culiacán, Sinaloa; por años director de los encuentros mágicos del Festival Yoreme); asimismo, desde Milán nos escribe el neorrupestre Iván Rosas (radicado en aquella magnífica tierra del Teatro La Scala, ahora tan flagelada por la calamidad virulenta). Y desde el centro de nuestro país, tercia Mauricio O. Mayén, alias MAO TSE PUNK, exrequintista de la banda Trolebús (fundada curiosamente por quien radica al sur de España, CHO LUIS Campos) y de Los Pechos Privilegiados.

Agregamos la reflexión que nos envió el actor de cine, tele y teatro José Carriedo (¿recuerdan a EL MATADOR EN A OCHO COLUMNAS, de Luis Spota, con la guapa Sophie Alexander-Katz?); el comentario contrastante del pintor, fotógrafo y experto rocanrolero Pablo Vargas, desde la sierra guerrerense de Chilapa, para culminar con el texto teñido políticamente de rojo a cargo del historiador del INAH Felipe I. Echenique March (DF, 1955), campeador de mil batallas contra la burocracia cultural mexicana y autor de UNA HISTORIA SEPULTADA: MÉXICO, LA IMPOSICIÓN DE SU NOMBRE. ANÁLISIS DOCUMENTAL (Bonilla Artigas Editores, 384 páginas).

¡Ah, pero nos faltaba el negrito del arroz!

Sí, un epigrama de irreverente humor tipo Bocaccio del ilustre vate, musicólogo e investigador yucateco don Luis Pérez Sabido (Mocochá, Yucatán, enero 7 de 1940), letrista de Armando Manzanero. Aquí pues, los siete pensamientos para ustedes queridos lectores…

“Optimismo sinaloense”, de Alejandro Mojica, pintor

En estos días de encierro, los creadores y trabajadores de la cultura hemos padecido de varias maneras el confinamiento que nos afecta a todos: cancelaciones, fechas pospuestas, retraso en pagos y un largo etcétera, además de los de por sí bajos presupuestos del área en todo el país, y a una falta de mercado artístico en la mayoría de los estados.

Aunque estas medidas han afectado todas las disciplinas, los músicos, grupos de danza y gente de teatro que trabajan y ensayan, requieren una interacción directa con compañeros y, por tanto, deben suspender actividades y guardar distancia, lo cual es frustrante.

Escritores, artistas visuales y otros podemos aislarnos para trabajar y evitar que nos afecte de manera significativa. Si la realidad no nos permite otra opción, hay que tomar estos días de cuarentena con optimismo para dedicarlos a hacer proyectos, leer e incluso asistir a algunas plataformas de varios artistas que han ofrecido cursos, talleres, conciertos virtuales y otras posibilidades que nos ofrece el internet, herramienta que no existía en otras épocas y contingencias.

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“Tiro de gracia”, de “Pepe” Carriedo, actor

¿Existe el sonido si no hay quien lo escuche?, ¿el color es necesario o el blanco y negro alcanza para percibir la realidad?, ¿es el arte necesario?

Pienso a menudo en este tipo de “dudas” desde la reclusión (literal) que vivimos en nuestro país. Me dedico al teatro y al cine, desde la actuación.

Nuestro arte es el del presente. Existimos mientras transcurre la ficción y se relaciona con los espectadores. La “no-relación” con nuestro presente y con el receptor del mensaje pone todo en perspectiva desde una melancolía, una “tiricia” peculiar, pues castra la función principal de la experiencia artística. Hoy, desde el ostracismo, aprovecho para aclarar mis reflexiones sobre la función del arte en la construcción de una sociedad. Trataré de plantearlo y compartirlo desde ese pragmatismo que aparentemente es el único que “entiende” la clase política:

Los médicos salvan la vida de las personas, los artistas contribuimos a que valga la pena vivirlas.

P.D.) Estábamos necesitando un rescate del sector desde mucho antes de esta crisis que, siento, viene a pegar un tiro de gracia a la cultura nacional. Paradójicamente, desde el encierro necesario, la sociedad leerá, escuchará música, verá series y películas, asegurando que las artes no sirven para nada. Matar al mensajero y vivir desde sus mensajes asegurando que no los necesitas; finalmente, sí existimos y existiremos, pues cuando la vida ya no puede explicarse a sí misma, irremediablemente, se traducirá a través de las artes… He dicho.

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“Desde Milán”, de Iván Rosas

Te escribo desde la región del centro del ciclón. En este momento el mayor riesgo es la falta de estructuras sanitarias: Hospitales, unidades médicas de emergencia, personal especializado. En Italia acaba de llegar un punto en el cual los hospitales tienen que elegir a quién salvar y a quién dejar morir. Si se hubiera decretado desde antes la cuarentena, la propagación del virus habría sido menor y menos difícil de controlar. Fue subestimado el peligro, peligro enorme que México corre por su gran densidad de población. Pienso que son urgentes dos cosas: aislamiento inmediato, aunque la economía sufra (sería un retardar el tiempo), y buscar dónde construir e implementar clínicas y hospitales, mientras se capacita el personal médico que sea en grado de hacer frente a esta calamidad.

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“Confinamiento”, del músico “Mao Tse Punk”

Empecé a estudiar guitarra eléctrica a los 13 años, las cosas más importantes que aprendí fueron: ser curioso y disciplinado… Fue así como comenzó mi semi-confinamiento voluntario; abandoné la escuela y me encerré a practicar guitarra todos los días durante los siguientes cinco años… Hasta que a los 18 fui contratado como guitarrista profesional por la cantante de blues Nina Galindo.

En la actualidad, el confinamiento al que nos vemos obligados dista mucho de ser placentero. El terrorismo viral, la guerra de las potencias mundiales por el control económico global, la violencia de los métodos represivos, la saturación tecnológica, los feminicidios, la corrupción, la falta de honestidad social, la indiferencia, el hambre y la ignorancia son sólo algunas de las anomalías que viven junto a nosotros en este confinamiento transnacional.

Cuando intento imaginar las condiciones económicas, sociales e intelectuales en que va a quedar el país cuando esto “acabe”, sólo puedo pensar en confusión, desempleo, más pobres, y una sociedad dividida que enfrenta la vida con la egoísta actitud de “sálvese quien pueda”. El genocidio de la población de adultos mayores, la impunidad y todo ese dinero de las pensiones para jubilados y viudas que los gobiernos ya no tendrán que pagar y que irá a parar felizmente a las billeteras de los más ricos del mundo. El trauma social del que cada quien tendrá que curarse por sí mismo porque aquí no hay ni el dinero ni la cultura de ir al médico para aliviar nuestros males.

Podría ponerme positivo y decir que voy a ocupar mi cuarentena en descansar y escuchar toneladas de música, que voy a colgarme la guitarra y voy a escribir la canción que finalmente me llevara al éxito. Que voy a terminar de leer los libros que leo simultáneamente y que voy a hacer esos pendientes que hacen falta arreglar en la casa. Pero soy un músico profesional y mi academia de música está cerrada por falta de alumnos, y las tocadas están canceladas, además de que nadie va a querer pararse en un concierto por ahora.

Así que si quieres saber cómo voy a pasar este confinamiento obligatorio puedes imaginarme pensando cómo voy a conseguir dinero cuando la cuarentena se prolongue y las reservas escaseen. No solo voy a ser yo, también los cientos de miles de personas que trabajamos de forma independiente y todas esas familias que viven al día, y mejor no quiero pensar en los ánimos que van a desatarse cuando pasemos a la siguiente fase, siendo una sociedad confundida e ignorante, de cómo enfrentar una situación de pandemia. Llámame fatalista, pesimista, como gustes; pero si crees que exagero te invito a platicar más tarde cuando lleguemos a “Fase 3”, porque todo está orquestado para que lleguemos.

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“Desde Chilapa”, Pablo Vargas

De acuerdo con la zona donde se vive, hay que seguir nuestras actividades del diario en casa, tomando las precauciones anunciadas por las autoridades sanitarias locales. Todo lo demás es pura especulación…

¿Que como seres humanos nos uniremos más y seremos más bondadosos? No lo creo. Pasado el covid-19 continuaremos con nuestro egoísmo cotidiano. Pero tomar conciencia de la situación ecológica del planeta quizá sí ayude… En cambio, en cuanto a lo económico, mejor no opino, siempre he tenido problemas de administración y socialmente no estamos preparados para compartir ni ayudar al prójimo. Lo que une ahora es el temor a morir; no lo vemos como algo involuntario, inevitable, nos aferramos a la vida con todas sus dificultades y sufrimientos, pero la muerte no la aceptamos. Y como todo cambia y nada es eterno, la lección del covid-19 es individual., de acuerdo a los intereses mundanos de cada quién.

Pocos aprenderemos algo interiormente. Me refiero a los buscadores de sí mismos y su propósito en la vida, sin necesidad de un virus letal para suscitar reflexiones. Así, creo en los cambios individuales, no masivos.

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“¿Fin del capitalismo?”, Felipe I. Echenique, historiador

Las enseñanzas necesariamente son producto de las experiencias prácticas y reflexivas o viceversa. Para los que hemos ido construyendo con muchos esfuerzos y disciplina nuestros propios espacios de estudio y reflexión, estos momentos quizás no son tan distintos a los ejercidos cotidianamente. Aunque se advierte cómo el tiempo se ha ido deteniendo, pues las premuras de todos los días quedan postergadas en un relativismo inacabable, por la sola incertidumbre del regreso a la normalidad.

El sólo hecho de tener más tiempo (aunque sólo sea relativo, imaginario) prolonga los espacios para pensar y reflexionar lo que uno está leyendo y escribiendo en esos momentos. Pensar, por ejemplo, en el regreso después del paro de la producción en la gran mayoría de los pueblos de Europa y de los Estados Unidos de Norte América, desde mi punto de vista alumbra cambios insospechados para las grandes mayorías, pues ya nada será igual (no sólo por lo que se perderá en estos tiempos de forzosos aislamientos, vidas, empleos e incremento inenarrable de la pobreza en Europa, Estados Unidos y por supuesto en el resto del mundo Occidental).

Parece inevitable el cambio de “locomotora” del desarrollo de acumulación de capital, de poder y de valores de Occidente a Oriente. En Occidente nadie está preparado para esos cambios tan inesperados como el covid-19, y al no advertirlos e imponerse por la fuerza de la producción misma, quizás provoque resistencias incontrolables por parte de los poderes fácticos de Occidente. La sabiduría del Karl Marx sobre este sistema quedará de nueva cuenta manifiesta cuando se constate que hasta lo más “sólido se desvanece en el aire”, no la vida humana, a la que todavía espero no le llegue la hora; pero sí del imperio que hasta ahora señoreaba la historia: Estados Unidos de Norte América.

Ese cambio no será inmediato y voluntario, la resistencia al mismo quizás si lleve a una conflagración mundial, mientras tanto toda la sociedad tiene en sus manos, en este aislamiento forzoso, pensar: ¿qué es lo que teníamos? y ¿qué es lo que podemos querer para el futuro?, pues ya nada será igual, por más que se quiera normalizar ese pensamiento mágico de que todo regresara a la normalidad.

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Epigrama, de Luis Pérez Sabido

Se suspenden las cogidas
en toda la Cuarentena,
sobre todo las “movidas”.
Hay que conservar la vida,
¡pues vivir vale la pena!

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